05 marzo 2009

ESCALA EN HI FI. Por Cordelia Flyte



Skeletal Lamping de of Montreal (2009)
A la caza del negro trans
Ambiguedad sexual y orgasmos perversos son las características temáticas de un disco espectacular, se escuche por donde se escuche. Despojémonos de recelos y prejuicios. El noveno trabajo de Kevin Barnes y su grupo es una auténtica paranoia de fantasías sonoras malsanas que nos atrapan desde lo infeccioso de su esencia vírica. Me alegro tanto de que Kevin haya elegido el camino que ya habíamos disfrutado en canciones de su previo Hissing fauna como Labyrinthian Pomp, una de mis favoritas de aquél...
Esto es un festín del cazador cruel, un cruising que tiene como cicerone ilustre al imaginario George Fruit, negro transexual y cuarentón que sería alter ego del autor y que en su boca o en la del ficticio maromo daría un significado concreto al album: "Es un intento de traer toda mi perplejidad, contradicciones, mis inquietudes, mis reflexiones y observaciones a la superficie, para que pueda analizarlas mejor y comprender qué sentido tienen en mi cabeza".
No sé si después de estos quince pildorazos -que en realidad parecen cincuenta- Kevin "Fruit" Barnes ha visto el final del laberinto en el que se metió. Los oyentes simplemente nos hemos quedado boquiabiertos, perplejos ante sus galimatías sonoros: rompepistas que rompen ritmos también, en una falta de pudor -ergo ejercicio libertario-, donde el funky y el rock sudoroso se entremezclan o se repelen creando esa atmósfera de caos y de sorpresa contínua. Pero ese caos nunca nos da bajones, no nos impide el disfrute.




Es un disco que lo bailamos sin remedio. Y es excesivo, como excesivos también eran los pastiches de Jeff Lyne. Barnes juega con mayores ingredientes y es más lúbrico. Cosa que le agradecemos los iconoclastas que estamos ya muy hartitos de los superventas de Mika o de los delirios queer de Scissor Sisters. Lo bueno de of Montreal es su capacidad de integrarse en una independencia que no le obliga a mantener unas determinadas pautas estilisticas de cara al mercado dictadas desde un despacho discográfico. Asi podemos evocar desde aromas no wave, a los Talking Heads, a la psicodelia de los años sesenta o al mejor Prince con el mismo deleite con el que nos recreamos en sus letras confesionales e impúdicas. Citar mis favoritas (For our elegante caste, An Eluardian Instance, Gallery Piece, Plastis Wafer e Id engager) sería disminuir o uniformar un trabajo que el propio autor calificó como "una sola larga pieza formada por cientos de movimientos".
En cualquier caso, con el funk por bandera se abriría un nuevo y fascinante mundo para la banda norteamericana. Y es que entrar en esas palpitaciones de ritmo y color es hacerlo en el supremo misterio de los difuntos Marvin Gaye, Sly y la Family Stone y demás apóstoles. El gran misterio ante el que muchos miméticos han salido trasquilados (y no me obliguen a dar nombres). Eso si, ahora desde una óptica de pura esquizofrenia.

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