01 abril 2009

Calendar Boy

El chico de abril (de 1994)


VINNIE MARINO

Pecados de juventud. Cuando con dieciocho años conoces desde una sex shop cutrosa a gran cantidad de mozos del porno gay. Es un deslumbramiento contínuo. No das crédito a lo que ven tus ojitos. Pensabas que los maricas jodientes tenían que ser unas loquitas feas, esmirriadas y barbudas a lo Jordi Petit o todas aquellas que salían en el Party, cuando casi se te quitaban las ganas de seguir en este plan. Y resulta que no. Que lo que primaban eran Adonis calientes venidos de USA. Los primeros nombres, las primeras listas: Stryker, el rey absoluto. Luego Danny Sommers, Jon Vincent, Adam Hart, Vlad Correa... Y Vinnie Marino. Latino cubano.


Varios seudónimos. Trabajó para Catalina la grande en Hot Rods: The young and the hung 2 (y con William Higgins dirigiendo). Pero al indagar un poco más en las estanterias del sex shop adiviné que también le cogió gusto al bondage, al S/M light. Que nunca fue ese gay total, ese top o ese bottom incombustible. Prefería que lo ataran, que lo azotaran o bien exponerse en solos divinos, donde mejor lucir su cuerpo de fisioculturista. Su cara era preciosa, al principio. Cara de niño. A ratos Matt Dillon, a ratos Antonio Banderas (dos machines de mi devoción, también).



Ahora que mis gustos han cambiado, sigo mirando de vez en cuando a Vinnie con nostalgia y cariño. Todos somos un poco distintos. Ahora soy Maciste Betanzos y él Dale Arden o Ray Acosta. Y, finalmente, un reputado maestro de yoga, o algo asi. Pero sin renunciar a su pasado, como tant@s. Con sus fotos mejores disponibles en la red. Con sus spanking masters y sus yes sir en las tiendas especializadas, ya en formato DVD.



Y entonces vuelvo a Vinnie, encontrándome una nota cochambrosa en una carpeta. En ella, relataba mis experiencias después de haberle visto sometido a un carcelero malvado. Yo estaba en una cabina de video, sería por estas fechas a principios de los años noventa, y al acabar la proyección (o la moneda, o mi eyaculación, o todo a la vez) saqué papel y boli y apunté mi pajote. Aqui lo reescribo, quince años después.... (que inspirado estuve, a pesar del bajón post- orgasmático)



"Vinnie Marino: Culturista. Porno star años 90. Ha participado en algún video de lucha libre (sexy) para la productora BG Enterprises. Acabo de verle en un corto de carácter sadomasoquista (muy ligero, pero bastante eficaz). Marino es moreno, musculoso, de cara aniñada, su pubis está afeitado. Su planta es de impresión. El torturador permanece normalemte fuera de campo, pero cuando se ve tiene pinta de Warhol total. Es más, el corto remite en su minimalismo (y hasta en el tedio que provoca en algunos momentos) a muchos de los experimentos warholianos de los sesenta.



El asunto es tópico, dentro de lo que es el universo fantasioso gay: el cuerpo hermoso masculino ofrecido como espectáculo sensual a través del dolor y el sometimiento. Vinnie Marino está atado de pie, con cadenas y grilletes. Al principio lleva un pantalón largo de deporte... todo manchado de semen rancio, del que pronto será despojado. Le castigan por sucio, me parece a mi. Por pajero. O porque deja que se corran (sin ir más allá) por cualquiera de sus compañeros de celda (se supone que es un preso).



Se retuerce, se agita, balancea los genitales, nos da la espalda (en este punto triunfa su trasero sensacional, ¡qué marmóreas piernas! ¡y esa espalda!). Al rato, el torturador de gafas negras sustituye cadenas por cuerdas que, a su vez, utilizará para retener al macho a un poste. Marino finge irritarse, se encoleriza a lo bestia selvática (muchos "fuck you" y bufidos).
La temperatura sube cuando tendido en una tabla boca abajo es atado de manos y pies, de tal forma que, suspendidos los miembros en el aire, nos es mostrado todo el esplendor de sus nalgas abiertas.


Lo que hace más excitantes estas últimas posturas es la complacencia con que el atleta parece recibir ese tormento, su autorecreo ante la humillación, rebozando el sexo sobre la tabla hasta lograr empalmarse. El verdugo prosigue la función. Ahora le enseña un palo, le indica que se prepare ya que le va a propinar una buena sesión de spanking. No lo hace (¿privilegios de porno star?), sólo le manosea los ebúrneos glúteos (masaje desesperado) al punto que le conmina a acatar todas sus órdenes.



Finalmente el verdugo queda satisfecho. Es posible que se trate de un impotente que materializa sin desvestirse -ni mucho menos autoestimularse-, por lo tanto: sin acceder a la carnalidad, sólo mirando la desnudez encadenada, sus ensoñaciones eróticas (el caso es que, por momentos, pensé que el torturado era él). Y sólo entonces permite al esclavo desahogar su furia, que aqui curiosamente es libido, masturbándose ante él. Asi pues, obedece el preso sumiso. Descarga toda su pasión latente sobre su bendito pecho. Y yo lo aprobé, imitándolo. Porque Marino me ha impresionado esta tarde, víspera de Jueves santo."

M. Betanzos 1994


Ray Acosta. La venganza. De esclavo a maestro

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