20 abril 2009

DELIRIOS SERIADOS

ADVENTURES OF CAPTAIN MARVEL (1941. John English y William Witney)

El Capitán Marvel fue el primer super héroe de comic book que gozó de una adaptación al cine. Tom Tyler, un campeón halterofílico (sobre todo, en la década de los años veinte) puso su físico y su rostro (algo inapropiado) a uno de los personajes más queridos para toda una generación de adictos a los tebeos, y al camp en general. El rostro de Tyler no era el del original ni por asomo: un baby face con cuerpo de titán. En verdad, no había tanta diferenciación entre la carita de Billy Batson (su alter ego, la Maravilla en reposo) y la criatura shazámica. En el serial, el capitán Marvel inspira un proceso desmitificador en todo momento, costándonos trabajo en asimilar este asunto ( tan fascinante) de la doble personalidad. A fin de cuentas, siempre supimos que detrás de Clark Kent, aunque se parapetase en aquellas negras gafas (y desde su oficina de ciudadano medio nortemericano, ajustándose al rol del "hombre del traje grís") se hallaba un super héroe capaz de sublimar el triunfo del individualismo ( pasado por el clisé nietzcheano) sin perder por ello su fisonomía. Es lo que daría sentido a una transmutación por otra parte completamente irracional. El error (parcial) del serial estriba en no haber procurado encontrarle al actor Frank Coghlan Jr (Billy Batson) un gemelo adicto al deporte olímpico. Asimismo, Coghlan jr por culpa de su rostro aniñado, siendo ya un hombre de veinticinco años, caería en una blandura que en cine significaría afeminamiento y que, de resultas, admitiría un subtexto perverso donde su alter ego no sería otra cosa que el sueño hecho realidad de una mariquita en el armario (anhelante de ser una drag voladora y ultraceñida).
Salvo esto (o tal vez, por esto mismo), Captain Marvel es aún un serial muy ameno. Sus efectos especiales, debidos mayormente a los avezados hermanos Lydecker, resultan creíbles y eficaces (si no somos exigentes), teniendo como punto de interés más obvio el efecto volador del super héroe. En estas secuencias se utilizó un maniqui, lo que se percibe muy bien si le damos al zoom de pantalla de nuestro DVD. Pero los aterrizajes (cuando posa sus botas plateadas en tierra firme) están bien logrados mediante cambios de plano muy correctos.

Los lectores del comic book sabrán de sobra que el capitán Marvel lucía un uniforme de color rojo. Aunque este serial se filmase en blanco y negro no hace falta ser muy daltónico para darnos cuenta de que el traje de Tom Tyler no era el de la sureña Jezabel -Bette Davis- en la histórica secuencia del baile. Al parecer, era de color gris, lo que en cualquier caso favorecería a resaltar unos atributos que por si mismos darían para un post entero.
Siempre resultan suculentos los superhéroes a la hora de originar retintines homófilos de salón. En el caso de esta "maravilla", con toda probabilidad éstos irían a parar, sin excepción, al estrepitoso tamaño de su bulto viril según qué ocasiones. Por ejemplo, en las secuencias de peleas a puñetazo limpio o cuando le disparan al pecho es cuando sus cojones (de acero, no hace falta decirlo) adquieren volúmenes nada pudorosos, lo que lo convertirían en un macho gay capaz de sublimar el dolor a través de su narcisismo. Su naturaleza de demiurgo le vuelve invulnerable a los disparos, a la decapitación por guillotina o a la asfixia por gases nocivos. El placer que siente al superar estos baches -que para cualquier mortal hubiesen sido fatales, pasando a colocárseles de corbata- se parecería, visto el tamaño variable de su entrepierna, a la más "humana" libido. También es curioso que mientras se marca sprints a toda velocidad, sus testículos menguan hasta lo ridículo (haciendo la tela bollos de aire) cuando se supondría que con tanto roce se debería acrecentar las dimensiones de su falo. Tras mucho reparar en este detalle, concluimos que el Capitán Marvel (al menos el del serial) carece de pene para hacer un pis (pongamos por ejemplo).

