26 marzo 2009

BISUTERIA POP


CON BATILLA DE COLA
(copleras serie B, C, D...)
segunda parte



Luísa Linares y Los Galindos fueron uno de los conjuntos músico-vocales más importantes surgidos en España a partir de la posguerra. No sólo se atrevieron con el género españolazo, también interpretaron baiaos, cha cha chás, mambos, rumbas, foxes, slow rocks, twists y charlestones. Todo con gran bonhomía y pulcritud, sin caer nunca en lo populachero ni en lo facilón. Verbena con clase. A lo loco... pero sabiendo el terreno en el que pisaban. Y, ¡qué caray!, con el liderato desbordante de Luisa, una real hembra


Margarita Sánchez fue otra incomprendida de los años cincuenta-sesenta. Extraordinaria intérprete del cuplé. Fina y discreta recreando lo de los demás, poderosa y entregada con lo (poco) suyo, donado por algún compositor con gusto. Por ejemplo, La ronda de la semana. Para connaiseurs de las artistas de vida breve y enamoradizos en general


Entre las flamencas y las folclóricas habría que situar a las manipuladoras de castañuelas (¿castañetistas?). María Luísa Romero contaba con presencia, tenía que ser una mujer imponente en escena. Ese rostro parece decirnos muchas cosas.... Y, sin embargo, lo que debía llamar la atención mayormente eran sus manos... ejecutando suites completas con este peculiar instrumento (que para muchas era atrezzo - a la altura de un abanico de colores- y para ella su fundamental herramienta de trabajo... y de arte)


Damita de la aristocracia valenciana a la que divierte cantar en salones para concurrencias blasonadas, ataviándose con elegancia propia de su señorío. Es singular cantante que destaca cual una rosa en un ambiente de cardos borriqueros. Esto lo escribía el siempre increible Alvaro Retana en su Historia de la canción española a propósito de Maruja Lozano. Y es para suscribirlo. ¿Acaso dudan de la palabra de un erudito en la materia?. ¿Pondrían reparos ante el adjetivo "elegante"?. ¿No saben que la Lozano lo aprendió todo sobre un escenario del lado del mismísimo Antonio Machín?. Estrenó la multiversionada La luna y el toro


¿Sería galleguita de Galicia o galleguita española en la emigración?. Lo ignoro todo de esta prenda, de porte tan singular y de nombre tan supremo... Ya no hay artistas en la actualidad que se llamen así: MATILDE. Ahora algún lector escéptico podría replicarme diciendo que también podría haberme ahorrado unas palabras y poner sólo que "ya no hay artistas"...
Pero qué dientes y encías, qué nariz... Como la hermana de Arguiñano en raza española... Versionaba en este disco un enorme hit de la Niña de Antequera. Me refiero, por descontado, al Ay, mi perro



Morucha hizo una película horrible con Iquino que se llamaba Las travesuras de Morucha (1962), que no sé si la vio alguién en España ni en alguna parte del planeta Tierra.. Me da que no. El director pensaba que la mocita podría triunfar. Nuestro cine estaba invadido de seres cuellicortos y repelentes que cantaban seudo folclórico y seudo moderno. La chiquita se ajustaría al patrón ético de las Marisoles, pero en el estético estaba a años luz de la belleza rubia e inmaculada de la malagueña universal. Apuró su discreta fama un lustro más, moviéndose en esa hibridez tan deliciosa que era el flamenco ye yé. O sea, una idónea para cantar -en retrospectiva- un himno juvenil durante la opera prima de Almodóvar Pepi, Luci, Bom...y otras chicas del montón. No en vano, en esta portada tiene cara de drogada


Impresionante artista, de una carrera completísima y abundosa. No sólo le daba bien al flamenco (colaboró con los más grandes: desde Marchena a Valderrama pasando por Porrinas), también acertaba en la copla y en la canción aflamencada. Ay mi perro fue un boom (todavía los zoofílicos patrios de mucha edad se estremecen siempre que la radia Radio Olé). Pero también apasiona al aficionado tout court con delicias de títulos tan significativos como sus inmortales Como te quiere tu mare o Con los bracitos en cruz. Como escribió en su día de ella don Carlos Herrera: Era hermosota, bravía y muy simpática


Una serie B con la casta de las super estrellas. Desde su debut en 1951, esta barcelonesa no paró de trabajar (con Martinez Soria, con el maestro Quiroga, estudiando a la Piquer). Pero el gran espaldarazo se lo dió Boby Deglané desde la SER, en su Cabalgata fin de semana. Antes de consolidar su talento en el espectáculo Pasodoble, compartió escenario con Miguel de Molina, en su comeback español y protagonizó una versión en teatro de la mítica Morena Clara.
Pero la historia (con mayúsculas) de Rosita Ferrer parece querer quedarse anclada en ese 1968 y en el teatro de la Zarzuela, cuando la situó la fama a la misma altura que a su compañera Rocío Jurado en la obra Pasodoble. Todavía su copla más conocida -Tu eres mi marío- consigue ponerme los pelos como escarpias. Recupérenla si no lo han hecho todavía. Es de las más grandes desde su discreto trono.

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