02 febrero 2009

Calendar boy


El chico de febrero


CHRISTIAN ENGEL

Como sabréis los incondicionales, de vez en cuando las hojas de mi calendario personal se llenan de chulazos a la antigua usanza. Y Christian Engel es uno de ellos. Consigue serlo pese a que estemos en tiempos muy jodidos. Encontrar a ese "hombre de verdad" que reclamaron en su tiempo Canut y Berlanga no es tan fácil entre tanta caterva de frikis del músculo ( en la época del Deseo carnal los dinarámicos andaban muy metidos en el rollo del fisioculturismo. La portada lo decía todo. Aunque esas espaldas de chulazo a las que se aferraba Alaska seguro que no serían las de ningún adonis tan impactante como los que ocupaban las portadas de las viejas revistas tipo Young Physique o Tomorrow's man).



En cambio, Christian Engel sí que parece haber salido de ellas. Si hubiese vivido su juventud en los Estados Unidos durante los años cincuenta hubiese sido un firme candidato a pasar por la cámara de Lon of New York o Bruce of L.A. Jerry Ross palidecería de envidia ante un inquietante rival. El explosivo Harry Bush quedaría noqueado y para siempre con su polla fija en la cuadrilla de surfistas que tan bien nuestro chicazo podría haber abanderado, dado su rubio natural casi californiano.
Y, sin embargo, Engel ha surgido en plena boga de las musculocas desnaturalizadas, de los vigoréxicos hasta la náusea. Y no es un all american boy, sino que nació en Berlin.



Lo que más nos debería llamar la atención de buenas a primeras, es que este macizo ya tiene treinta y dos años. Por su jeta le echaríamos veinte. Lo que son las cosas... Su físico es perfecto. Apolíneo. Civilizado. Yo diría que sobrenatural (sino llegase a sudar). Visitando su myspace me gusta que quiera dejar clara su profesión de entrenador personal y modelo de fitness. Suena serio. Creo.



El que haya pasado por la productora musclegallery no debería implicar que se prostituya (para eso está el modo fino con el que se enfocó su filme, de lo que hablaremos a continuación), y menos aún que sea homosexual (al menos el se define como hetero). Pero esta incursión en videos privados para un público directamente gay que aman los músculos masculinos, no deja de tener su enjundia.



He podido descargar hace meses la aportación suya a esta web y el mozo ha sido tratado con un sentido de lo estetizante inusual. Asi como cuando los brasileiros de turno, latinos en general son inmortalizados en paraísos tropicales, donde existen lagunas donde se bañan con lentitud y recreo, casas de bambú ideales para una mayor intimidad de solitarios; o los afroamericanos y paisanos del Este de Europa en una vertiente más chulesca, con un pie en la puerta de la discoteca y otro en la tarima para go gós, con Engel se ha querido empastarlo en la Antiguedad clásica.
Su paseo por palacios germanos, testimonios de una arquitectura prusiana, sus coqueteos y hasta insolencias de niño grande con las estatuas heroicas a quien el no tiene nada que envidiar revelan un poco sutil modo de apartamiento de unos clisés muy vulgares que hasta ahora convertían a los modelos en pura y dura mercancia carnal de la era contemporánea.



Christian Engel, aunque en exteriores siempre vaya en vaqueros, consigue la magia anacrónica de transformarse por unos momentos en un Apolo de Belvedere en blue jeans, robando el corazón (y la cartera) ipso facto de profesores de Arte que sigan sus andanzas, tan parecidos éstos a los que salen en las pelis de Ventura Pons y a otros tantos refinados con tendencias indisimuladas al kitsch olímpico. Porque esa primera parte del filme privado de Engel es kitsch extremo. Neoclasicismo que se desvía de sus normas oficiales cuando en un recodo, en el umbral de una puerta de piedra el jóven nos sale con una picardía de medio bajada de pantalón. Acto que volverá a repetir en un precioso jardín intransitado, Pfaueninsel para pavos buscones, pero que yo lo sitúo en mis fantasías en Atenas, donde a lo mejor en tiempos lo frecuentaron dulces griegos al encuentro del maestro Platón; o, por no apartarnos del mundo de la imágen, en Italia por los propios Giancarlo Giannini y Laura Antonelli pre coito in flous en aquel Inocente viscontiniano.



Después de estas veleidades turísticas, donde lo poseur cobra una fisonomía hurtada a unos patrones directamente sacados de un museo, Engel se precipita en ese apartamento al más tópico exhibicionismo para voyeurs con Mastercard. En traje de Armani ya lo deja muy bien clarito: Watch and enjoy. Y lo que viene es lo de siempre. Espejos y camas, duchas y sofás. Múltiples tangas y triunfo de la marca Calvin Klein.
Me escama que confesándose hetero nos muestre el culo con tanto desparpajo. Que sepa utilizar ese soberbio tesoro tan bien (sus pasitos a ninguna parte, girando las caderas, con la única intención de que una nalga suba para que la otra baje quedando un efecto visual subyugador), pero manteniendo ese grado de decoro y buen gusto necesario en un jóven que, recordemos, es un profesional del gym, no de la cama (y de muerde almohadas), con lo cual no nos enseña jamás a las bravas su divino y sonrosado ojete, todo lo más se lo intuimos en alguna inclinación modesta digna de reumático.



Es obsesivo el regodeo cular de Engel. Por su parte y por el cámara. No digo que no lo merezca. Pero pasada una hora de metraje uno ya está un poco empachado. Y corrido, lo reconozco. El también se corre, un par de veces. Su pene es delicioso. Como todo el conjunto. No le encuentro imperfecciones al chulazo. Parece un artista de cine, como dirían los antiguos. No los antiguos romanos, sino los que disfrutaron muchas sesiones con las pelis playeras de Annette y Avalon (repletas de chicos así). Espero más videos. Los hay, sin duda. No tantos. Y más estandarizables. Pero no creo que se prolifique. Hay que patentarse una dieta. Guardar las formas. Y sin tantas pajas, que nos estropean el cuerpo.








2 comentarios:

filomeno2006 dijo...

¡Menudos bíceps! ¡Cómo para echarle un pulso!

maciste II dijo...

Si, un pulso si.