13 enero 2009

ZONA RESIDENCIAL GLAMOUR. Por Saba Sorrento

Hoy nos abren las puertas de su hogar Laurence Olivier y Vivien Leigh



Notley Abbey, fundada por los agustinos en el siglo XII, es una mansión (antigua abadía) situada en lo más alto del río Tamesis. Fue donada por el rey Enrique V en el siglo XV. "Tenía un poder mesmerizante", dijo Olivier. "Era fácil ahogarse en esa atmósfera. No podía permitirme estar solo. Fui un crío perdido en esta historia. Quizá la quise demasiado, si eso es posible".



Una chimenea de piedra se suma a otra chimenea en un hueco, dominando a su vez la sala de pinturas, la cual deja visibles los jardines. Era aqui donde los Oliviers divertían a sus invitados con juegos y acaloradas discusiones. Un pequeño y encantador cuarto con vistas.



La biblioteca, con suelo de madera de pino, techo con paneles y estanterías empotradas, era una de las habitaciones donde Olivier se sentía más cómodo. Su matrimonio con la Leigh fue legendario. A la altura de unos Scott y Zelda o unos Edward y Wallis.


Al principio Vivien Leigh era reacia a venir a la abadía de Notley, como comentó a un amigo: "Larry ha perdido su corazón lejos de donde yo lo tengo". Con el tiempo, ella se enamoró del lugar decorándolo de manera entusiasta con ayuda de Sibyl Colefax y John Fowler.


Invitados como Orson Welles, Marlene Dietrich y Katharine Hepburn se congregaban a la hora del almuerzo en este comedor. Los Oliviers lo habían adornado con candelabros esmaltados estilo Battersea y con plata georgiana. El periodista británico Godfrey Winn pensó que estar en Notley era como "formar parte de una exquisita charada, interpretada por un reparto lleno de estrellas".

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