La historia que se nos cuenta es la de una misión. El cerebro de una organización criminal (The Scorpyon) planea conquistar el mundo a través del rayo mortal proviniente de una figura mágica que simboliza a un escorpión que se halla en un valle de Siam. El problema para el villano (siendo él el gran problema) es que una expedición de espeleólogos (entre los que se encuentra el jóven Billy, mascota en calidad de radio operador) han llegado ya al interior del Valle de las tumbas con el fin de proteger del desalmado tamaño fetiche. Billy queda atrapado en el compartimento de una pirámide. Será cuando se le aparezca el mago Shazam y le confíe el secreto de las diferentes lentes del escorpión. Y, sobre todo, le entregue el don de la transformación titánica mediante la enunciación del nombre del sabio. Cada una de sus letras corresponde a la inicial de los siguientes héroes, que otorgan los correspondientes dones: Salomón-Sabiduría, Hércules-Fuerza, Atlas-Potencia, Zeus-Poder, Aquiles-Valor, Mercurio-Velocidad. Por lo tanto vemos que la "gracia" del comic se traspasa al serial, independientemente de las libertades que luego se tomarían los guionistas del segundo. Y que, de resultas, se mantendrían esos orígenes legendarios dignos de la mitología griega. También es cierto que todo esto sucederá en el primer capítulo, tal vez el más estimulante de todos. Aqui no estará el mal representado por Sivana pero tenemos a The Scorpion (uno de los villanos seriados de voz más hermosa y elegante), cubierto por entero de una túnica y protegiendo su identidad real con un capuchón.
La acción pronto se trasladará a Nueva York, pues la expedición regresa a casa después de haberse repartido entre ellos una lente del escorpión dorado. Poco a poco los científicos van siendo eliminados por el super villano, lo que hace sospechar al intrépido Billy de que dentro del grupo de científicos se halla el verdadero The Scorpyon (pensamos entonces en quién de ellos sería y elegimos a John Davidson, por fascinante -ese turbante, ese charme artificioso- pero no: quizá porque iba a resultar muy obvio, los guionistas eligieron al más anodino de todos). No dudamos en la astucia del muchacho que en modo alguno da apocado (como bien lo era Clark Kent, al que podría equipararse en más de un detalle: con toda probabilidad Billy sería un Kent en versión adolescente), inclusive se enzarza en peleas a puñetazos en muchas ocasiones a pesar de que con un sencillo ¡Shazam! podría evitarse heridas en las manos y algún que otro ojo morado (un puñetazo del capitán Marvel basta para noquear al contrincante más fornido). Pero Billy sabe que su secreto debe llevarlo con discrección, no exponiéndose más de lo necesario, apurando hasta el último recurso para que nadie sospeche de lo que es capaz con un simple conjuro, guardándose la doble identidad incluso con su gran amiga, confidente y compañera inseparable Betty Wallace (Louise Currie). Sólo al final el secreto será desvelado, en tanto que catarsis global dentro de un desenlace que sacaba a relucir la doble personalidad de Billy y además quién se hallaba debajo del capuchón de The Scorpyon.

Los guionistas preparan los momentos de angustia de manera harto astuta. Billy siempre será amordazado, independientemente de que sus ligaduras en brazos y piernas le hagan imposible poder desatarse de un cataclismo que ni gritando podría servirle de algo. Es como si el gang de criminales a las órdenes del encapuchado de marras supiesen a priori que las bondades de Billy se concentraban en su boquita de piñón.
Por lo demás, el serial cumple en todo momento con unas expectativas, además favorecidas por una holgura de medios importante para la época. En sus trampas imaginativas, en ser el primer super héroe de la Marvel hecho imágenes, y en el placer de ver volar a un hombre con unas criadillas del tamaño de las ruedas de un avión radicarían sus máximos poderes.


véan dentro de dos lunes
THE PERILS OF NYOKA (1942. William Witney)

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