01 abril 2009

Apuntes macisteños

* Sin novedad en el Alcázar. ¡Glups!, esto me recuerda que tengo que ponerme a ver Alas de juventud, una vetustez protofranquista de principios de los años cincuenta. Una glorificación de la aviación española. Salía el portugués Antonio Vilar de titular. Y la chica era la Nani Fernández, que la pobrecita hizo poca carrera pero que, aún asi, no sé porqué me parece una damina inolvidable (desde Los últimos de Filipinas, yo te diría).
Pero las películas se me apelotonan y no doy tregua. Dos de rock and roll mexicano esperan impacientes en la mesa de la sala de estar. Dos que me llegaron de Amazon ayer mismo. He visto casi una y la mitad de la otra. La primera es El cielo y la tierra (1963). Horrible. Libertad Lamarque no es nada rock. Se pasa toda la cinta con el hábito de monja. No se saca un solo minuto el gorro estilo barco velero o nave espacial vintage ni para andar por la casa que la ha contratado de enfermera. El rock lo ponen los jóvenes de esa familia con problemas de folletín. Estos son: César Costa (que quiere hacerse el James Dean pero que es una pena), la linda teen Patricia Conde y unas lagartas Angélica María y Fanny Cano (su primer filme). Si le encuentras el punto al personaje de doña Liber es una delicia. Como sadomaso total. Cruel y bondadosa (o sea, un peligro). Y en esencia, el rollo Sonrisas y lágrimas (sobre todo, lágrimas) antes de que Julie Andrews tomase ese musical por bandera.
La otra película es de Enrique Guzmán, nada menos. Nacidos para cantar (1965). Coproducción mexicano-argentina. Lo que he visto es una pasada. Salen Julissa, Violeta Rivas y Zulma Faiad de guapas. Pero es que también tienen papeles secundarios ¡Los TNT!. Imagínense que cuando veo a Nelly diciendo nosequé de un gachó que está imponente casi me da un jamacuco de la emoción (ese quesín de la piba argentina). Y Guzmán en primeros planos, con fotografía en blanco y negro y como en penumbra, está arrebatador. Sólo en primeros planos, porque ya sabemos que el chamo era algo cabezón. Ansío ponerme esta sobremesa con el resto de la peli. Gran compra.

* Mi amigo Alan desde su blog dedicado al male art, v-m-p, me ha alegrado mucho la vista en su último post. Joe Napolie en todo su esplendor sixties. Y con la polla en erección (un pene relativamente pequeño, como me gustan a mí...). Todo un regalo para connaiseurs. Napolie era un amor. Y, desde luego, que nunca lo vi tan contento. Le he dejado un comentario que considero bastante acertado, pues me recuerda en la cara este atleta al mítico Maurizio Arena, actor de tantas comedias rosáceas de los años cincuenta. Y que llegó a grabar extended plays. Por aqui os dejo una foto de Maurizio y varias de Napolie. Para más bellezas al desnudo (y todas muy contentas) os remito al blog de Alan. Podéis pinchar en mis onanismos (a la derecha de la página), que aparece su enlace.
Siguiendo en la onda italianísima (la de los popolanos) he descubierto navegando en internet este fin de semana una espléndida foto de otro de mis favoritos, Antonio Cifariello. Sencillamente, subyugante. Hasta le encuentro un algo con el divino Tyrone Power. Juzgad vosotros mismos. Yo estoy demasiado alterado.


Maurizio Arena



Antonio Cifariello

* ¿Follé?. No. Pero juego, chupo pollas y chupan la mía. Me acuerdo del sabor del último culo de Victor. Hago algun que otro escandalazo con monstruos barrigudos a plena luz del día, que molan (los escandalazos)... Pero lo más destacable de rollos carnales fue el que mantuve con un adolescente muy bonito hace dos sábados. Apenas entra en báteres. Y eso ya me gusta. Se queda por las cercanías, sentado en algún banco todo lo más. Y como nos conocemos... no cuesta trabajo el contacto. Ni siquiera es necesario hablar. Con las miradas nos entendemos. El va delante y yo le sigo obediente. Aún no se me ha ocurrido preguntarle su nombre. Y ya estuvo en casa una vez. Y en las escaleras del piso dos o tres.
Esta vez estuvimos en unos aparcamientos (en el servicio de caballeros, claro). Yo soy muy reticente de hacerlo en estos lugares, pues ya me descubrieron los cobradores un par de veces. Pero las cosas fueron tranquilas ese día. El crío no tiene la polla bonita. En consonancia con su jeta, quiero decir. Es como curvada. Le cuesta ponerse tiesa, que a mi -si estoy muy excitado- se me pega al ombligo por completo. A el no. Es un poco defectuosa. Pero es un adolescente, es bonito y tiene unas nalgas carnosas a las que me agarro cuando se la como. El también me la come estupendamente. Salvo el tema de la dificultad de desconectar por completo del ambiente inseguro, no lo pasé nada mal.

