13 abril 2009

DELIRIOS SERIADOS

JUNGLE GIRL (1941. William Witney y John English)
Nyoka es la primera heroína del serial sonoro si no autosuficiente, si a la altura (en agilidad, pericia y determinación) de un hombre. Y esto ya debería ser todo un aliciente para destacar a Jungle girl de entre cientos de productos de bajo presupuesto rodados en los estudios Republic, Columbia o Universal. Como la mayoría de ellos, no fue una invención puramente cinematográfica sino literaria. Pero una vez más este fue sólo un pretexto para, con la ayuda de unos personajes consolidados, filmar aventuras non stop para un público en busca de evasión fácil y rápida.. Edgar Rice Burroughs creó a Nyoka en su novelita Jungle Girl pero ésta era una princesa asiática, mientras que la del serial era una señorita norteamericana que vivía con su padre (un doctor, por supuesto) en Africa. Se pagaron los derechos de autor y en cuarenta días se rodó una pequeña maravilla de la trepidación.
La señorita Frances Gifford, ya desde el primer momento, se nos presenta como una tarzanita de altos vuelos. Una tarzanita post Maureen O' Sullivan, con todo lo que esto conlleva: su fisonomía es totalmente americana, ni una pizca de sangre inglesa como la original, pero capaz de igual modo de trasladarse por la selva de liana en liana, de zambullirse en lagos profundos o de pilotar elefantes y comunicarse con ellos o con los monos, como una lady Greystoke de postín. Nyoka es mejor que cualquier post O'Sullivan de la saga tarzanesca, porque si aquellas eran meras amas de casa, esta tiene la suya abandonada al involucrarse una y otra vez en situaciones de gran peligro que vienen del exterior. Se enfrenta con cuchillo entre los dientes a cocodrilos de enormes dimensiones, escala montañas con una facilidad que justifica por si misma la excelente calidad de sus piernas de deportista (a pesar de ello, fue doblada por un caballero en las escenas submarinas). Como si a Esther Williams la hubiesen desterrado de sus piscinas con romance para pasar ahora a ocupar los ríos de la aventura en pos de una justicia ancestral. Y nunca da marimacho, antes bien una azafata de la American Airlines diplomada en supervivencia. También en Nyoka opera una justicia moral: que se pague la muerte de su padre, asesinado por su propio hermano gemelo, un ambicioso delincuente que busca denodadamente una mina de diamantes.

Este será el villano del serial. Un villano muy poco idealizable, pues siempre preferiremos a los villanos exóticos y lúgubres. Y, por encima de aquellos, las reinas despiadadas disfrazadas de cobra. Asi pues, viendo lo que hay, se nos antojan más excitantes los héroes. Que son dos. Porque Nyoka (que no es un nombre muy yanqui, por otro lado. Ni siquiera como bailarina de striptease natural de Arkansas daría el pego) no va sola. Le ayuda uno de los mocetones más apuestos y sexys de la serie B norteamericana: Tom Neal (que interpreta al explorador Jack Stanton). Como comodín semi cómico, Eddie Acuff (como Curly Rogers). Neal y Frances son equiparables absolutamente en todo. En belleza física, en proezas y meteduras de pata (cuando las comete Nyoka ahí está su macho para rescatarla, cuando las comete él ahí esta la jabata para salvarle de una muerte segura)... Y hasta en los trucos del cine comparten algo: un mismo especialista (Dave Sharp).
La magia de lo ficticio nos hace creer en ellos a pies juntillas. Es esa habilidad que tiene el cine clásico norteamericano para vendernos lo inverosimil como modelo de conducta o de simple ensoñación. Y Neal es un ensueño como ya no hay. Las mejores tetas masculinas del serial son de su propiedad (y los mejores muslos, las mejores espaldas, los mejores glúteos. Incluso la cara más simpática, luego de Duncan Ranaldo). Apenas existe un exhibicionismo físico (beefcake o cheesecake, según de quien hablemos), salvo en el capítulo de la convalecencia de Neal. Entonces es cuando avistamos de refilón su espléndido pecho (cubierto de heridas ya cerradas). El resto del tiempo, tanto él como Nyoka utilizan un mismo vestuario (en ella, ropaje de Jane para el código Hays con piernas al aire; en el, polo blanco de manga cortas que le marcan a la perfección -sobre todo, después de salir del agua- los pezones y esas benditas redondeces tetiles, un pantalón de pinzas típico de explorador y botazas de cuero por debajo de las rodillas. El embrujo del bigotillo hace el resto).

