04 febrero 2009

¡POST 1.800!: Apuntes macisteños

*Ayer me encontraba muy decaído. Después de unas semanas entusiasmado con mi recuperación física y con mi entrega desmedida al trabajo en el blog, la visita a la doctora me hundió de nuevo en la tristeza en cuestión de segundos. Los resultados de los análisis siguen dando enfermedad. Una de dos: o estoy curado y el problema es haber hecho la analítica tan pronto (hay que dejar un par de meses o más para que los datos varíen, o no) o persiste y si es asi es quizá porque la he venido arrastrando más tiempo de lo que nos temíamos (o porque donde esté una buena inyección de penicilina que se quiten las pastillitas). En el segundo de los casos, he precindido de hacer cálculos de quien ha podido o dejado de ser el de la infección. Lo más probable es que haya sido el scatyolista (esos granos en la cara, ese semen rojo y verruguitas en el prepucio del primer polvo allá en 2001. ¡La odisea aquella!), con quien de vez en cuando y al cabo de tres o cuatro días de un contacto me subían fiebres repentinas. A estas yo no le daba demasiada importancia, y más teniendo en cuenta que al poco las cogía mi madre, con lo cual todo quedaba en la suposición de deberse a un simple catarro (o de un virus, asi en abstracto, como decía la doctora entonces).
Si por el contrario estoy curado y hay que esperar a nuevos análisis para mediados de abril va a ser todo un soberano coñazo. Pero a esta hipótesis me agarro pues si no voy a seguir pasándolo mal. Con mis amigos y mis amantes (si es que vuelven). Y con mi estado mental. Ayer ya empezé a carraspear sin motivos. Hoy amanecí con dolor de espalda insoportable. Lo somatizo todo. Hasta el comportamiento de la doctora.
Aún me acuerdo del día que me leyó la sentencia. Estaba nerviosa. Abría ventanas. Se asomaba, como si quisiera suicidarse o por el contrario estuviera calculando la cantidad de gente que pasaba por la calle a la que bien podría haber contagiado de refilón sólo con mi aliento de Godzilla. Y ayer mismo, al entrar en la consulta permanecía agachada debajo de la mesa. Pensé que iba darme el parte de guerra con careta antigas o directamente con la cabeza introducida en un archivador. Estas suposiciones surrealistas ayer me hacían mirar al techo por si existía peligro de alucinosis (¿o se dice aluminosis?) y hoy me hacen sonreir porque son una exageración de las mías. Aunque no dudo que para esta mujer todo detalle que pueda aportar, dudas que pueda plantear le van a sonar a sórdido. Por ejemplo, insiste en que me ponga preservativo con esa persona. Sin embargo, no sé si nuestra misma saliva ya sería causa de peligro inminente. No me respondió. Que se haga análisis para no contagiar a otros, también recalca la aprendiz de sexóloga. Cuando lo vuelva a ver se lo diré, que es el que me falta. Pero me da que este chico tiene más cosas en las que pensar: su trabajo, su familia, esa chica suya que está como una pasita mientras que el está gordote y fuerte como un roble.



