23 abril 2009

BISUTERIA POP


LAS SIRENAS DEL SENA




Edith es la más grande intérprete femenina que ha dado Francia. Todavía nadie la ha igualado. Debe abrir con toda razón nuestro mini especial de artistas galas pre invasión Salut Les Copains. Pretender resumir su vida y milagros en cuatro líneas es, aparte de imposible, una osadía. Asi que les dejo con esta portada de La foule, tal vez una de sus últimas obras maestras.



Otra vez está Gloria Lasso en Bisutería Pop. Manolo el de Toledo la definió una vez como "la ninfómana de la chanson". Esas maldades lo van a llevar al infierno, me parece a mi. Uno de los mejores piropos que se le podrían lanzar a esta mujer es que cante en el idioma que cante siempre será reconocida de forma inmediata por el aficionado.


Mademoiselle de Paris. Una canción que serviría de acreditación a esta mujer importantísima en los años cincuenta. Temas de P. Durand, Aznavour o Becaud adquirieron en su voz una garra y una emoción muy especiales. Printemps, Embrasse-moi bien, Bolero o, la muy conocida en la España del neorrealismo rosado, Las lavanderas de Portugal fueron algunos de sus hits más aplaudidos


Una artista que abandera de jovencita el lema-canción Odio los domingos ya estaría indicándonos la clase de mujer (excepcional, a contracorriente) que era. Fue la musa de los existencialistas. Nadie le negará en su sano juicio ese título. Pero no se quedó en moda de intelectuales y otros snobs. Era una mujer de amplias miras, una artista total.Y buscando la calidad (pues sus niveles de exigencia siempre fueron muy altos) la encontraría en los nuevos talentos de su generación: compositores apellidados Gaisnbourg, Brel y Ferré.



Más frívola que la Greco es Line Renaud. Más vedette, con plumas o sin ellas. Una señora que se hizo famosa por cantarle a Una casita en Canada, a quien Bob Hope se llevó a Estados Unidos para que actuase en su show televisivo (después de verla actuar en el Moulin Rouge) no podía comer del mismo plato que las grandes trágicas de la chanson. Y, sin embargo, hay algo de entrañable en la voz de Mme. Renaud que nos encariña como la que más. Pasa igual que con Caterina Valente o Gloria Lasso, que fueron mujeres que sin demostrar en el escenario una personalidad original, gustan y crean adicción.


Cantó de todo (y todo bien) y en varios idiomas. Otra vedette con un culto muy minoritario y una voz la mar de agradable. A medio camino entre la Renaud y la Valente. La acompañaron siempre grandes orquestadores (Paul Durand, F. Pourcel, Armand Migiani) y eso ya valía un potosí. Una mujer muy atractiva, además. No falla ni un verano en mi pick up con su Le bateau de Tahití (lo pincho antes o después de un disco hawaiiano de Dorothy Lamour)



Una delicatessen. Su carrera fue efímera: lo que le duró la etapa de colegiala (finales de los años cincuenta-principios de los sesenta). Luego se cortó las coletas y se retiró (o la retiraron). Debería ser más reivindicada, pues creo que muy pocos la recuerdan. Y es triste, porque aqui estaría el gérmen de las ye yés gainsbourgianas. Un folk pop catequista a medio camino entre la mejor Laforet y Sor Sonrisa con unas pizquitas del pizpiretismo de France Gall.



Mejor que la defina (exalte, encumbra, divinize) Cocteau: "Marjane es la voz que hoy tiene una mirada, la voz que tiene una boca, la voz que tiene unos cabellos y unas manos. La cantante invisible de los cuentos de Poe y de Julio Verne, que mágicamente ha salido de una caja, penetrante y cálida. Canta, Marjane. Sal del gramófono como el humo, insinuante, fuerte, de un buen cigarro"



De Bobino al Carnegie Hall. Del music hall de Montparnasse a las giras por Japón. Entre Pigalle y Blanche. Patachou es otra enorme vedette de los años cincuenta. Cantó con Brassens, quien estrenó junto a ella, en un mismo escenario, el mítico Le Gorille. ¿Piaf serie B?. Pas de tout. Prevalece la gestualidad, la colocación de unos manos, la sencillez de un vestuario, la expresividad de un cuerpo estático. La interpretación.
Siempre me emociona una canción (menor) de su extenso repertorio que es Voyage de noces. Pienso que es lo que más he escuchado de ella (tal vez inmerecidamente, pues en Le piano du pauvre o en Le gamin de Paris está magistral)


Aqui aparece Yvette Giraud rodeada de intérpretes masculinos de su país (y de Luis Mariano, tan parisino como irunés). La Giraud estuvo casada con un Compagnon de la chanson y empezó a cantar en 1946. Su primer éxito fue Mademoiselle Hortensia. Tremendamente conocida en los años cincuenta, como muchas de sus compañeras, en el país del sol naciente.

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