18 febrero 2009

Apuntes macisteños

* Pocas novedades personales esta semana. Seguiremos con el blog en este estado preliminar permanente. Sin cambiar un ápice los contenidos, al menos hasta que vengan los calores, que será cuando habrá que aminorar el ritmo e ir incorporando algun estreno que otro. Tengo perfiladas unas cuantas semanas especiales. Por ejemplo, estoy completando mi colección de cintas en solitario de Jerry Lewis. Un tipo como éste, por todas sus connotaciones monguísticas sería imperdonable que lo excluyésemos del blog.
Cada vez aumenta mi rechazo por el concepto de belleza que impuso Hollywood con sus máximas estrellas, destinando la fealdad a los villanos (masculinos, pues las féminas molaban guapas y más ardientes que las buenas, a no ser que fuesen lesbianas, entonces sí que podían ser feas pues malas ya era su sino) o los cómicos (una cara desagradable siempre despertará mayor hilaridad que si el que intenta hacernos reir es un Robert Redford). Y, claro, Jerry Lewis entraría en el segundo de los apartados, sólo que con un plus a su favor: fue el máximo representante cinematográfico de la enfermedad de Dawn, individuos que adoro y a los cuales imagino en un Hollywood paralelo dándonos lecciones de humanidad, ternura y esfuerzo personal. Y por supuesto de un sex appeal orientado a paladares finos. ¿Se imaginan ustedes un Clark Gable mongo, una Carole Lombard retrasada, un Errol Flynn paralítico cerebral, una Katharine Hepburn tonta del culo?. Fascinante. Y sin tener que esperar a sus debacles, o a Marilyn. En plena lozanía, en comedias de amor y lujo o de aventuras por l0s siete mares. Jerry Lewis fue quien más se acercó a mi fantasía. Y sublimando sus idioteces con una tendencia al delirio cartoon, ésto último gracias a su trabajo con un director tan loco como Frank Tashlin (el Tex Avery de la imágen real).
Ayer vi Un chalado en orbita (1966. Gordon Douglas) que digan lo que digan sus exégetas es muy flojita, pero que es perfectamente inolvidable por el diseño de la nave espacial y por la música. En ambos casos, se trata de un filme muy pop. Lalo Schiffrin colaboró además con Gary Lewis (el hijo de Jerry) y su grupo The Playboys en el tema titular, que a mi me da que luego dio pie a una adaptación al español que interpretó en su momento Teresa María y Los de la Torre con el título de Platillo volador.
Pues eso. Que adoro a los mongos. Sobre todo si estos son culones, que lo son casi todos (al menos los que yo conozco). Hay uno precioso cerca de donde yo vivo. Siempre en chandal porque yo creo que va al gimnasio (para bajar pompis, porque del resto lo encuentro muy proporcionadito). Al no saber como se llama yo le he bautizado Brendan (como el Brendanmuscle del Youtube, si). Pero este es mucho menos grimoso que el americano. Es super real. Guapísimo. La piel blanca y algo sonrosadita. Lo malo es que siempre va acompañado de su padre o su madre (gente mayor que indica que ha salido así por lo tardío. De hecho yo también fui un niño tardío, con lo cual...), Me es imposible raptarlo, o al menos, meterle mano. Está demasiado controlado. Y el es celoso de su cuerpo. Mira siempre a ver quien está detrás porque siente el aliento del salido a la legua.
Recuerdo que la última vez que lo vi había entrado con su madre y una amiga de ésta en una boutique de ropa íntima femenina. Estuvieron mirando ligueros y braguitas de fantasía con pespuntes preciosos. Yo desde el escaparate me fijaba en todo (lo de él). En su comportamiento, en su atención ante unas caladas como de encaje que le hubiesen sentado divinamente de habérselas comprado. De hecho, si fuera mi perro no me importaría regalárselas. Tiene un culo formidable. Sólo verlo apoyado en el mostrador de aquella manera escandalosa, izado y las piernas ligeramente abiertas ya era un espectáculo que arrastraría masas (allí sólo arrastró a las empleadas que no paraban de moverse absurdas con cajas de aqui para allá sólo por el placer de pasar por detrás del enfermito y verle la postura). Ese bien que posee al final de su espalda es idéntico al de la pedorra Jennifer López pero mucho más limpio, más higiénico, más recio y sublime. Que para algo está hiper cuidado, dentro y fuera del baño. Aparte que la latina esa de culebrón ya es vieja, ¿no?. Este representa lo que tiene, sus dieciocho esplendorosos abriles.