*Casi no he hecho nada estos últimos quince días en plan "alegrías al cuerpo, macarena". El cabrón del rumano del Lidl ya pide diez euros por polvo y no me fío. No me fío, porque en eses báteres no me siento cómodo. Luego su actitud de un tiempo a esta parte la noto bastante de sacaperras (de siempre fue un mozalbete humilde). Asi que ante la suba de tarifas optamos por una simple visualización del magnífico pene que guarda debajo de esos pantalones de chandals de bolsillos agujereados. Y me roba dos euros por un vistazo rápido de quince segundos. Se la palpo y se le hincha al instante. La última vez ni eso. Yo diez euros no se los doy. Si al menos fuera en otro sitio... pero paso de llevármelo a casa. Ni hablar (además querría ir en taxi).
Estuve con Emilio, el osito que trabajaba en la construcción hasta que el empresario que lo tenía contratado desde hacía más de veinte años lo echó a la puta calle la pasada primavera (a él y a los demás compañeros). También se puso tenso cuando le hablé de lo mío. Pero a los pocos días reaccionó mejor y me acompañaba a la compra o yo a él a sus cosas (está en la ciudad porque tiene a su madre ingresada en el hospital, que el vive en un pueblo) y lo hicimos, aunque cada uno mirando para otro lado. No importa. El no es mi tipo pero su pene consuela un chisco. Y yo no soy su chico ideal (su chico ideal sigue siendo mi ex, Jose el chapero pero ese está trabajando desde que me dejó para el viejo cabrón- el alemán-, al que mis deseos de embolia sólo parecen haberle dado vida y más vida. Carcamal de mierda, asi te pudras que me andas buscando, que lo sé).
A Tiíta Rafaelona le murió la madre de alzheimer la semana pasada. Tenían que verla como llegó dos días después a los báteres. De chandal de luto riguroso, con un velo por el rostro que le tapaba la cogorza que traía, que parecía Pola Negri cuando acudió al entierro de Valentino diciendo no se qué insensateces motivadas por la morfina y nada más. Rafa me vio. Se paró, me puso sus manos en mis hombros y con voz cavernosa, tras hacer una pausa valorativa, me dijo solemne: Mi madre ya no está entre nosotros. Y sonó un trueno. O tal vez fuera un monumental cuesco del cagón que ocupaba uno de los retretes. Le di el pésame... ¿que querían?, ¿que se la chupara allí por la memoria de la difunta?. Paaaaso.
Y punto. Tan mal tiempo hace que ni me apetece salir a buscar, a provocar a los clientes más niños en los bazares chinos, a husmear por los videoclubs en las cajas de X. Nada.
Llamó el otro día Carlos interesándose por mi salud. Tengo que pasar a verle. Con Manolo el de Toledo me comunico más, desde que le murió la madre. Ahora vive solo en su mansión. Bueno, con su impresionante colección de discos, que ya deben hacer compañía. Le hago pedidos a Amazon (no tiene ordenador, asi que desde aqui le he conseguido discos de Demetrius). Y a mi también me van llegando más seriales para luego escribir de ellos en el blog.


*El blog acaba de cumplir su post 1.800. O sea que batiendo records. No sé lo que sería de mi sin este refugio. Yo creo que ya es mi hogar. Sigo ilusionado como el primer día. A lo mejor voy por la calle y pienso en esta frase o en aquella otra. Y me río para mis adentros. O bien en un semáforo se me ocurre que mejor borro aquella palabra y la sustituyo por otra más precisa. No sé. Me absorbe el tiempo muy ricamente. Y aunque tengo ya todos los contenidos trazados hasta el mes de mayo, de pronto surgen otras historias a las que podría dar cancha antes y me pongo a cien.
Siempre encuentro un motivo para encontrarme con vosotros. Pese a que la mayoría sois unos pajeros insoportables. Tanto sexo, tanto sexo... ¿No me veis a mi a lo que he llegado con tanto sexo?. A la podredumbre espiritual y física. Que me siento sucio por culpa de ese bicho extraño que no da señales de vida ni de nada, pero que lo marcan los papeles con una cruz, que ya es la mía mientras no se solucione el caso clínico y me está condicionando lo suyo a la hora de hacer el amor con tranquilidad y sin que los alertados me miren de reojo. Y lo peor, la gran duda que marca mi existencia a fuego: cuando vuelva el scatyolista (repito, si es que vuelve, a lo mejor por San Valentín, como es su costumbre), cuando vuelva ¿podrá escupirme, mandarme un gargajo, un salivazo al ojete para que me ponga como burro o tendré que prescindir también de ello?. Acudiré al consultorio perverso para que me dén una solución. Si no, les prometo que es que la vida sexual sin amor o sin saliva no merece la pena.

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