05 marzo 2009

PUBLICOS VICIOS (homoerotismos en Youtube)


21. Tiran más dos tetas que dos cuádrigas


Es célebre el comentario jocoso de Groucho Marx cuando le preguntaron si pensaba ir al estreno de Sansón y Dalila, la última super producción del tío Cecilio. El bigotudo respondió entonces que no, porque no le gustaban las películas en las que el galán tuviese las tetas más grandes que su partenaire femenina. Con el paso de los años vemos que la ocurrencia fue una de las más flojitas de todo su credo humorístico, pues las tetas de Victor Mature eran excelsas en comparación con las que nos brindan ahora los fisioculturistas, cada vez más empecinados en superar no ya a las de Lamarvelous (qué sabrán ellas) sino a las de la mismísima Jayne Mansfield (santa patrona de las drags arterioscleróticas). Y es lo que hay. Musculocas tontas, obsesionadas con las ubres, atiborrándose de hormonas, de químicefas, de cócteles explosivos. Son como airbags infrahumanos que sólo pueden despertar excitación sexual desde la anomalía más neurótica.

Y, sin embargo, las tetas de los tíos en mi desarrollo erótico fueron una parte muy importante para mi. Ahora no, ya he cambiado mi percepción y cada vez me estímulan más los pechitos efébicos, lisos como tablas, por no hablar de hundidos en síntoma de anorexia. Este post no va a ir dedicado a los cadáveres ambulantes que me pirran, sino a los inflados flotadores. Los equivalentes de las Raqueles Welch. Super estrellas como Jake McLennen y Eduardo Correa, los egipcios Sagi Kalev y Tarek Elsetouhi... Jugando en pareja o en solitario. Y luego los anónimos, pellizcándose los pezones de galleta María (algunos realmente empitonados), preparándose para un combate de wrestling (esa es la excusa para lo que viene luego, que es la firma de la paz con chorritos de leche ¡y no precisamente salidos de sus pecs!) con masajes en la zona (o sobándose, como ustedes prefieran) y untándose de aceites de bebé... O mis favoritos, los más ingenuos (y menos intoxicados) muchachos de algún gimnasio cutrón de país del este, que se quitan la camiseta por una petición de algún fotógrafo pillín (los halaga previamente y les acentúa el ego divino que poco a poco se hará grande grande grande) y empiezan a compararse los pectorales. El vencedor entonces siempre es quien acapara más segundos de plano fijo en el video.
































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