18 marzo 2009

Macisterotique

Sábado enorme el pasado. Un espléndido día de sol. Y a las cuatro llama al telefonillo Victor. Viene con buenas nuevas. Espera que a cambio yo le de otras del mismo calibre. Se ha hecho las pruebas y está limpio. Pero yo en cambio no puedo decirle lo mismo, si he de serle sincero (no sé si lo estoy hasta que transcurra el tiempo convenido). Mentir a estas alturas me da mucha pereza. ¿De qué serviría?.
Había quitado mientras subía las escaleras el serial de Flash Gordon que estaba degustando y puse en su lugar un vintage de Joey Stefano (pre condom). Mi amigo especial venía con camiseta negra y vaqueros, conjunto que ya le conocía y que me recordaban los buenos momentos vividos con él el pasado verano. Se sentó en el sofá y después de pasarnos esa información confidencial que atañe a nuestros interiores más microscópicos pasamos a analizar los epidérmicos desde la frívola intensidad de nuestros deseos comunes. Conocimiento carnal de manos y labios. Pronto Victor mostró una hermosa hinchazón en la entrepierna. Esos vaqueros parecen hechos para ello, porque yo he conocido a pocos chavales (salvo a los de Tom of Finland, pero esos no eran chavales) asi. Vaqueros como un guante. Holgados y ceñidos a la vez. Al scatyolista le pasa con los chandals. Y aunque no tenga una erección, sus huevos se le marcan bastante debido tal vez a su panza de casado.
Olisquear a Victor en esas preparatorias es un placer de dioses. Sobacos, aliento, entrepierna, incluso pies. Victor es todo aprovechable. Lo que me sigue llamando más la atención del morenín son sus muslos, esas piernas bien torneadas, como de bailarín pues definirlas de futbolista hubiera sido demasiado ramplón (de futbolista las tiene Jose). La cuestión es que con un ojo puesto en el ojete de Stefano y otro en mi culo en pompa (el cual masajeaba, le propinaba cachetazos, estrujaba intentando amasar la piedra que en verdad es) calentose como siempre. Victor habla, Jose no. Jose sonríe si tu le miras pícaro. Y si le dices porquerias sólo te susurra "si". Este tiene más repertorio. El justo. El tópico. Pero para qué exigir más cuando manda otro tipo de comunicación.
Visto desde la lejanía fue un polvo rutinario. Ya hacía que no me penetraba (el día de año nuevo no le dejé por ser yo presa del terror) y nos gustó. Aunque aún sigo recordando de manera especial el sabor de su culo. Más intenso que nunca. No lo había lavado, yo se lo limpié, le hice el centrifugado con mi lengua de cobra con deleite. Me chocó que no me hubiese avisado de la escoria que llevaba dentro. Me pareció un detalle por su parte. Vamos por el buen camino (es posible que logre que algun día defeque sobre mi. Imaginarmelo me vuelve loco. ¿Qué cosas previas me diría?... "Espera entonces que me voy a cambiar de posición... ponte debajo, me voy a acuclillar". Algo así me diría y yo me pondría como un hombre Roca, un retrete humano).
Hubo un detalle gracioso. Al haberse quitado el condón sólo pudo masturbarse para llegar al final (mi boca no iba a recogerle nada esta vez). Intenté pajearle pero desistí porque me suele fallar el pulso, cambio mucho de ritmo pues de siempre fui muy nervioso (soy como Guille Milyway) y porque considero (por experiencia propia, de cuando me masturbo) que como la mano de uno no hay dos -al menos que estés muy predispuesto, completamente desconectado de la realidad o quieras a esa persona ejecutante tanto como a ti mismo. Asi pues me postré ante el machito de rodillas, acaricié sus muslos al principio y luego lo dejé a su manera. Voyeuricé el pajote. Espectacular. Sus convulsiones, sus gemidos, sus mordisqueos de labio... Esperaba la explosión y la explosión vino presta. Pero qué instante. Para grabarlo, en serio se lo digo. Casi estaba voceando y mientras eyaculaba sobre su velludo estómago, sólo se le ocurrió definir sus divinas sensaciones con estas palabras: Pero qué cansancio... Y seguía saliendo leche a borbotones, ahora al compás de mis risas no sé si improcedentes pero que me salieron tan del alma como a él de los mismos cojones. Creo que es bueno tomarse el acto sexual con humor pues solemos dramatizar algo que es natural (o si lo prefieren habitual) en nuestras vidas. Adquieres unos lazos de unión muy interesantes con tu pareja. Y eso, hoy por hoy, en mi situación y a mi edad, es muy importante. Mas que la simple mariconada de pretender atar con regalitos, lo eficaz es el buen rollo (y por descontado, la maestría en las labores coitales). Tras el bajón, se me puso serio y trascendente cuando afirmó: Lo tengo comprobadísimo: no hay mayor placer que el que uno se proporciona con su propia mano. Ninguna de otro vale. Yo le dije lo que antes les comenté y también añadí un "gracias" por la parte que me toca. Lo cierto es que Victor ha conseguido correrse tantas veces en mi culo e incluso en mi boca (esto una vez) que aquella sentencia (que yo suscribo, pero que sólo se deberían plantear comparaciones semejantes desde el acto masturbatorio en si, no desde la práctica sexual completa) parecía algo fuera de lugar, perdonable por su arrolladora juventud.

* La mía aún parece arrolladora cuando me junto con maduros del fango. Como aquel putero que un día vi en la alameda hablando con una señorita de vida alegre. Al parecer conoce a más gentes de la zona del Pabellón (jardín cercano al centro deportivo donde se suelen agrupar los pequeños camellos, hiphoperos rústicos y ambiente latino -más latin princes que kings). Fue un agradable juego de mucho roce, no llegó a polvo. El lugar no le pone nada (Casa Wc), a mi tampoco pero aún asi puedo mantener una erección si me lo propongo (y si las manos del contrincante son expertas). Por desgracia, también hubo varias bajadas de bandera esa tarde con él. ¿La razón?. El retrasado atómico se puso tontito y nada más llegar a los retretes se dio cuenta de que en un cagadero estaban de dos (nosotros, claro) y golpeó la puerta diciendo que era de la poli local. En seguida le reconoci por la voz y le ordené como un superior cualquiera que se cuadrara y guardase silencio. Pero fue imposible que me obedeciera, pues al poco llegó una maricona vieja que lo intentaba camelar para que le dejase adorar su enorme pollón (nada retarded). No debieron llegar a acuerdo pecuniario pues el viejales desapareció de mi sintonía pero, mientras la negociación duró, servidor y amante nos desconcentrábamos una barbaridad con aquellos ronroneos que parecían provenir, parafraseando a la genial Lola Flores al referirse a la ronquera eterna de Bárbara Rey, de las moscas cojoneras de la siesta. El tipo me invitó a seguir con el proceso amatorio en su coche pero yo rechacé el ofertón. No por nada. O quizá si. No estaba tan caliente como para eso, ya lo había estado con Victor un par de horas antes. O bien por que no suelo montarme en coches de nadie. O porque entre putas y clientes se me vino a la mente el tema de mi vecina brasileira asesinadita por un gañán de varios disparos.
Ya van tres tentativas con este hombre y las tres fallidas. Me sigue atrayendo. Por su inexperiencia con los de su sexo. Homoerotismo es la palabra.

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