* Este domingo fue san Lázaro. Feria en las inmediaciones del parque. Siempre me divierto palpando culetes. Pero este año el día estuvo frio, ventoso, desapacible. Dice el refranero que Carnaval seco, san Lázaro lluvioso. De nuevo hay que darle la razón al pueblo. Y el pueblo no acudió en tropel. Menos gente. Aproveché para regatearle a un negro Los abrazos rotos que había colocado en la manta. He hice bien porque un desastre de producto. Era un trozo de screener sin pies ni cabeza, repetido hasta los ciento veinte minutos. Intuí que aparecía con el torso al aire el de El canto del loco, que me pone mucho. Pero nada más. Al final de cada trozo repetido alertaban que el pirateo era ilegal. Que se lo digan al Capitán Enigma. Menos mal que de los cuatro euros que me pedía el mantero, sólo le ofrecí dos y medio. No están los tiempos para malgastar. Pero eso sí os digo: Jamás vuelvo a comprar nada a un inmigrante. Antes le ofrezco dinero por su cuerpo.

Con la supuesta peli en la mano, me metí en el jaleo de los puestos de rosquillas. Por la acera de enfrente capté a un chicarrón sanote que iba con un señor mayor. Crucé a lo loco.
Qué pasada de machito. Ancho de espaldas, piernas ligeramente curvadas, un culo espectacular realzado por unos jeans que se le ceñían de mala manera. Una cazadora metida por dentro del pantalón de forma increible, como hecho a posta. Y un caminar que no había visto desde hace mucho tiempo, desde que no se hacen spaghettis westerns. Aquel culo a cada paso parecía que se me venía a mí.
Salían del meollo y se iban de cafeterías. Les seguí a una y me fui directo al báter, pero el jóven no sintió nada en su organismo que le obligase a hacer lo mismo. Asi que me volví a la feria. Al cabo de un tiempo lo volví a interceptar. Desde el parque oteé todos sus movimientos. Se paró con una pareja que llevaban una niña, al poco apareció una chica con un crío. A el se le veía loquito por los infantes. Todo el rato de cucamonas. Menudo padrazo es o sería. Con unas agachadas de infarto. Sin reparo ninguno. ¿No se daba cuenta de que eso es un poco escándalo público?. Por favor... la cazadora por detrás le estaba llegando al cuello... Esperé civilizadamente desde mi mirador particular. Deseaba que acabasen con tanta cháchara y se introdujeran en el zoco de las rosquilleras. Fue cuestión de un cuarto de hora. Y asi pasó. Al parecer, una de las chicas, la que apareció con el crío era su esposa (y el pequeño su hijo, por lógica). Con el otro matrimonio se perdieron en la marabunta. Yo entonces bajé las escaleras del parque y me apresuré a colocarme de guardaespaldas. Qué tremendo cuerpo. Y super ingenuo el cabrón. Ni caso cuando le palpaba el culazo. ¿O sí me hizo caso?. Pues si mi roce iba a una nalga, él se colocaba mejor, echándose un poquitín hacia atrás (o sea, se pegaba más a mi) para que mi mano tocase la zona de la raja. Pero aquello estaba tan inflado. Bubble butts le dicen los yanquis...
Al final de los puestos, se volvieron a parar. Realicé un extraño giro y dando la vuelta pasé de nuevo la mano por su preciosura. ¿Saben entonces lo que hizo él?. Se agachó con las piernas muy separadas (es que camina asi incluso, ¿no será cowboy de la Limia?) hasta abrirse en plenitud, mientras le decía a la niña con acento gallego muy cerrado (lo único en esos momentos que no abrió) : "uy que fríííío, abróchateee". Oh, qué gañán más extraordinario. Apuesto a que este Li'l Abner de la Ribeira Sacra es carpintero, fontanero o marmolista. Ya se imaginan lo que maltraté a la almohada tan pronto llegué a casa.
Qué bonito es San Lázaro, aunque haga un día de perros. Recuerdo que hace dos años o asi (está en el blog) me puse como un burro con otro gañancete. Media hora metiéndole mano al veinteañero: yo su sombra endurecida, él apoyado a un semáforo. El con padres y novia y hermana. Y venga a pompearse... Ya no sabía qué hacer... No le iba a bajar los vaqueros allí... Tengo que repasar ese post. Hoy me pajeo releyéndolo.

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