11 marzo 2009

Apuntes macisteños

* ¿Qué les voy a contar de nuevo que no sepan ya?. Que estoy impaciente por que me ingresen esos atrasos los de la Xunta. Que me parece muy bien que cuente mi cotización en la Seguridad Social desde hace casi dos años, justo cuando solicité la paga de cuidador familiar. Y que de vez en cuando sueño con proyectos, posibles compras... Ese televisor de mayores pulgadas que me hace falta (lástima que ya no se vendan con tubo, que tan bien se veían, pues las planas son una mierda que sólo produce mareos).
Necesito ver como se debe los músculos de Steve, las lágrimas de la Hayward, la mirada cínica de Bette, los cocodrilos de Tim, el ano desflorado de Cort, la sonrisa ambígua de Dirk, las cejas depiladas de Marlene, la pintura de Divine, el misterio sueco de la reina Cristina, la fisonomía exacta del Hombre invisible, el paquete de Johnny el salvaje, las marcas del bronceado de Sandra, el calzoncillo blanco de Risky Business, el asco de Emma Small, el sudor de Kowalski, el pastel de la Durbin, el cuello de Audrey, el rabazo de Furia, las manos de Orlac, los puños de Lancaster, las costillas de los Doggyboys, el bigote de Maleni, el bodegón de la Miranda, las ojeras de Nannarella... Y, sobre todo, tantos etcéteras.... Claro que un televisor bueno vale más de mil euros. Fijo. Aunque Carlos me haya dicho que por menos de quinientos los hay decentísimos. Tendré que ir con el cuando sea. El televisor es perentorio. Por placer y por trabajo de blog. Y porque dentro de unos meses creo que habrá un apagón total y comenzará lo digital. Paso de comprarme el aparatito. Si ya lo traen incorporados los nuevos...
Mi madre quiere un colchón pero eso no va a poder ser. Todos los productos de precios importantes que me sugiera ella deberé de pasarlos por alto. Imagínense que le compro otra cama y luego sigue quejándose de que siente que le clavan cuchillos en la espalda o asi. No. Para eso prefiero regatearle a un fakir su elemento de trabajo y traérselo para ver si esos cuchillos son de goma o no.
Un calefactor con más potencia... Eso si. Este invierno crei congelarme bajo la ducha. No sé que coño le pasa al viejo. Siempre marchó bien. He llamado a un técnico y no ha visto mayor solución que utilizar un pequeño truco en la llave del gas. Pero el truco duró lo que estuvo en la cocina mirando telarañas y humedades. Todo se arreglaba cambiando el calefactor por otro más potente. Haber si lo soluciono antes del próximo invierno.
También he de ir a la óptica para hacerme otras gafas. Estas que llevo de los años noventa ya están muy viejas. Además sé que he perdido visión. No sé si será por la sífilis o porque los años no pasan en balde y yo no paro de mirar y mirar. Ay, cuánto miro... Asi no hay dioptrias que lleguen.
Pero donde más he fantaseado es en el tema de vicios. No hablo de chulos, que me tienta hacer llamaditas a algún hustler (conozco a muchachos que se dedican a eso en mi misma calle), sino en lo de los pedidos a Amazon. Sólo he pensado en uno muy grande. Y lo quiero urgentemente. La sagrada Historia del Cine de Angel Zúñiga. La que escribió en dos tomos a finales de los años cuarenta. La venden en Estados Unidos a 160 dólares (hay otra a un precio módico, pero esa tienda en concreto no envía pedidos a Europa).
Y nada más. Tanto pienso en Zúñiga como en el ahorro total. Para el día de mañana. Juntar un buen peto y cuando muera mi vieja empezar la vida (¡a los cuarenta!).

* He devorado dentro de mis posibilidades los dos volúmenes de cine que publicó hace más diez años el californiano Paul Roen y son una gozada. Una marica erudita, elegante y también muy petarda, con gran capacidad de fabulación. Bajo el título de High Camp diseccionó por orden alfabético cientos de películas que el encuentra adecuadas para etiquetarlas como gay camp. Cae en tópicos y también en audaces revelaciones. Es lo que me gusta de esta clase de individuos. No se asustan ante lo trillado (la filmografía de Bette, Mae, Crawford y Stanwyck) y a la vez se desmarcan como autores muy personales al destacar los componentes homosexuales del cine negro, de delincuencia juvenil o del Oeste. Le obsesionan los peplums, como a mi.Y en más de una ocasión me ha llegado a sonrojar pues hay muchas referencias a escenas concretas de películas (incluso seriales, ¡glups!) que sin haberlas leído en su momento ya las había olfateado en Fantasía Mongo como "guiño para invertidos". O su debilidad por John Ashley, diablo en blue jeans en mi iconostasio particular. Lástima la ausencia de figuras latinas incomparables en el gay camp como Isabel Sarli, Ninón Sevilla o Sara Montiel, por poner tres ejemplos básicos. La anglofilia se paga. Es evidente que Paul y yo hubiéramos hecho buenas migas. De todas formas me molesta que se asuma como una vieja reina. La pluma puede ser divertida para un rato nada más. Luego que la soporte el que la lleve. Prefiero su faceta de bibliotecario. Sea como fuere, su marginalidad literaria no le ha abierto muchos mercados. Sólo cierto círculo de snobs lo adoran hasta el punto que ya lo han calificado "la Maria Montez de los intelectuales gays". Siendo suculenta la acepción (y en parte, acertada), considero a Roen como algo más.

