17 marzo 2009

PIMPOLLOS DE LA HISTORIETA ESPAÑOLA

AYAX EL GRIEGO de Vicente Tortajada y Jose Luis (1960. Ed. Creo)

Poca repercusión tuvo en su momento este Ayax. Apenas veinte cuadernillos y al olvido. Sin duda la causa fue el poco tirón de una editorial como Creo, tal vez la más pobretona de las pequeñas editoriales sitas en la ciudad de Valencia (y de corta vida, precisamente por la falta de un héroe con gancho que la sustentase en el tiempo. Muchas veces con uno ya era suficiente). Al socaire del furor péplico cinematográfico, caso similar al más exitoso Coloso de Rodas (ya visto en esta misma serie), Ayax el griego (que luchaba semidesnudo, con un faldón y un casco típicos de centurión romano y era rubísimo pues asi idealizaba el dibujante Jose Luis a los antiguos espartanos) en continua pugna contra los persas, va siempre acompañado del torpe y casi anciano Sefrén (un criado barbudo y gordote que será el contrapunto humanista al titanismo demiúrgico del titular).

Sus estancias en tierra egipcia les mantuvieron ocupados una buena porción de números, en tanto que debían recuperar el trono usurpado a la princesa legal; la cual era morena maciza, una belleza muy años cincuenta, como mandan los cánones del anacronismo. Tal vez el único rasgo destacable del tebeo sea su falta de exagerada fantasía (que en los tebeos nativos era, a menudo, un esperpento de fantasía), tomando de sus patrones imitativos (repito que los filmes italianos de Hercules o Ursus) aquellos rasgos "históricos", dejando a un lado a las criaturas sobrenaturales, a los vampiros y demonios de un infierno alla' Dante para otras colecciones.

Una voluntad de didactismo en torno a la cultura antigua, con exposiciones concretas de sus politeísmos y sistemas políticos se muestran hoy en día como loables iniciativas destinadas a un público que no por jóven debía ser menospreciado, en tanto que incapaz de asimilar unos conocimientos educativos básicos. Ni que decir tiene que estos detalles fueron los menos, primando la acción por la acción, el esquematismo de los personajes (buenos y malos) y los diálogos ramplones.












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