14 enero 2009

Women's Lib

Por Gilda Love


SARA MORA

Es curioso que el nombre de Sara Mora permanezca como un recuerdo potente de aquellos tiempos verdes de la transición, siendo una mujer que se prodigó muy poco en nuestro cine. Incluirla en el boom del destape sería inexacto pues ella empezó en esto cuando ya todas las grandes se habían cansado de destaparse. Clasificarla S tampoco sería muy atinado pues los softs que protagonizó se cuentan con los dedos de la mano (y aún sobrarían). En realidad la morenaza y sensualísima Sara tuvo la suerte de haber hecho televisión, con todo lo que esto supone de lanzamiento fulminante hasta para cualquier mindundi. Una noche televisiva con ella, aunque fuera a guisa de comparsa, florero o ujier (esto último sucedía en el "dramático" con canciones dirigido por Lazarov Sumarísimo, donde compartió tareas burocráticas junto a otras beldades de la talla de Taida Urruzola y Adriana Vega) valdría por veinte películas juntas suyas (de tenerlas) en los cines de la Gran Vía.
De igual manera fue un cuerpazo habitual en las revistas eróticas y/o políticas (que incluían desnudos) como Lib, Interviu o Party. Es decir, que sus carnes prietas adornaron mucho los quioscos de nuestros barrios de antaño. Con lo cual, quedaría claramente prefijado que la verdadera imágen de la muchacha era la típica de una mujer pública. Esto no es una ofensa, en absoluto. No lo tomemos en el sentido malicioso sino en el literal. De haber nacido en otras circunstancias y épocas Sara Mora hubiera sido vamp de cine negro made in Spain, amazona de la serie B u- hoy mismo- estrellona de los reality shows. A su vez, gracias a la fiebre sexual que sufrió este país, osó unas cuantas veces lucir su palmito mediterráneo en teatros y cafe-teatros, aprovechando el éxito de obras permisivas en estes terrenos como Oh Calcuta o como aquellas "andaluzas lozanas" vistas por el cachondo Alberti (sus títulos: Barbazul y sus mujeres o Con las tres en la cama estés, ninguna sacada del repertorio de la Membibres o de las alcobas de un Lubitsch, como podrán deducir mis lectores centenarios).
Sus destapes nunca resultaron groseros. Cumplió a rajatabla con su voluntad de no meterse en lo explícito (negándose de paso a que ninguna señora bajase a su monte de Venus) y en los berenjenales porno del cambio de década. Optó de cara a una imágen pública por pensar a lo liberal, con todo lo que esto implica: ser frescachona en las entrevistas, admitir que había probado tantos hombres en su vida privada que le era imposible dar una cifra, que adoraba a los travestíes y transexuales (con Eva Robin y Ajita Wilson rodó la primera parte de Evaman, luego La pitoconejo) y que los gays le ponían mucho.
Si quieren recordarla mejor, traten de buscar su escasa filmografía en Internet o bien en algún videoclub en liquidación perpetua que mantenga VHS's llenos de polvo y telarañas a precios de saldo. Tal vez la descubran entonces vampira de pueblo (de Transilvania) en Las alegres vampiras de Vogel junto a otras chupatintas del estilo Agata Lys y la Cantudo, perdida en tierras exóticas al lado de la nera Laurita Gemser (La mujer de la tierra caliente) o sirviendo a los chistes de la pareja imperecedera Josele Román-Francisco Algora en la del Cipote de Archidona.
Si con eso no tienen bastante o, por el contrario, no las han encontrado, prueben con un Ozores (Los energéticos), una que parece de Ozores pero no lo es (La masajista vocacional) o con ese par de eses en toda regla que jalonan su falso mito (Al sur del Edén y La frígida y la viciosa, aunque en ninguna de estas llevase la voz cantante).



3 comentarios:

filomeno2006 dijo...

Yo creo que Sara Mora comenzó a tener popularidad, al ser presentadora del Programa "Destino Argentina", que premiaba con un viaje al Mundial de Fútbol de 1978 en Argentina, y presentaba el añorado Joaquín Prat.

maciste II dijo...

El mismo año de SUMARISIMO, ¿no?

filomeno2006 dijo...

Circa 1977