02 abril 2009

BISUTERIA POP


¿Pero qué pasa?, ¿pero qué invento es esto?



Son discos extraños, difíciles de mirar. O bien no llaman la atención más que a los enfermos del vinilo, o bien la llaman al comprador corriente, dejándole en una duda. Es cuando éste se pregunta: ¿pero qué pasa, pero qué invento es esto?, o algo parecido.
Qué dulce placer es manipular desde la privacidad de mi hogar estos incunables. Nadie los reedita. Los que he dejado, permanecen décadas en los cajones de los sótanos comerciales de segundo mano. Ahí donde viven los coleccionistas, seres realmente antipáticos que desdeñan desde su frustración (la que les impuso su inalcanzable meta de tenerlo todo ordenado por referencias completas) cualquier cosa que se salga de la ortodoxia. Ya ni pienso en los anglófilos, para los cuales cualquier disco nacional es poco menos que una mierda pinchada en un palo.
He aqui un homenaje a los inclasificables. Discos infantiles, discos coyunturales, exaltaciones de deportes (ahora minoritarios), portadas cebo, de venta en gasolineras o dramatizaciones radiofónicas. Feísmo y riesgo, productos pop nacidos fuera de la norma con el castigo gratificante que esto conlleva: el de estar para siempre impecables, en tanto de venta imposible (salvo para el fanático de "bisuterias mongo")


Ya el formato se aparta de lo convencional. Es un abanico o un pay pay, un calendario o una ruleta infantil. Al abrirlo vemos las hojas de un cuento llamado El mago de los sueños. Y los dibujos encantadores del gran Francisco Macián. Los artistas que se pusieron al servicio de este invento (también hecho largometraje pop) fueron primeras figuras de nuestro ye yé. Sumen a los de la portada a Ennio Sangiusto, Marty Cossens o Rafael Turia.



Promociones bizarras. La marca Michelin y sus neumáticos X, a ritmo de cha cha chá y calypso. Uno de los primeros flexi discos que salieron de nuestro país. Y un ejemplar gratuito para los que se agenciaban tan formidable invento en talleres y gasolineras (al parecer consumían muy poco. O sea, más kilómetros en su depósito) . Principios de los años sesenta.



Publicidad de la gama de cosméticos Angel de Ponds. Esta es una promo a cargo de Renau y su conjunto. Pero el maquillador facial también fue publicitado por... ¡ Miguel Ríos!



La casa Emi Odeon fue toda una especialista en cuentos infantiles. Esta es una curiosísima adaptación -bastante libre- de la fantástica novela de Verne. Como narrador se contó con Manuel Cano. En la selección de voces, efectos sonoros y en la orquesta, nada menos que el maestro Casas Augé partía el bacalao. Doble Ep muy lujoso, con comic alusivo a todo color en el interior de su carpeta



A principios de este siglo, el exquisito sello francés Tricatel ( y, de paso, sus distribuidores en España, Green Ufos) se pusieron muy reivindicativos con el director de orquesta y compositor galo André Popp. Es posible que desconozcan unos y otros la existencia de este maravilloso single de larga duración que en realidad contenía un único y gran corte. Una fantasía musical... en papel. Una melodía viajera. Un mismo leit motiv alargado durante diez minutos y que iba cambiando según los motivos folclóricos de cada país que aludía la partitura de Popp. A su vez la casa Philips patrocinaba entre los compradores más jóvenes un concurso de muñecos recortables. Sólo se podían utilizar los cartones de embalaje o cualquier impreso de la marca Philips. Había más de dos millones (del año 1964) en premios. Discos asi no se encuentran en ningún top manta



La Federación española de boxeo enardeciendo en 1968 a sus máximas estrellas con un himno en toda regla. Fueron unos buenos años para este noble deporte (hoy tan depauperado y criticado desde lo... politicamente correcto de los cojones). Contábamos con grandes figuras: Urtain, Legrá, Uzcudun, Carrasco...


Y mi favorito. Perico Fernández. Ya lo ven en la carátula. Todo un titán con guantes. Una foto que vale su peso en oro... y talco. Aparte que siempre me dio mucho morbo este gran super ligero. Que llegó a grabar -y con gran dignidad- a principios de los años setenta. Optó por un rock a lo Celentano que aún asombra en su escucha. Otros hubieran elegido una copla o una rumba (Carrasco lo hubiera hecho, fijo). Este no. Rompió -una vez más- moldes. Su beso debía ser como un rock, el efecto de un knock out con mucho swing... (je je!)



Un portugués imitando con descaro a nuestro Miguel Gila. ¿Imperdonable?. Bueno, a mi el disco me costó mis dineros. Asi que ya ven las tragaderas de servidor. Pero, en serio: no le bastaba con ser cómico, con aparecer con un teléfono en la portada... ¡es que también se puso a contar batallitas!. E do inimigo? lo dice todo (de la revista musical Lisboa de noite). Mediados los años sesenta.



Otra vez el enorme Casas Augé, ahora poniéndole música a una radionovela del incombustible Antonio Losada. La Lechera (casa Nestlé) patrocinaba estos entretenimientos domésticos que incluían de vez en cuando cancioncillas que se hacían populares. La pinta de esta radionovela era muy interesante, a juzgar por esta portada tan pulp. Y, por descontado, porque sus intérpretes musicales eran nada menos que Teresa María y Lorenzo Valverde, ye yés hasta la médula



¿Y quién es esta Maruja Licor?. ¿Una gualdrapa cualquiera, una cupletista arruinada por las drogas, una mujer de la calle perdidita de gonorreas, una loca de Chaillot transplantada al Ensanche?... Pues no. Este es un disco de las postrimerías de la carrera de la dinámica Bettina. Y Maruja Licor era la Cara A, una canción que contaba las penas de una señora muy desgraciada, que debió existir, no sé si en las Ramblas o en Pigalle.
Lo que pasa es que, a simple vista, su portada es toda una distorsión. Y de un puterío bien subido para la época (1969)



La apoteósis. Muy revisteriles acabamos. Después de que se hayan fijado en lo inevitable, reparen ahora en lo escrito. Ese Solo para adultos es una delicia. Indicaría que se trata de un disco no apto para todos los públicos. Encima vendría el nombre del artista: un tal Peñaranda... que grababa en el Bronx. Uf. ¿Y quién era este Peñaranda?. ¿Tal vez un transexual obsesionado con María Montez?. ¿O era todo un señor y un artista como la copa de un pino que utilizaba a esta odalisca (a lo Chelo Alonso) como reclamo y enfásis de lo que vendía?. Más bien, lo segundo. Un maestro barranquillero de la música tropical colombiana. Y lo que nos vendía eran ritmos calientes (de su país) que irían del porro al merengue, pasando por la parranda y el son, con letras entre picantes y chistosas, que giraban en torno al adulterio, las suegras, las señoras solas y las dominadoras de lenguas. Sus títulos despiertan más la imaginación que los resultados a los que llegó el músico: Capricho de mujeres, La Rabiosa, Base por bolas o Comparación.
De todas formas, si alguien aún creía que la salsa erótica empezó a mediados de los ochenta con el Devórame otra vez, aqui tendrían un ejemplo de que nada es nuevo (aunque yo prefiera por la misma época a los reyes del bugaloo en esa tesitura eréctil o a Graciela con Machito haciendo sicalipsis rayanas en lo porno total).

No hay comentarios: