22 abril 2009

Apuntes macisteños


*De miércoles a miércoles. No ha ido mal la semana. Con la tele nueva y las gafas nuevas (igualitas a las de "la famosa escritora norteamericana") lo veo todo mucho más claro. Y es lógico que después de casi cuatro años de no tragarme nada que salga por algún canal, de repente me deje embaucar por algo de lo que en otras circunstancias no hubiera reparado ni un solo minuto. Mismamente me sucede cuando quiero sintonizar el aparato a mi madre. En principio me han salido treinta y dos. Entre teles y radios. Pero ella no se acostumbra a lo digital. Encontrar las emisoras tan desbarajustadas no le va. Radio ¿para qué?. Tiene razón. Se va a lo analógico cuando me doy la vuelta. Desde luego que la calidad de imágenes es una pasada. Se nota mucha diferencia. Se nota una infinidad si comparamos con la vieja tele de 18 pulgadas que hemos confinado ahora, pobrecita, a la cocina, para que aguante de nuestras grasas y nuestros humos.
La tele del futuro no me trajo Tele 5, por ejemplo. Al menos Tele 5 y Tele 5 Dos. Se sintonizaba, pero no daba señal. Antena 3 ya ni se sintoniza. Y me han dicho que cuenta con cuatro canales. Esto me parece extraño. ¿Por qué se ven unos y otros no?. ¿Por la antena del edificio?. ¿Estarán en pruebas?. Pero si Tele 5 ya lo ha probado todo... Y, de repente, ayer por la tarde, quedó todo funcionando a pleno rendimiento. Además de otras teles que no daban señal, como Disney Channel, que esta debe ser para los niños que están enfermos.
El caso es que caí en la trampa y me dejé vencer por la tentación de la reintrée del Sardá el viernes por la noche. Menuda caca. Siento decirlo, porque si algo me estimulaba a mi de este hombre de la telebasura era su sentido del espectáculo, su ritmo, sus reflejos, su humor. Y con asombro, lo encontré viejo y nervioso. Incapaz de pronunciar tres palabras seguidas sin atragantarse. Sonsaqué que estaba cagao ante esa vuelta (ambígua, claro. Pues ya había habido otro programa post Crónicas. Pero con la vuelta me refiero a ese tipo de shows de estercolero) y no por ningún parkinson. Ya ni me apetece hablarles de la Milá porque su patetismo es demoledor. Ese rol de chacha que ni le va ni se estudió ni tiene sentido alguno. Sólo soporté la primera hora. Y a rachas. Tragarme al tipejo ese que hace de supertacañón, apocalíptico integrado en el sistema, crítico de la nada más absoluta era demasiado masoquismo. Aunque me hizo gracia el montaje en el avión supersónico con la ministra de algo que llegaba a Barcelona desde la cabina del capitán Sardá. Pero eso supongo no tendrá mucha continuación. Requiere tiempo, dineros y esfuerzo. Y ellos lo han tenido después de meses de relax. Paré cuando empezó a tocar el saxofón.