Las situaciones de riesgo son formidables, aunque si has visto muchos seriales de este tipo puede que te parezcan de escasa novedad. Es un gran acierto, y esto lo digo a título personal, pues siento verdadera debilidad por esa forma de crear la angustia, la incorporación de las arenas movedizas (las mismitas en las que cae Neal). Creo firmemente que Spielberg rateó todo la segunda película de la saga de Indiana Jones de aqui. Puso más medios y presupuesto, pero no originalidad ni imaginación. Los públicos veteranos que presenciaron en su dia el estreno de Jungle Girl, al reparar en los años ochenta en aquel Harrison Ford subido a un puente a punto de hacerse pedazos o a bordo de un vagón desbocado, comprendieron en seguida que lo mismo se hizo cuarenta años antes y con menos de doscientos mil dólares. Y con mayor cariño, pues la única novedad que aportaba la superproducción era la falta de éste con ese tonillo autoirónico que, sinceramente, no hacía ninguna falta (una Jungle Girl nunca será una fantasmona respuesta femenina de oo7).
Lo que queda claro en Nyoka es que el bondage a las chicas les sentaba muy bien. Nunca una heroina ha sido atada a un poste con tanta insistencia. Los nativos africanos (la mayor parte bultos pintados de negro que sirven como criaturas tan amenazantes como lo pueda ser un león despistado que enseña sus fauces al sol de California) están obsesionados por prepararla a la parrilla o en barbacoa, cosa que nunca llegará a consumarse, como ya habrán adivinado nuestros lectores más fieles. Forman parte de unos peligros algo redundantes, fórmulas infalibles. Pero que a veces derrochan un ingenio y hasta una plástica del todo embriagadora. Pienso ahora en el final de un capítulo que era formidable: un negro se dispone a lanzar una flecha sobre la sábana que reproduce la silueta en sombras de Nyoka. Todos sabemos que Nyoka está detrás de esa sábana. Al hacerlo, vemos que se encorva en claro signo de haber sido herida de muerte. Al comienzo del capítulo siguiente certificamos que ella se ha salvado. Pero la solución es del todo comprensible, y admirable. Segundos antes de que el homicida lanze la flecha Nyoka, que ahora se nos muestra desde la otra perspectiva (ya no es una sombra) ha captado al otro lado a otro nativo que, de una manera más evidente para ella, pretende lanzarle la suya. Es cuando se agacha, salvándose de ambas flechas. Y salvando, por descontado, la continuidad de un serial que aún tenía más momentos emocionantes que donarnos. Mismamente el final, con Neal subiendo a una avioneta que a punto estuvo de atropellarle en su intento de despegar (el se agarró a la parte inferior). En pleno vuelo se sucede ese acto de proeza del héroe, alcanzando a introducirse en la cabina del malvado gemelo que, por culpa de un gas tóxico, ha perdido momentáneamente el sentido.
Tal fue el éxito de Jungle Girl que al año siguiente se volvió a recuperar el personaje de Nyoka (previo pago de derechos a Burroughs), ahora con una actriz distinta pero igual de inolvidable -Kay Aldridge- y la incorporación de la más fascinante de las reinas villanas que dio el género, Vultura (Lorna Gray).


Véan el próximo lunes
ADVENTURES OF CAPTAIN MARVEL (1941. John English y William Witney)

No hay comentarios: