27 marzo 2009

QUE LE DEEEEN....


Por Maricón Martinez, super hombre inmune
Ay, con el tiempo justito... porque me voy de finde, que uno también es ser humano y debe descansar... Pues sí, este mes toca Joey Stefano, probablemente el pasivote más famoso del porno gay mundial. ¿Qué quieren que les cuente de este mozarrón...?. Yo les cuento todo lo que sé y luego ustedes hacen lo que les venga en gana con la información. Ha salido un libro con su biografia pero yo no lo tengo... Además ¿qué haría yo con un libro si apenas se leer?. Y no me averguenzo para nada. Porque la chupo muy bien, y eso es a lo más que puede aspirar una mariquita triunfadora llegada a los cincuenta.
Joey también la chupaba muy bien. En sus películas. Pero a mi me gusta más cuando lo enculaban. Porque lejos de afrontar su rol pasivo desde la mudez, él increpaba, exigía esto y lo otro, preguntaba con toda la retórica del mundo al top de turno... Pienso que se producía más excitación en sus diálogos coitales que en el rollo físico en si.
También es algo obvio que a Joey su relación con las drogas le condicionó siempre a la hora de afrontar sus interpretaciones. Y su existencia toda. Bueno, de hecho murió de una sobredosis (en presencia de su camello; el cual se dio el piro al verle exhalar el último suspiro tóxico). Pero es que, por ejemplo, en su gran película que es More of a man hay partes en las que se le ve completamente pasadísimo. Y eso lejos de ser una traba, es todo un acierto. Por eso lo premiaron. Por ser capaz de mirar con deseo a un hombre cuando en verdad lo que deseaba era vomitar. Porque en el fondo, Stefano es de la casta de los warholianos. De Joe Dallesandro, al que parece querer mirarse siempre. Ambos jóvenes empezaron en la prostitución más callejera, a la espera de un talent scout que los lanzase al estrellato. Y los dos eran oriundos italianos.
Stefano era muy suburbial. Y en una esquina cualquiera lo encontró la horrenda ChiChi LaRue, que era una prima donna patética con un ego insoportable. Quería ser Divine y se quedó en cualquier gorda secundaria de teleserie norteamericana. Pero le abrió el mundo del porno a cambio de que se hicieran amantes. Se dejó follar por los mejores machitos de la galaxia VIH (Stryker aparte). Incluso folló a algún jóven de sus mismas características sexuales, como Mike Henson (que aguantó en esta vida diez años más que Stefano, pero que ya está criando malvas también -pobrecico mío, Mike: que el demonio te tenga en Sodoma).
En Songs of the key of sex (mariconadita insufrible de La Rue) era chapero de local de ambiente; en Revenge era muy perra y hacía sufrir mucho a su novio Jon Vincent durante su estancia en un hotelito veraniego. Y en Fond Focus lo mejor era un trío que se marcaba con otros dos maromos (menajes que él bordaba).
Pienso que More of a man es su cénit. Por todo, por su campysmo de melodrama a lo Mildred Pierce, por no vérsele pagado de su culo, por su sketch con el impresionante Rick Donovan, tatuador en luces mortecinas (casi de cine negro). También frecuentó piscinas y lugares soleados, de porno lujo... Pero eso ya es algo más comun. Era la generación de los surfistas con condones y expresiones de tristeza (el miedo a la muerte estilo Aids). Unos antihéroes, no lo duden.
Ganó muchísima pasta. Premios Oscar pero para sodomitas. Siguió en el puterío, pero del callejón saltó a los grandes hoteles. Y conoció a figuras relevantes de la industria del ocio USA. Confesó en la tele, en un show de esos nocturnos que había mantenido una relación con el fundador de Asylum Records (y del Dreamworks, junto a Spielberg) David Geffen (uno de los hombres más ricos del planeta). Este finalmente tuvo que admitirlo (y, con ello, su homosexualidad y su condición seropositiva).
Madonna lo incluyó en su Sex como icono de la cultura popular gay que fue. Y en 1994 la palmaba, como ya he dicho antes. Ya estaba algo desvinculado del porno video pero su fiereza, entrega y sentimiento trágico siguieron sentando cátedra para las nuevas generaciones de bottoms que estaban por caer (en desgracia).






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