03 marzo 2009

SOLO PARA SIBARITAS

NATACHA RAMBOVA (1897-1966)

Fue una de las decoradoras más exquisitas del Hollywood mudo. Y tal vez por serlo, sufrio el ostracismo de los productores que no soportaron ni su sensibilidad, ni sus maneras ni su alto grado de exigencia. Los vulgares capitostes no podían entender como aquella mujer de aires rusos (más que ruso su espíritu era europeo al cien por cien) no reparaba en gastos a la hora de pergeñar un decorado, un vestuario o una ambientación. Era tremendamente ambiciosa, culturalmente hablando. Su inventiva diríase inagotable y tocada por el genio. Se le criticó la manera de llevar la carrera de su marido, Rodolfo Valentino, sobre todo en lo tocante al proceso de afeminamiento, que llegó a extremos insostenibles para las productoras que lo tenían bajo contrato. Esto sucedía a raiz de Monsieur Beaucaire, su filme más barroco y amanerado. En cambio, si esto es cierto también lo es que el poder subyugante de Natacha alcanzó de manera más impactante a una mujer llamada Alla Nazimova, con quien trabajó en la Salomé más tremenda de la historia del cine.
Alla, Rodolfo y Natacha formaron uno de los tríos más insólitos y fascinantes de la historia del cine. Tuvo que ser en el mudo, como tantas leyendas imponentes. La primera era lesbiana declarada, Rodolfo estuvo casado ya con una (Jean Ackers) y ahora con la aproximación intensa de su segunda mujer a Alla daría a entender que tampoco habría consumado el matrimonio con la nueva. Las lenguas malévolas de Hollywood sospechaban que ambas mujeres eran amantes. Es posible que lo fuesen. El grado de implicación de las dos en un proyecto como Afrodita según la novela de Pierre Louys semejaba una declaración de amor mutuo. Afrodita nunca llegó a salir a la luz pues la Metro estaba escandalizada con los altos costes de un filme que no se daba acabado, amén de que tenían muy claro que no pasaría nunca la censura con lo que había. Todo su esfuerzo fue en vano y lo rodado se perdio. Asi pues, Alla y Natacha se conformaron con colaborar juntas y con el marido de Alla (Charles Bryant) en una Casa de muñecas en la cual Natacha se limitó a las labores del guión.
El gran filme aún estaba por venir y se llamó Salomé, de nuevo con Bryant en la dirección (penosa, lo único envejecido de un filme formado por un equipo sólo de gays) pero con la impronta estética de Rambova (desde la escenografía al vestuario) que partía del mundo visual de Aubrey Beardsley (primer ilustrador del texto de Oscar Wilde, en el que se basaba).

¿De dónde le venía tanta inspiración a esta dama nacida en Salt Lake City?. Bueno, el talento es algo innato pero también es verdad que desde bien pequeñita estuvo muy en contacto con el refinamiento y la exquisitez gracias a una madre especialmente copiosa en su número de matrimonios con celebridades (Richard Hudmut, un magnate de la cosmética fue uno de sus padrastros). Esta posición económica de puro privilegio le permitieron estudiar en un selecto internado inglés, justo donde empezó a sentirse atraída por el mundo de la danza. Estudió ballet con el bailarín ruso Theodore Koslov, de quien fue amante y pareja profesional en su Ballet Imperial (ni que decir tiene que ella se encargó del vestuario de algunas coreografías).
Llegó el cine de la mano de Cecil B. DeMille. En La olvidada de Dios (1917) tanto Koslov como Rambova crearon una danza azteca (la película giraba en torno a la conquista de Hernán Cortés en México) que, por supuesto, al excéntrico director le encantó. Y asi esta colaboración se amplió con tres títulos más. En La fruta prohibida llegó a coincidir con Mitchell Leisen, juntos elaboraron una fantasía a partir del cuento de La Cenicienta.
Cuando Alla Nazimova apareció en su vida, Natacha decidió apartarse de su amante ruso. sabía que esta primera actriz poseía mucho talento para determinados temas visuales. Su unión no fue larga pero sí intensa. Entre medias, Rodolfo las disfrutaba desde sus aspectos más retorcidos (o si se quiere, arabescos). Rambova casó con el divo. Era un sentimiento entre maternal y de pigmalionismo invertido. Llevaba su carrera con todo rigor. Decidía los papeles que tenía que aceptar o rechazar. Los productores vieron sus iniciativas como una gran molestia. Una de las gotas destinadas a colmar el vaso de la paciencia fue la famosa foto publicitaria de Valentino posando como un fauno a la Debussy, directamente inspirado en el ballet de Nijinsky. Estaba claro que aquello había sido idea de su señora. A continuación llegaron las excéntricas caracterizaciones de El rajá de Dharmagar y Monsieur Beaucaire. Aquel en principio gigoló ufano y esbelto que había llegado hacía cinco años de un pueblecito empobrecido de Bari con la misión de ser reclamo sexual de naturaleza inferior para la mujer norteamericana había acabado vistiendo con más pieles y cargado de más joyas que las propias damas. Sus perfumes molestaban al hombre corriente, incapaz de entender tanto remilgo y cuidado en el aseo. No es que la metrosexualidad la hubiesen inventado Rambova y Valentino, es que se trataba de recuperar un tipo de hombre decadente muy en la onda cortesana de la Francia pre revolucionaria. Nada que estuviera de moda en aquella Norteamerica frescachona, moderna y deportiva de los años veinte. Lo mismo puede decirse de su participación en la campaña publicitaria para la marca de cosméticos Mineralava. En las fotos de época los vemos a los dos ataviados a la argentina bailando un tango imposible por puro artificial (no corría ni una gota de sangre gaucha por sus venas).



La alarma total, la que provocó que la productora dijese "basta" fue cuando el matrimonio se embarcó rumbo a España para comprar obras de arte y otros detalles nunca minúsculos que les servirían como elementos decorativos para un proyecto basado en la vida del Cid campeador. Se gastaron una verdadera fortuna. La United Artist se negó en rotundo al capriccio limitándose a agregar en el contrato de Valentino una cláusula que especificaba la prohibición tajante de que su señora colaborase con él. Asi que Valentino protagonizó El águila negra, huérfano de "pygmaliona" mientras Natacha fracasaba con su What price beauty (la pésima distribución de la película ayudó lo suyo).
Será cuando ella se separe de Valentino emprendiendo su labor espectacular como free lance y que abarcaría un montón de facetas. Dirigiendo teatro, estudiando esoterismo y ciencias ocultas (al morir Rodolfo participó en sesiones espiritistas donde afirmaba recibir mensajes del divino desde el más allá).
Tuvo su periplo español al casar con el conde Alvaro de Urzáiz. Vivieron en Mallorca y se relacionaron algo con el general Francisco Franco (ella escribió un largo artículo en el que simpatizaba con el ejército sublevado). Pero su afiliación nacional fue corta al empezar muy pronto a recibir amenazas de autoridades políticas y conservadoras instaladas en Mallorca. Tuvo que huir a Francia sola pues su marido debía seguir ejerciendo un cargo de alta responsabilidad en España.
Desde entonces, Natacha no paró de ejercitarse en sus estudios de teosofía, psicología y de ahí, derivando en el simbolismo y las culturas orientales. Fue una eminente egiptóloga. Su colección de antiguedades egipcias las donó al museo de Bellas Artes de su Utah natal y otra de arte nepalí al de Filadelfia, las cuales llevan su nombre.

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