05 febrero 2009

ESCALA EN HI FI. Por Cordelia Flyte

ELURRETAN y Momo eta beste izaki batzu (2008)

Ir al monte sin prisas

Agradezco a este duo guipuzcoano todos los agradables ratos que me han proporcionado en la soledad de mi habitación desde que los conozco. Mi ignorancia del euskera nunca fue ningún hándicap para no poder disfrutar de esas estampas sonoras repletas de belleza incomparable (que diría Aramburu). Eso era al principio, claro. Luego me fui a su página web donde me las traducían y si bien todas son aprovechables bien es verdad que con más de una vez llevaba alguna que otra sorpresa. Por ejemplo, en este últmo disco, de tantos cortes y planteado a un nivel conceptual (con el eje de Momo que va y viene, como un gato travieso y desconcertante), predomina el naifismo. Las pequeñas cosas, los actos domésticos, la expresión infantil típica de los cuentos o las tonadas de parvulario, lenguaje para ikastolas en tecnicolor y adornadas por el mundo imaginativo de las Vainicas. Y yo pensé que era otra cosa. Una siempre que escucha a grupos vascos cantando en euskera, aunque lo hagan a lo dulce, cree que lo que cuentan va relacionado con la rabia y la autodeterminación de un pueblo. Y hete aqui que Elurretan vienen en son de paz, aunque también sepan ser gamberros. Su conocimiento musical ya no sólo del pop anglosajón o estatalista sino del autóctono, de gran riqueza compositiva, es inconmensurable. De lo último daría constancia el hecho de que su "nevado" nombre viene de una canción inolvidable de Itoiz. También estarían los más reivindicados Laboa u Ordorika. Pero Elurretan no se detienen en imitar. Experimentan.
Por ejemplo, este su último disco es un nada molesto despliegue de registros en los que predomina lo sixties, superada en apariencia o apartada momentáneamente la electrónica de anteriores, con esa sicodelia que adorna (ese sitar, esas cintas al revés), tal vez no llevado a buen puerto desde un punto de vista ortodoxo, no sé si debido a un grado alto de abandono a la locura (como hacían las Vainicas) antes que a un asunto de improvisación, o por que es un disco con tantas canciones, presto a los altibajos (y vive dios que estos no son popemas de medio minuto) con lo que conlleva esto de riesgo de saturación o densidad. Lo bueno es que el último Elurretan en líneas generales, dosificándolo en su justa medida, no aburre en absoluto.
La primera mitad del disco no tiene desperdicio. Y concretamente desde Momo tostadak jaten hasta Momo alper bat da se agolpan maravillas que no me canso de oir. Es innecesario del corte cuarto al octavo darle al stop para buscar Armario gizona, porque esas cuatro del principio te atrapan por motivos distintos y a cual más estimulante. Y fíjense que Momo alper bat da me desilusionó al leer la letra traducida, pues ese curita criticón y perra con el que aliñan una canción infantil la trasladaba yo a otros ámbitos más adolescentes (pensaba pasársela un día de estos al reverendo Belcebú para que la pusiera de hilo musical en su capilla). En cuanto a su desliz en español parecen concesiones algo tardías y con fines de abrir mercados más allá de sibaritas del indie al fenómeno extinto del tontipop nacional (aunque hecho con gran clase), a un pie entre Los Fresones y otro en La buena vida. Y aún asi, tienen ese punto distanciador que los salva de un mundo de piruletas tan lamidas ya (aunque por la letra se revelen como unos chicos muuuy golosos. Bueno, golosos de supermercado y de los pies, fíjese usted).
Y ahora que menté a La buena vida, vecinos y grupo con el que los han llegado a comparar, podría dar mi opinión al respecto. Si La buena vida del principio bordaban las canciones seminaristas, de excursión y camping gas lo que hacen Elurretan cuando se ponen animosos es exaltación de la romería y fiestas populares vascas. La diferencia que habría entre Voces amigas y Oskorri. Armario gizona es el cúlmen de la parranda etílica y el buen rollo fraterno. Una de las tonadas más levanta- espíritus que incluye este disco con su micro caos, sus caprichos que a veces rozan el capriccio y sus brotares de ideas. Pero por encima de todo, con unas letras que llegarían a lo máximo en mi favorita de todas y que aqui transcribo. Me refiero a Abesti bat sortu nahi nuike. Quisieron hacer una canción y les salió un PEDAZO de canción.

Quisiera hacer una canción,
Un bucle,
De colores y tranquilizador,
Entrar en él,
Un espacio bajo el agua,
Un vientre materno,

Quisiera alegraros un momento,
Un puzzle,
Y vivir soñando con la pieza que falta,

Quisiera hacer una cuna,
Y mecer todos los corazones
Suavemente por la noche,
Y dejarlos en paz por la mañana,
Coger de la mano a unos niños,
e ir al monte sin prisas,
Mirar atentamente a los renacuajos,
Y saludar al gato

(juego de palabras improvisado: decir palabras en euskera
o nombres propios que den sueño!)

Callaos!
June y Libe van a contarnos un cuento:

"En el pueblo de mi padre hay un gato que cuando le acaricias se queda donde está"

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