19 febrero 2009

PUBLICOS VICIOS (homoerotismos en Youtube)


19. Plaga / peste de rumanos



(una tarde cualquiera, en un parque cualquiera de una capital española cualquiera)


-¿Te rompa el culo?

- Claro que quiero que me rompas el culo. Para eso estoy aqui. Para eso me he sentado a tu lado en este sucio banco del parque, ante las miradas de las viejas y de los niños, ese banco que no sé lo qué le haceis pero que llenais de mierda de papeles y restos de comida. Seguro que no haceis otra cosa que comer y joder, panda de vagos y maleantes. Qué barrigón tienes, carajo. Eso me pone... De veras que me pone muy cachondo. La primera vez que os vi, no a ti ni a tu amigo, sino a otros como vosotros, me volvisteis loco, con esas lorzas, esos paquetes abultadísimos bajo vuestros chandals absurdos, no porque la tengais grande, más que nada porque el pantalón se ajusta a vuestras deformidades como puede. Y eso ya me hacía sentir cosas raras. Además sé que a todos os iba el rollo, es lo bueno que teneis los de extracción muy baja (que no teneis remilgos) y lo de poneros a las puertas de las iglesias no era lo vuestro, ni siquiera en las de los supermercados, cosa de mujeres. Lo de los machos como vosotros, porque sois machos de una vez, sin discusión posible, machos alfa, es estar sentados en los parques a verlas venir, tocandoos los cojones y cuando os entran la gana de jiñar a bajar prestos al báter próximo y llenar de pestilencias el recinto poco saneado, por lo que comeis, que serán especias. Y si una maricona vieja os hace señas desde un urinario al salir o no os quita ojo por la rendija de la puerta mirando como de vuestro ojete peludo salen cagarrutas imperiales a invitarles a entrar, aun sin haberos limpiado y obligarles a que os limpien el sable. También podeis ser más románticos y antes de hundirles la calva en vuestros genitales negros le podeis gratificar, en un exceso de generosidad por vuestra parte, a que os chupen los dedos que utilizasteis para pegar algo de mierda por el azulejo. Eso es bonito. Y es legítimo. Antes que besar... Besar, jamás. ¿Verdad que no besas?.

- ¿Cuánto me das?

- Te doy mi culo para que me lo rompas. Y luego ya veremos si tengo calderilla o tengo que sacar un billete en un bar para cambiar. Sois guapos de carajo. Me gustais todos los que sois morenos. Me dais morbo. Pero no sólo es el físico. Sino vuestra predisposición, vuestra bisexualidad amorfa y estrábica. Me refiero a que ya se la he chupado a unos cuantos como tú sin ningún éxito por mi parte. Hablo del acto nefando en si. Y mira que soy todo un experto en felomanías. Pero sois tan hombres que nada os surte efecto. Quereis hembra, y esto es sólo un trabajo mal realizado del que únicamente pensais en sacar tajada rápida y perder cuanto antes de vista a ese facsimil de femineidad atrófica. La sacais flácida y asi sigue durante el servicio prestado, hasta que la volveis a guardar, toda babada, sin rastros olorosos de mi Oraldine para hacer gárgaras, con el pestazo persistente aún a coño de rumana.
Pero aparte de vuestra impotencia (pareja a la nuestra, aunque por diferentes razones), lo que creo que os da la grandeza es ese trato a vuestras hembras. Adoro el machismo que os traeis. Eso de estaros tocando los huevos mientras las obligais a pedir de rodillas horas y horas. Las teneis crucificadas, subyugadas, dominadas. Y eso está muy bien. Y cuando ya se os cansa el culo, os levantáis del banco y vais a por sus monedas. Les vaciáis el cestillo y correis abrazados hasta los recreativos a gastároslo en los billares. Oh, eso es una pasada. Sois unos fenómenos. Putas gordas, parecen perdices. Vestidas de la tercera edad tan jóvenes.Y sus vocecitas desagradables de plañideras. Lo vuestro es coherente y admirable. Es el culto al macho el que entonces me domina por completo. Me empalmo sólo al seguiros. La operación de robo, grito a la mujer y entrada en los salones de juegos. Cómplices y poderosos en vuestra inmundicia. Pasando el palo del billar por la entrepierna, como caricia, prolongación del falo o simple rascada indisimulada por algún bicho travieso que os haya pegado alguna furcia de noche.

- ¿Te rompa el culo?

- Os adoro con navajas. Os adoro metidos diez en un coche robado, haciendo eses por la capital, borrachos y pegandoos una hostia contra un semáforo a plena luz del día. Os adoro fugaces, que deis palizas a los ricos en sus caserones decadentes y os largueis a otra región. No os quiero bien vestidos, como chaperos profesionales, educados y finos pero con el culo humeante. No os quiero gitanos señoritos sino silvestres, gitanos como los de aqui hace veinte años. Nunca de feria sino bordeando el río. Mirándome con desprecio cuando me veis pasar y no os saludo, sintiendo que me insultáis pero con palabras que no entiendo, como a ti ahora te pasa conmigo.
Sé que soy un poponari y sé cómo encontrarte para que me reafirmes en esta categoría tan baja. No importa que no haya sitio para que me rompas el culo, cualquier sitio es válido cuando hay urgencia de intereses. En un portal, dentro de un ascensor, en un báter de supermercado, en una cabina de sex shop, debajo de vuestro puente. Lo perentorio es el ajetreo de la enculada, deshacerme el moño, el bombeo a ritmo del tintineo de nuestras respectivas monedas dentro de los bolsillos de los pantalones al ras del meado suelo (tu siempre tienes más monedas que yo) y esa cara de mala hostia que se te pone cuando ya te he pagado y tu a lo mejor ya te has corrido y me obligas a que me largue, que me matas. Cuán diferente a la cara del principio, la de la absurda seducción, con esa sonrisa sin dientes, piorreica y fulminantemente atractiva.

- ¿Cuánto me das?

- Que vidorra os pegais. No podeis trabajar porque no teneis papeles. No os limpiais el culo porque no teneis papeles. No salís anunciados en los periodicos en la sección de contactos porque no tenéis papeles. Pero los papeles los perdéis siempre que hay fiesta. Las noches de los fines de semana, mientras vuestras mujeres hacen la calle os juntais todos en minúsculos pisos del barrio chino y os poneis a tope de cerveza y a bailar. Haceis un círculo, os mirais sudorosos, alguno se menea lascivo sin despegar sus manos del paquete, incitante, descarado hasta el punto de hacer consciente y preminente ese acto vulgar. Y en cambio, ese acto vulgar en vosotros es tentador mientras que en Michael Jackson (si, ese que algunas veces poneis entre tanta sarta de zingarismos musicales) es insípido, por ser piadosos. Os meteis mano de manera instintiva, unos segundos, nadie pone reparo al toqueteo, ni siquiera a besaros en las mejillas, os sonreis cómplices y seguis embriagados y fuertes. Porque sois amigos. El culto al macho, de nuevo es eso. Hay algo de turco, de griego, de mediterráneo en esas fiestas viriles. ¿Cuándo me invitareis a una buena?. Ya sabes que mi culo está disponible...

- ¿Te rompa el culo?
































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