* ¿Follé?. Pues si. Al fín. Con menos miedos. Y cuando digo que follé es que follé de verdad, en serio, como se debe. Eché un polvo a lo grande, con un orgasmo que te cagas. ¿Quién fue el compañero?. El scatyolista, Jose. Después de dos meses. Lo recibí casi en bolas, con el culo en pompa. En seguidita me lo agarró y ahi lo ven a él con sus mejores mañas sabiendo el terreno que pisa, conociendo donde tiene que tocar. Y comiéndome el culo. Fíjense que esto es algo que siempre me dio reparo. Pedirle a mis amantes que me hagan un simple y sencillo beso negro. Muchísimos hombres me lo hicieron sin yo pedírselo a lo largo de mis años de actividad sexual. Pero los que en verdad me interesan rara vez me dieron por el gusto. Quizá porque yo no se lo pedía. Bueno, hay chicos que ya sabes que no les agrada el tema. Se lo notas a la legua. Tal vez quieren que se lo hagas a ellos.
Con el scatyolista surgió de repente. La penúltima vez se lo dije, aunque no lo hice nada bien. Después de pedirle lengua añadí un: te doy cinco euros... Diez, te doy diez. Eso me parece feo, porque haces sentir a tus chicos unos putos. Yo es que estoy metido tanto en el arroyo que me creo que somos todos iguales. Pero me gustó como lo hace. Metiendo la lengua bien adentro mientras que su dedo separa los pliegues del ojal, como queríendo llegar hasta el tuétano. Ustedes esto no lo entenderán porque sus señoras no se lo hacen. A no ser que las camelen con diademas, o las confundan con las luces apagadas durante un cambio de postura brusco, o que se vayan de putas que admitan esta degradación... Entonces perdí la razón y le daba las gracias y hasta bramé, no se porqué, que firmaría todos los documentos que quisiera, que ya no me importaban las propiedades que tengo en el Sur. Desde luego, algunas veces desbarro de loco.
Pero me encanta frotarme el culo desnudo sobre sus jeans blancos, hacerle crecer el chorizo que está siempre tan duro no más me toca la pepitilla. ¿Porqué este chicarrón tan vulgarote, casado y con hijo pequeño puede sentir esas cosas con un tipo como yo?. Hasta que me hizo correr no paró. Tremebunda cascada de días de ayuno (ni yo ni nadie quebrantaron este ramadán). En ningún momento sacó su nardo a relucir. Todo eran las manos de profesional de la escayola y su lengua.
Asi que luego quise que se corriera el. Y lo conseguí fácilmente. Primero le trabajé bien el pollón gordo ese que tiene. Sin condón, un exceso. Luego le puse la goma y le obligué a que me la metiera de cuajo. Qué dolor. Lógico. Desde la última visita nada de esas dimensiones había entrado en mi cagadero. Y empezó a bombear. Yo le decía cosas interesantes: Dame lo que merezco (o dámelo que me lo merezco, ahora dudo. El matiz es importante para conocer como activo sus morbos), rómpemelo de una puta vez... Y se vino en un par de minutos. Andaba caliente. Como el clima. Sacó el condón con mucha lechada. Lástima que no lo pueda aprovechar. Fue al cubo de basura. Si quieren lo escaneo. Aún se halla fresca.
Cuando se iba le dí una propinilla, para que se tomase una cerveza. Respondió: Pues vale. No quiero que le parezca mal. Yo soy así. Aunque sólo nos llevemos once años, yo puedo usar del dinero o de regalos para que se vaya contento. No hace falta, pero en eso soy muy antiguo. Qué le quieren. Conmigo lo hicieron muchas veces. También es verdad que eran hombres que me triplicaban la edad... pero es un signo de mi encoñamiento. Y no lo puedo remediar. Que no se ofendan, por favor.



* Utilizé para aderezar este bonito texto unas fotos de hombres semidesnudos que supongo les satisfarán a muchos de mis habituales. Por ejemplo, a Tom Cruise cuando queda viudo en Top Gun y se pone a llorar sobre una pileta (soledad de su reclinatorio castrense) la muerte del amigo. A mi me impactó esta escena por lo que tiene de mística. Con esa estética, esa iluminación. Todo muy bien. Es un rollo generacional, lo reconozco.
Y luego, fotografías del modelo de los años cincuenta Dennis Shreefer, un tiarrón de nalgas impresionantes del que aún conservo su dirección, por cierto. Me voy a poner en contacto con Terlenca Maturamis para que concierte con el muchacho una entrevista madrugona. Sé que ella es reticente al tema de promocionar a los modelos del male art (supone que todos son chaperos que la van a atracar. Bueno, Terlenca no sabe lo que es un chapero, los llama beatnicks), pero en Fantasía Mongo apasionan (es una parcela de mi mundo privado que nunca quiero descuidar). De hecho, vengo recurriendo puntualmente a ellos desde que empezamos a emitir, digo a publicar.
Les sigo escribiendo.

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