09 marzo 2009

DELIRIOS SERIADOS

TIM TYLER'S LUCK (1937. Ford Beebe y Wyndham Gittens)

Sin ser un serial espectacular, lleno de inventiva y concesiones retrofuturistas, Tim Tyler's luck mantiene el tipo consiguiendo unos resultados de lo más agradables. Los aficionados al comic clásico sabrán que el personaje de Tym Tyler venía de las tiras cómicas que en 1929 había creado para la King Features el gran Lyman Young, hermano mayor de Chic Young (el artífice de la inquieta Blondie). Y que el personaje como tal fue evolucionando en el tiempo conforme iba adquiriendo años (asi de niño huérfano pasó a convertirse en la edad del pavo en uno de los más trotamundistas aventureros de la historieta norteamericana). Como viajero indómito nunca fue solo, le acompañaba el atractivo Spud, en lo que fue uno de los ejemplos de dúos dinámicos más interesantes del período clásico, mucho más preferibles a otras parejitas del gremio Marvel como los inefables Batman y Robin (en España los chicos se llamaron Jorge y Fernando y sus brújulas no apuntaban a destinos fijos, lo que apasionaba enormemente a sus más jóvenes lectores).
Si bien el exotismo abunda en esta etapa de madurez en la serie tebeística, muchos de los episodios se concentraban en el Africa profunda. Será donde los cineastas Ford Beebe y Wyndham Gittens se inspiren convirtiendo tan entrañable saga viajera en un tradicional serial de la jungla. Eran los años de los filmes de Tarzán (el Tarzan de la Metro). Curiosamente Ford Beebe en los años cincuenta prorrogará con Bomba, the jungle boy y a través del protagonismo de uno de los actores de la serie tarzanesca (el inmarchitable Boy Johnny Sheffield) un legado que en los años treinta había gozado de enorme popularidad. Un Bomba crecidito y manejándose a las mil maravillas en la peligrosa selva bien podría haber sido, de manera abocetada y, lo que es más evidente, muy vestido, el mozuelo Tim Tyler, encarnado para el serial por el rubio Frankie Thomas (hizo poca carrera este maravilloso muchacho. En los años cuarenta participó en una serie de películas sobre la intrépida Nancy Drew -Bonita Granville- y fue cadete irrelevante para un filme menor de Billy Wilder -The major and the minor. A principios de los cincuenta era ya un has been buscando un último refugio en el serial intergaláctico con el radiofónico papel de Tom Corbett: seguía con más de treinta años siendo un cadete). Como Bomba, Tim se entiende a la perfección con los animales amigos (desde elefantes a la inevitable mona, ideal como correo ambulante, pasando por una curiosa pantera negra enamorada) y con mayor mérito, pues Tim no se educó en esos inhóspitos lugares, sino que llegaba quinceño a Africa a través de una expedición con el objetivo de encontrar a su desaparecido padre (el típico anciano profesor cuyos conocimientos del paradero de tesoros en forma de marfil son siempre de fundamental utilidad para los desalmados de turno). Pero Tim, al contrario de Bomba y en tanto que jóven siempre civilizado (su acento no será el de un pequeño lord pero su voz es ya lo suficientemente grave como para alertar los bajos instintos del amante de los adolescentes que lo mudan todo a ritmo loco), va vestido de safari (yo lo veo más como un boy scout), con lo cual cualquier forma rudimentaria de taparrabos hubiera sido innecesaria. Solamente en una ocasión tuvo a bien despojarse de su impoluto uniforme, la excusa estaba del todo justificada: un baño en el lago. Esto sucedía en el capítulo tercero, memorable por esto y por más razones. Pues el bañito en calzones (inolvidable torso efébico) se tornaba espantosa pesadilla al ser asediado por un libidinoso cocodrilo con intención de zamparse al núbil héroe.
Libidinosa fauna, ese sería el subtítulo que le pondría yo al serial ante tantos bestialismos que se ciernen sobre Tim. No importa demasiado que el super villano (un bastante mediocre villano, todo hay que decirlo, pues ese Spider no distaría en poder fascinador de cualquier ambicioso explorador de la saga tarzanesca) tenga retenido a su padre, o que consiga en un episodio raptarle a él o a la chica (amiga, sólo una amiga, por cuestiones obvias: Tim no tiene edad para amar), porque lo que realmente importa es esa obstinación de la que hacen gala casi todas las alimañas de querer devorarle. No sería desproporcionado encontrar un curioso subtexto alusivo a una zoofilia orientada hacia lo paidófilo. Leones, tigres, leopardos, gorilas de peluche y cocodrilos le tiene unas ganas locas al chavea (por la señorita en cuestión apenas reparan) al que persiguen con denuedo con miradas lúbricas igualitas a las de muchos hombres del saco de la actualidad (podemos captarlas a diario a la puerta de colegios e institutos).
La devoción que le profesa la pantera negra (a la que un día le curó la pata y por la que ella le está eternamente agradecida) sería un vivo ejemplo de que la atracción animal-persona puede ser de una gran riqueza de matices, que irían de la violencia terrible (lo antes comentado: sexo y posterior comilona que no deje rastro) al platonismo más romántico (la pantera de marras lo sigue a sol y a sombra salvándole de infinidad de peligros, incluso parece algo celosa durante las conversaciones de Tim con la jóven Lora Lacey). Es cuando nos damos cuenta de que Frankie Thomas con sus carnecitas frescas y virginales tenía que estar bien sabroso. Ya hubiera sido demasiado que apareciesen en el serial zangolotinos canibales. Tim Tyler metidito en un puchero mientras negros horribles se relamen a su alrededor, en danza de la pitanza ya hubiese sido demasiado obvio: ¿alevín de aventurero nacido como comida para paladares salvajes pudiéndolo ser para "los finos" en la ciudad de los rascacielos?.
No se ejerció apenas bondage sobre el boy scout. Si bien lo secuestraban los secuaces de Spider nunca fue torturado (al menos físicamente). Se limitaban a vendarle los ojos y a cargarlo al hombro de un rufián introduciéndolo en la choza de turno (en postura yacente nos regaló uno de los primeros planos de culo en pompa más exquisitos dentro del apartado de efebos con culo en pompa de toda la historia del cine). La tortura psicológica tampoco fue nada del otro jueves, aunque hay que reconocer que el crío sufrió bastante al enterarse del fallecimiento de su padre. Ese momento es mostrado por Ford Beebe y Wyndham Gittens de una manera atípica (al menos desde la óptica del serial) pues se permitieron el lujo de calmar el ritmo de ese episodio, con secuencias lentas y donde apenas hay diálogos. Tim depositando unas flores sobre la porción de tierra donde reposa su progenitor está emocionante, además. Por supuesto que el clima de recogimiento se romperá por la presencia de alguna alimaña poco respetuosa con los muertos. Pero ya sabemos que en estos dominios del entretenimiento pop, el espectáculo, por más que no le apetezca al héroe, debe continuar.


Véan el próximo lunes...
FLASH GORDON CONQUERS THE UNIVERSE (1940. Ford Beebe y Ray Taylor)

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