06 febrero 2009

Estampas de santos. Por el reverendo Belcebú von Bleu


SAN WOLF RUVINSKIS

Queridos hermanos. Algunas veces vienen a mi muchachitos sin vello alguno, lampiños que da gloria verlos y me preguntan con voz quejumbrosa si es pecado practicar la lucha libre. Y yo les digo, no es pecado nada que se obre sin maldad e intenciones torticeras. Yo mismo practiquela cuando era un querubín, allá en la época de la polka. Y reconozco que en mis viajes a la India con los misioneros nigerianos Samuel Dadudi y Dudu Samulá vimos muchos de estos encuentros sobre arenas fértiles de hombres que tenían algo de mitológico y que a ojos de Dios eran tan inofensivos en su esencia como el animal más fiero que encuentren en la selva, el mismo que luego resulta manso en la calidez de la guarida. Probaban más y mejor su fortaleza física y espiritual que si lo hubieran hecho en otros deportes grupales basados en la mala hostia y el incumplimiento de toda regla civilizada. Y se ganaban buenas rupias.
La lucha libre, si es mexicana, es doblemente noble. Pensemos en nuestro santo de hoy. Wolf Ruvinskis, un ejemplo a seguir. Un ejemplo, además, de atleta que vivía la amistad con otro igual desde la mística más inquebrantable. Mas por culpa de una Eva, de una mujer mala, aquel vínculo entre ambos se rompió. Y quienes antes eran amigos después fueron rivales a muerte. Aquella damichuela, de cuyo nombre no querría acordarme pero que Maciste me obliga a hacerlo pues sé que Miroslava (asi se llamaba) le gusta tanto o más que Wolf, obraba desde el capricho, por el mero gusto insano de corromper, no porque quisiera a ninguno de los dos hombres. Al final, triunfaba la desolación. La maldad vencía, pero sin el regusto de esa Jezabel. El final es vacío (para ella, para todos), siendo el principio tan lleno de virtuosos combates. Era una cinta titulada La bestia magnífica (1954). Inolvidable para muchos. La primera vez que se afrontó este deporte (toda una religión en Mexico) tomándolo como centro argumental y desde una óptica seria. Más seria que las aventuras del enmascarado de plata, a quien no he traído hoy precisamente por eso.
El fornido, magro Ruvinskis, oriundo de Letvia, tambien fue Luchador magnífico, galán de los años cincuenta, luego cubierto por máscaras ridículas en la siguiente década. Y también se vistió de centurión romano. Pareció entonces un bello híbrido de Jorge Mistral (su rostro) y Victor Mature (su cuerpo), dos hombres que "de antiguo" causaron sensación.
Y no teman. Rocense lo que quieran. Si su alma es pura, no importa que su carne goce. Usen, por si acaso, esparadrapos especiales en su genitalia para impedir que aquello crezca y esto les haga sentir incómodos. Beban del bromuro si aún asi tienen problemas de hinchazones. Siempre estarán granjeándose dos aspectos muy importantes en este mundo: la camaraderia y el amor viril. Y de ahí estaremos a un paso de la salvación, legionarios de Cristo.

AMEN

1 comentario:

alvaro Locx dijo...

Hola pues genial, yo soy gran admirador de wolf llegue aquí buscando imágenes para un topten y bueno te invito a verlo.