* Llamo a Pedro y nunca está. También lo hago a horas imposibles (un domingo por la tarde, un sábado de noche...). Asi que hablo con sus padres más que con el difunto novio. Pero me está defraudando. Seguro que les comentaron que yo le llamé. Pudo haberme respondido. Y no lo hace. ¿Porqué? se preguntarán ustedes dos que siempre me leen. Porque es gilipollas. Porque se cree que lo hago porque tengo ganas de contagiarle de algo. Y no. Sólo quiero hablarle, de mis cosas, saber de su vida. Ya veo que no te puedes fiar de alguien cargado de prejuicios e inseguridades. Qué mas me da a mi que esté con sus fulanitas. Si necesita a "la mujer", si en el fondo es un pelele más, pues adelante. Pero que tampoco abandone a sus amigos fieles, que yo lo he sido desde hace veinticinco años. Siempre que enfermaba yo estuve ahí, al pie del teléfono o de los hospitales. Y si en realidad lo que pasa es que me margina por la puta sífilis, que sepa que nunca lo rechacé yo por su debilidad mental (a propos, dicen que a largo plazo una sífilis no curada provoca alteraciones mentales. El las lleva padeciendo desde hace tiempo... ¿no será que de aquellos lodos...?).

* El sábado cometí un error en un bazar chino. Acudi a uno con cámaras y me puse a seducir a un rumano que miraba bragas. Yo le enseñé mi tanga puesto repetidas veces. Según me reojeaba aún revolvía y revolvía más entre el lote de prendas íntimas. Me puso tan loquito que hasta me arrimé a su vera comentándole que tal o cual prenda le sentarían muy bien, que se fijara en mi mismo como maniqui, cómo me quedaba aquella tira espantosa cruzándome como látigo castigador entre los mofletes del culo. Ese tipo tenía una homofilia subida porque sino se hubiera retirado ante mis mañas predadoras. El caso es que pasaban los minutos y yo no me daba cuenta de que había perdido el sentido de la realidad. Estaba en un sitio público sin nada que ver con las marcas de Chueca. Todo lo más el silencioso vestíbulo de un mundo subterráneo regentado por el implacable Fu Manchú. A nosotros se nos unieron dos encargados chinos jovencitos, mal encarados y con ganas de no se qué. Es evidente que me estaban observando por las pantallas de vigilancia. Me cogieron de mala manera y el varón me cacheó impúdicamente (con morbo amarillo). Les dije que si algo estaba robando ya sonaría el gong a su debido tiempo. El chino dijo "no alarma", nosequé de la placa. Le enseñé el contenido de los bolsillos. Al ver que no llevaba nada quiso mirarme el paquete. Entonces le di un empujón y busqué la salida. Detrás venía la mamarracha de la china. Un jaleo que pude haber evitado. Pero fue gracioso. Si aquello hubiera trascendido con todos en la comisaria hubiera sido un caos surrealista, como participar en una torre de Babel con dos chinos y un rumano. Entonces, en esas tesituras, Maciste bien pudiera hacerse el sueco, que no pasaba nada.

* Y no he follado. Tonteado si. Con un maduro aseado y de buena presencia. Poco vale el tipo, pero me quiere. Yo le tengo cariño, le engaño diciéndole que me corro pero no es asi. Al día siguiente de estar con él en unas galerías abandonadas, me lo encuentro en la alameda. Tenía un aire de satisfacción típico del que se cree dueño de un corazón juvenil, amén de reafirmarse en su condición de sexualmente óptimo (supongo que a su señora le dará más caña, porque si no aviados vamos). Pasé de comentar sus jugadas del dia anterior y me fui unos minutos al otro parquecito contíguo. Al poco llegó él. Se sentó enfrente mía, algo oculto por la maleza pero con una perfecta percepción de mi persona. Y de repente me quedé patidifuso. La ajada prostituta de los perritos (¡zoofilia a la vista!), una millonaria con aspecto de enferma que mantuvo un discutido romance con un conocido restaurador de mi ciudad y cuyos hijos acaban de salir en mis memorias recientemente, se le sentó al lado. El acabose. ¿Ha tenido algo que ver mi madurito de las sienes plateadas con esa fuente de infecciones ambulante?. Ahora lo comprendo todo. Qué me quedará a mi... Bueno, tal vez no la muerte. Y sí envejecer con unas canitas perfectamente colocadas como las que luce mi admirador -siempre- tras mi sombra.

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