31 marzo 2009

PIMPOLLOS DE LA HISTORIETA ESPAÑOLA


EL CAPITAN ENIGMA
de Emilio Boix (1946. Ed. Marco)




La labor del maestro Boix en la Marco se revela fundamental para entender el devenir de esta editorial que, de todas formas, tuvo sus únicos momentos de gloria con creaciones no pertenecientes a este autor (El Puma y Red Dixon, de los Osete y Artés). Sin embargo, Emilio Boix llevaba muchos años nutriendo de historietas el mundo tebeístico español. Desde antes de la guerra civil en La Risa Infantil, publicación donde dio a conocer entrañables personajes para niños como Hipo, Minito y Fifí.

El capitán Enigma
es una de piratas. Delata en su autor una habilidad para la narración y composición de páginas, si bien habría que achacar en él, como en todos, cierto desaliño sólo entendible desde la premura, la urgencia que los editores imponían a los artistas contratados. El paso de una situación a otra (cambio de lugares y personajes) en dos viñetas consecutivas, sin transición ni texto explicativo dentro del cuadro, sería un mal menor comparado con puntuales faltas de ortografía que, vistos los antecedentes de la editorial, no sabríamos a quien achacar. Parece que la Marco se empecinaba en no erradicar los errores ni aunque pasasen las décadas. Se supone que no era un mal privativo sólo de una editorial, pero es divertido comprobar las meteduras constantes de pata en materia de una construcción verbal concreta. Ya desde los tiempos de La Victoria de Nick, de Dernis (principios de los años 30), obra incluida en La risa infantil (también en Ed. Marco), hasta este Capitán del antifaz negro las patadas a la gramática se concentraban siempre en el tema de los participios de pasado, con haches que volaban por algún extraño motivo que se nos escapa. Y más teniendo en cuenta que la erudición de Boix está fuera de duda, pues los términos navales, marítimos que maneja a lo largo de esta serie corsaria están a la altura de un Robert Louis Stevenson o un Emilio Salgari.
Algo de sus lecturas debieron inspirarle, como el mito del enmascarado que oculta una doble personalidad, haz y envés de una misma moneda, imposible Clark Kent/Superman (e imposible porque en la España de la posguerra jamás triunfaron como modelos imitativos, al menos para los autores, los super héroes venidos de Norteamerica).

Superados estos defectillos, asimiladas estas influencias, nos hallamos ante un héroe muy humano, nada demiúrgico. Y aún asi, imbatible. La acción se sitúa en la isla de Goa, dominio francés (y todos los franceses son malvados de nacimiento). El terrible gobernador es un seboso que mantiene contactos con la piratería, que le consiguen muchos beneficios a cambio de sus recompensas. Tiene a su cuidado a una sobrina, la bella Carlota, que pronto sabrá de la catadura moral de su pariente (es muy dada a escuchar tras las puertas). La muchacha pronto lo va a delatar, al enterarse de que había arruinado a su padre (el hermano del gobernador), quitándole la vida. En el ínterin, el amor la ronda. Es cortejada por un lechugino de la corte real: el Marqués de la Rosa, un hermoso mancebo, presumido y afectado, rubio como ella, y también idiota como ella.
Pero la diversión no está en los salones de los terratenientes sino en alta mar donde el capitán Enigma, a bordo del Alacrán, se ha erigido defensor de los más necesitados. Todos sus botines van destinados a ser repartidos a la población empobrecida, siempre explotada por el avaricioso gobernador. Se ha hecho con un equipo de marinos; algunos fieles, otros todo lo contrario.
Entre los primeros, se encuentran el piloto Brakon (el mastuerzo de turno, calvorota que mantiene a lo largo de la serie una particular adoración por su jefe), el Largo (de enjuta presencia) y Sam, el mestizo (hermoso ejemplar de machito, que según avance la historia adquirirá más protagonismo que el feo Brakon. Curiosamente, cuando esto pase también el color de su piel se irá aclarando, conforme a las características racistas del tebeo). En el lado de los traicioneros, se llevan la palma el peligroso Pulpo y el teniente Villegas: ambos morirán por herida de tizona (la del simpar Enigma).
En lo tocante al racismo, hay momentos descacharrantes cuando un buque fantasma lleno de chinos despierta en la noche el sueño de los tripulantes del Alacrán con sus luces tenebrosas. Frases como ¡muere, rata amarilla! serán bien recibidas por toda una generación de lectores que ya se habían acostumbrado (por Fu Manchú, por el cine bélico y los noticiarios de la segunda guerra mundial) a odiar a las razas orientales. Asimismo, cuando aparecen marineros africanos, estos siempre son enunciados con el adjetivo inseparable de negros. Por no hablar de lo malos y lo supersticiosos que son los aztecas.

Carlota pronto se aliará afectivamente con el capitán Enigma. Su pretendiente es un narcisín bastante tontito, intuímos que no lo soporta (un futuro esposo no puede ser su propio reflejo en un espejo). Además su tío la encierra en un calabozo, robándole las joyas. Pronto será rescatada por los hombres de Enigma. Salvo estos vaivenes, la moza mantiene su entidad pasiva, dentro de lo que era la tipología habitual de los personajes femeninos. Y si bien es verdad que en una viñeta osó sujetar en una mano un sable y en la otra un mosquetón, a todos nos pareció una locura, pues de esa guisa, con tanto peso, sería incapaz de caminar un paso sin que se le cayesen al instante tales artefactos, impropios de una dama. Como mujer pirata no dio la talla, aunque gozase de muy buen talle.

Las gestas duraron ocho o nueve números. Números repletos de acción, de contiendas... De pocas distorsiones de la realidad (que luego serían tan normales en el tebeo nativo).Y con un final feliz y lleno de suspense: ¿quién se esconde detrás de ese antifaz? (la primera vez que alguien se preguntó aquello fue el buen Brakon y a partir de entonces lo llevó a terrenos de pura obsesión homoerótica -en silencio, claro- tal vez como deseoso de averiguar de qué color eran los ojos de su amado). Capitán Enigma se desprenderá finalmente de ese atrezzo (un héroe poco exhibicionista, desde luego, pues sólo le vimos una única vez el torso, y para eso, en estado agónico: un pathos que casi se lo lleva al otro mundo). Es hora de que sepamos que el marqués de la Rosa no era tan mariquita (o afrancesado, si prefieren) como todos pensaban y que en realidad era el capitán Enigma, en un desdoblamiento de efectividad narrativa harto dudosa. Pero es lo que hay.
Y colorin colorado, Rosa y Carlota fijaron su residencia en Maracaibo.













1 comentario:

Anónimo dijo...

De cuando los españoles éramos tíos cojonudos. Por cierto, Goa era colonia lusa, no francesa