27 marzo 2009

DEJA VU's

*Reposición del post publicado en FANTASIA MONGO I el 18 de enero de 2006

Rydell, el rey de la Cameo


Ahora que el bueno de Juan de Pablos, dentro de su política de rizar el rizo del pop, aprovecha la salida de la excelente compilación de 4 cds dedicada al sello Cameo Parkway (entre 1957 y 1962) para hacer una serie de monografías a su estilo, o sea: exhaustivas y pormenorizadas, uno se motiva también y encuentra recopilatorios alegóricos de esos que rinden un montón. En concreto un "grandes éxitos" muy deslabazado del rey de la compañia: Mr. Bobby Rydell.

Sin duda Cameo desde su mismo arranque en 1956 fue sinónimo de juventud. Tuvo el valor de suponer además el comienzo de muchas carreras importantes (de productores, músicos y compositores, principalmente). Pero por encima de todo, fue el arranque del sonido de baile de la ciudad de Philadelphia. La música disco no se entendería en los años setenta sin pasar por este lugar.
La Cameo empieza tímida, átona en intenciones musicales pero en cambio se muestra primorosa en su diseño de logos y prensajes... Colores como el naranja de sus vinilos iluminan los rostros de una nueva generación de norteamericanos que colocan los 78's y después los singles a 45 rpm en sus pick ups de forma enloquecida. Pese a esto el estrépito del ritmo jóven no se producirá hasta 1959 cuando Bobby Rydell grabe su primer single: el efervescente "Makin'time/ Please, don't be mad".
Las primeras referencias del sello oscilaban entre el sonido novelty y los discos jazzys con solos de piano (por caber hasta cabía la actriz gabacha Denise Darcel que dejó en un lp su supuesto savoir faire vocal. Esto acontecía al poco tiempo de que nuestra Sarítisima le diese sopas con onda en Veracruz).
Rydell no era un novato en esto de la música pop. Llevaba media docena de años currándose emisoras de radio y salas de fiestas con su grupo Rocco and the saints, en donde tocaba por cierto la trompeta otro futuro teen idol llamado Frankie Avalon.Pero lo suyo fue llegar, grabar y besar el santo.
La música adolescente entraba en su momento álgido, Elvis en la mili y otros rockeros estropeados por el vicio habían cedido el terreno a los blanditos. Y Rydell estaba a punto de caramelo.

El recopilatorio incluye muchas de las facetas por las que se hizo con una audiencia ultradinámica: desde los toques latinos o mediterraneos ( su "Volare", que es el mejor después del de Mimmo y el de Bowie, claro; el "Sway" o "Qué será" que lo acerca a su ídolo Dean Martin, incluso el "Frenesi" en inglés que rivalizaría con el del británico C. Richard o la increible adaptación de "La Violetera" del maestro Padilla, resucitada por la Montiel por aquellas fechas y que aquí cantó en estilo swing el muchacho), a la high school (invitaciones al baile adolescente irresistibles como "Swingin'School", "Ding a ling" o "Good time baby"), pasando por las versiones de su momento pop ("Jingle bell rock", "Stagger Lee", "Bobby's girl") y los medios tiempos románticos ( como la deliciosa "Diana", que es y no es una versión de la de Paul Anka o el "Cherie", que es y no es una versión del "Oh Carol" de Sedaka).
No hace falta decir que estas dos últimas son afortunadas curiosidades dentro de un recopilatorio caótico. Y pese a esto hay sorpresas de agradecer, como el dueto con Chubby Checker (aqui el mirlo blanco se pone a las órdenes del profesor del twist para que le enseñe unas lecciones básicas del baile de moda. Impagable). Quedémonos con estas cositas porque también se incluyen innecesarios comebacks que , por fortuna, no son todo lo empalagosos que hubiera de esperar. En el fondo, Rydell tenía bastante clase.

La carrera de este ídolo de quinceañeras corrió pareja a la mejor historia de la Cameo Parkway que contaba co
n pocas pero muy buenas bazas a su favor: The Orlons, The Dovells, Dee Dee Sharp, Jo Ann Campbell y Chubby. También como curiosidad señalo que Clint Eastwood grabó un Lp entero a mediados de los sesenta en este sello de Philadelphia. Nada que fuera a cambiar el discurrir, la fisonomia de una ciudad que estaba evolucionando hacia el frenesí de los dorados momentos del soul, del funky y de la incipiente disco music de la década siguiente. Lo sofisticado siempre les perteneció a sus habitantes-artistas.
Pero esto de lo que te hablé sólo fue el gérmen.

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