11 febrero 2009

Apuntes macisteños


Debo hacer referencia a la novedad que la mano negra ha incorporado esta semana a este blog (y con los dedos manchados de su culo de viej@). Muchos se habrán dado cuenta de la misma tan pronto me busquen en google. Fantasía Mongo ha sido premiado con la etiqueta de Blog de dudosa reputación. Sinceramente, me extrañaba que no se hubiese hecho antes. Sabía que este mundo no había cambiado apenas nada desde que dejé de tener contacto con la realidad (hacer vida social, seguir los medios de comunicación...) y me impermeabilizé en mi claustro de los vicios. Con esto lo constato una vez más. Y el asunto me ha hecho sonreir. Porque incluso lo de "dudosa reputación" tiene algo de entrañable, de vintage, como del cuento del hombre del saco y la ley de peligrosidad social. De cuando los progres eran progres y los fachas eran fachas con el sexo como obsesión de ambos. Motivo de libertad para los primeros y de censura ambígua para los segundos. Asi que me sentí bien, satisfecho por el trabajo bien realizado, como un Brassens a punto de completarse (pues no soy malo, sólo dudoso). Al menos esto es lo que sentí al principio.
Luego me entristecí al ver que esto de los marcajes de blogs es algo muy extendido y, a veces, sin una justificación aparente. Por ejemplo, hay muchos sitios que les han puesto los rombos por odios a sus responsables (yo no creo tener enemigos, y si los tengo que den la cara que no soy consciente de ese tema), o por imágenes eróticas del todo blancas. E incluso por un mero despiste y equivocación. Cualquiera puede hacerlo en estas versiones antiguas de Blogger, simplemente pensando que tecleando ese apartado de la parte superior estaría eligiendole como "lugar favorito para visitar". Y se produce lo que se produce. Aunque no sé si esto pasa por un sólo click, o hay que hacerlo repetidas (y compulsivas) veces. Probaré con blogs amigos o de manera aleatoria, a ver si acontece lo mismo (es broma, nunca lo haría. Mi lado luciferino sólo lo muestro a través de la acción física. Con mis puños y patadas. Frente al rival, nunca agazapado a miles de kilómetros como zorrita que no soporta nada bien este duro invierno).
Meterme ahora con los culpables de este dulce desatino sería una historia pesada y ya muy vista en otros blogs que han pasado lo mío. Sus cartas denunciatorias, ofendidas al límite, llevándose las manos a la cabeza por tan tremenda injusticia... No, yo no. Repito que tarde o temprano esperaba una anécdota parecida. No guardo ninguna buena impresión de la gente que husmea en Internet, como no tengo ningun aprecio por la sociedad que me ha tocado en suerte. Y si me apuran, por la humanidad entera. Su doble moral, escandalizable siempre por lo mismo (por eso mismo que tanto les atrae y que les da esa grandeza) me resulta un coñazo de los más grandes (esa peli no la alquilaría por nada del mundo en el videoclub). Sería discurso reiterante por mi parte. Pero éche o que hai, como decímos por aqui. Jamás se me ocurriría chivarme a papá Blogger de algo con lo que no esté de acuerdo que hagan otros compañeros en la red. Si no me gusta desconecto y me voy a Cine-Clásico (que me cunde más), si me irrita demasiado podría pensar en dejar un comentario y, si es preciso, batirme a hostias dialécticas con el autor. Pero el resto... Uf. Me suena a tiempos del bachillerato.
Y algo de eso habrá, creo yo. También me vino a la cabeza un párrafo que escribí el pasado viernes en mis memorias de adolescencia Aquellos juncos salvajes, sobre la manera en que interpreté en 1984 una serie como Retorno a Brideshead. Quedándome con la anécdota, y quedándome mal. Pues de nuevo una mentalidad inmadura, típica de adultos de la era zapateril, han vuelto a simplificar mi trabajo complejo y excesivo en la red hasta quedarse con la anécdota de los penes pequeños y los penes grandes. Con los ojetes de los críos prostituidos y que mucho deben martirizar en tanto que tentación demasiado dolorosa para morales apolilladas.
También es curioso, y visitando otros sitios donde les ha sucedido lo que a mi constato que es general, que haya perdido visitas de manera ostentosa de la noche a la mañana. Bueno, a mi que no me lean pues no me va a quitar el sueño. El blog lo escribo principalmente para mi y para mis amigos de toda la vida. Lo que se dice que ocurre en las cabecitas de los internautas es que se cagan de miedo ante el aviso de los contenidos dudosos. Y eso ya me derrite por completo. Sinceramente, si la mitad de mis lectores se achantan por los rombos mejor que desaparezcan forever (casi todos lo que lo han hecho curiosamente son gays. Fíjense que tipo de gays estamos alimentando en este siglo XXI). Lo que yo necesito como mucho es a los valientes, a los que tengan cojones. A los que me quieran de verdad y se peleen (que no creo que haya mucho que pelearse más allá de darle al comprender) con el buscador para encontrarme. Y, si han de quedarse con los desnudos, con mi sentido de la pornografía qué le vamos a hacer, es lo que funciona mayoritariamente en la red. Pero si lo más útil de este boicot o como se llame va a ser que se va a limpiar de blandengues mi sitio, bienvenido sea.
Lo único que les hubiera sugerido a los marcablogs es que hubieran esperado con un poco de paciencia a que acabase mi obra. Estoy de pleno en la tercera y última etapa que concluiría a fin del presente año. Cuando pusiese punto y final, podrían darle las veces que quisieran al juego de las censuras. Si no lo eliminaba yo antes de un tecletazo desde la plantilla. Cosa que no descarto.
Pero como las cosas viene como vienen, poco puedo añadir. Resistiremos yo y mi equipo en la lucha (¿qué imágen voy a dar ahora ante el doctor Cebollo, insigne sexólogo en su inminente estreno?). Con tonos placenteros o agresivos, enseñando mi mundo al completo, sin medias tintas ni ñoñerias que bajo un pretendido buen gusto esconden profundos pudores ante lo de siempre. Tal vez me plantee en breve desactivar la zona de comentarios. ¡Para lo que me sirven!. Sólo pensar en los que me han dejado bajo la egregia figura del gentleman Leslie Howard es como para cortarse las venas. Y no digo que la culpa la tenga el público al que he atraido inconscientemente. Carlos me recomendó alguna vez separar temáticas y crear diferentes blogs para cada una de ellas. No sé. Eso sería un poco aburrido. Fantasía soy yo, con todas mis dobleces, complejidad y pasiones. Con todas sus consecuencias.
Quiero ser del todo Brassens. Mientras, sigo en la cueva, con un montón de artilleria dispuesta. Y como la Garbo I want to be alone!. Más que nunca.


PD.: Dejo para otro día mi relato con las aventuras increibles que me acontecieron en un bazar chino con don Fulánez, porque si las incluyo aqui hoy se iba a romper el clima de tensión total (¡Ja, ja, ja!)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Sepa usted, dear Maciste, que con la filfa del danger casi no puedo entrar en su página. Me muero de la pena si ocurre tal eventualidad... ¿No hay nada que usted pueda hacer?

Suya afectísima,

Louella

maciste II dijo...

Eso debe ser por los cookies de su ordenador. A mi también me pasó en su momento. Entonces me fui a configuración del google, elegí opciones y en la zona de privacidad, clické en "mostrar cookies". Luego le dí a la opción de eliminar todos los cookies y sanseacabó. Supongo...