* Hoy he visto también en la carnicería del supermercado Gadis al carnicero de los domingos. Aquel muchacho tan impetuoso al que la última vez que caté, vísperas de mis análisis fatídicos, guardaba la sorpresa en su ojete de almacenar semen ajeno, cosa que me había repugnado. Asi que no sabiendo de él durante semanas, sonsaqué entonces que también pudiera estar contagiado. Ser el causante de mis males o yo el de los supuestos suyos. Me llevé esta mañana una sorpresa, ni agradable ni desagradable. Ha cambiado de ubicación, pero sigue entre terneras y cachuchas. Me sonrió pero yo giré la mirada. Mañana lo saludo.
Lo gracioso es que actualmente coinciden en ese Gadis tres personas relacionadas con mi actividad sexual, uno de ellos de manera muy indirecta. Por un lado el carnicero, por otro Breogán (en turno de tarde) y por otro el repartidor de pedidos (un gordo defectuoso infumable que resulta estar casado ¡con la prima del scatyolista!. Con un mínimo contacto entre ellos, la orgía puede que esté asegurada).

* Y en cambio yo sigo con mis abstinencias entre comillas. Todo por la maldición de mi mad doctora, María Esther, a quien ayer vi sentada en una cafetería como una fulana cualquiera. Debió tener turno de mañana. Estas tardes son tan aprovechables para el paseo y el tentempié que no es raro encontrarse hasta a profesionales de la medicina haciendo un exceso (estaba tomando alcohol). Me miró pero yo iba con cara de asco y no retiré la expresión ni aún cuando nuestras miradas chocaron unas décimas de segundo. Miré de frente y ella hizo lo mismo (cara de asco incluída. Pero ella con mayor justificación: sabe que tengo el bicho).
Decía que lo de mis abstinencias sexuales era entre comillas porque el sábado volví a chingar. Nada reseñable. Quiero decir que el sujeto no era nada del otro jueves. Es más, era espantoso. Un enano con obesidad mórbida y micro pene al trasluz. Pero lo que me moló es que hicimos una exhibición fenómena de nuestras habilidades sin condón en la puerta misma del retrete. Primero lo enculé a él en presencia de un garrulo de edad al que le iba el rollo. A esto que entró un pordiosero de color y se puso a mear en un cagadero. Como ví que el enano quería que siguiese con mi polla dentro de él yo no me corté. Al terminar de mear, el pordiosero reparó en nosotros. Y eso me embaló. Pero el tipejo marchó, dejándonos por micos en celo, o algo así.
Luego me enculó el enano mientras el garrulo parecía querer hacer amagos de participación. Aunque el trío no culminó en nada. Sólo que el enano en seguida se me corrió dentro, lo que provocó mi mala hostia. Le golpeé ligeramente en la cara y el tipo quedó medio sangrando por las narices. Reconozco que no era para ponerme así. Que yo también me lo follé sin él, ¡pero al menos no lo pringué!. Además soy un puto rácano. Teniendo un condón en el bolsillo no quise ponérselo porque era el último que me quedaba (pensaba que el fin de semana acabado de empezar iba a ser largo y resultó corto y aburrido. Salvo esto).

* Estoy un poco inquieto con las noticias de los telediarios locales y que afectan a mi entorno más próximo. Estoy plenamente convencido de que la puta brasileña que lleva desaparecida casi una semana y a la que andan rastreando la policia por tierra, mar y aire es mi vecina del piso de abajo. Según las informaciones de prensa, la calle coincide, los datos de que comparte piso con otra y tal también. La maldición de mi edificio por lo tanto prosigue, como si se tratara de la polanskiana casa de Rosemary. Les recuerdo que mi vecina de puerta fue asesinada hará dos años por un cliente de manera atroz (con una barra de hierro y abandonada en un pajar). Ahora esto.
La chica tiene treinta años y si es la que pienso (la otra guarda silencio total, ni se la ve asomarse) es maja (a parte del tema escultural era muy accesible, pues un día nos ayudó a subir el escalón del portal a mi y a mi madre en silla de ruedas). Les gustaba mucho cuando ponía discos de Cleide Alvés, Giane y Sergio Murillo. No es que me cayesen de maravilla pero ya estaba acostumbrado a su presencia, casi siempre discreta. Salvo cuando el pasado verano se las llevó la poli a ellas y a un chulo que quería entrar en el edificio a la fuerza por este mismo rollo. Entonces las taché directamente de problemáticas y poco profesionales. Pues yo, que no soy menos puta que ellas, no hago esos numeritos. Ni siquiera cuando Victor me despertaba a las siete de la mañana con sus insistentes timbrazos al telefonillo. Me limitaba a bajar en pelotas y comerle el culo allí mismo (a esas horas los botelloneros llevan suculento, muy hot el asunto).

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