27 enero 2009

SEMANA ESPECIAL: Waters 70's

Filmografia 70's


2. a) MONDO TRASHO (1969)


El primer largo de Waters es una bazofia descacharrante. Y sin engañar a nadie en sus intenciones. El propio título indica el tono sensacionalista de un patrón tan concurrido en el cine de consumo interior como fueron los diferentes Mondos. Sólo que si en estos se buscaba desde la técnica documental la exaltación de lo (en apariencia) denunciable (o simplemente expuesto) aqui el director optaba por un cine narrativo, aunque lleno de tachones, renglones torcidos y ostentosas faltas de ortografía. Los fallos de Mondo trasho no deberían empañar el vendaval de aire fresco que aportaban. Baltimore es una ciudad que poco a poco se nos va pareciendo al Berlin suburbial del primer Fassbinder. Pero en el caso del teutón sus películas pronto fueron aceptadas por el público selecto, tal vez porque entre otras cosas sus métodos de acercamiento al fenómeno camp suponían para el espectador snob un acicate completamente halagador para agudizar su capacidad de ironía (cine de Sirk, la diva de antaño entendida como enorme drag, las novelas de Isherwood con esa decadencia agónica y sofisticación depassé) mientras que el camp de Waters se restringe a un mundo demasiado local, de cine parado en aduanas por ser imposible de exportar a la vieja Europa. Campismo que sería una evolución sabiamente trazada del look de productoras Allied Artists o American International Pictures, pero también de esos ínfimos estudios que eran habitaciones de motel o casas de proxeneta de un Herschell Gordon Lewis, una Doris Wishman o un Joseph Sarno. El pensamiento maricón de Waters, amplian ese marco de referencias anti universales y le inclinan irremediablemente (como Fassbinder pero sin ese sentimiento nacional) al melodrama escandaloso, al cine denuncia para que te empalmes, al glamour de un Hollywood extinto y del que sólo queda ya un cementerio de estrellas difuntas, un old Hollywood más cercano a la parodia sarcástica de Mike Kuchar o Jack Smith que al minimalismo exasperante de Warhol. Y Divine es el espejo deformante en el que una Mansfield decapitada, una Taylor etílica y bola de sebo o una Mae West curtida en clamidias se reflejaron para revolverse de inmediato en un rictus de horror.
Mondo trasho en su falso cine mudo, pretende que nos revolquemos en las inmundicias de un cine pobre a conciencia mientras que al hacer un guiño al lujo de anteayer estaría aclarándonos que eso no era sólo privativo de la baratura Z sino que incluso en la aristocrática productora MGM algo olía a podrido. Y como nota disonante a tanta cagarruta rosácea, la rebeldía de la cultura rock (la de los pioneros. En su caso, ¿Little Richard?).
La banda sonora es desquiciante. Música pop de los años cincuenta y sesenta, a veces en mixes caóticos, altisonante música clásica para momentos de pompa y circunstancia, yuxtaposiciones sonoras de discos que se pisan unos a otros y, de fondo, la voz en off de una Divine que en tanto que papagaya del cine silente ya estaba reclamando el invento del micrófono (bien para metérselo por la cloaca, bien para soltar sandeces con deje grand style).
Sangre, sexo y ¡al fin! religión. Términos nunca antagónicos como nos enseñaron el Antiguo Testamento, Cecil B. DeMille y los curitas desde el púlpito. Waters no se corta un pelo y en sus capillitas se folla, se meten jacos y hasta aparece una Virgen Superstar.
Explicar las trapisondas de Mary Vivian Pierce, maquillada de silent star pero parecidísima en el fondo a la rubio platino Carrol Baker sería tarea de locos. Empezaba de caperucita perdida a conciencia en el bosque. La asaltaba un perturbado fetichista de los pies y ella gozaba con sus servicios campestres. Sin embargo, la caperucita se transformaba (para deleite de desmitificadores de filias) en la Cenicienta con el asunto del zapatito de cristal. Impagable. Cuando la atropellaba Divine, tras despistarse al creer ver un hombre en pelotas haciendo autostop, quedaba inválida y sin conocimiento. La gorda se la llevaba a una clínica gore donde le implantaban sin anestesia unas patas de gallinácea.
Y de nuevo la virgen en sitios insospechados y la policia que es un estamento ridículo y agobiante al que hay que eliminar a bocarrajo. Por primera vez, Divine de rubia Mansfield tendrá a su disposición un gran final de cochiquera. Su gestualidad, sus meneos de cadera, su gruesa estampa son momentos irrepetibles de un underground que nunca se rió mejor de si mismo y de los demás como entonces.









2. b) MULTIP
LE MANIACS (1970)

En los primeros minutos de metraje Waters pretende explicarnos su fascinación por un comportamiento de la gente straight (de siempre muy conservadora) ante los actos antinatura (esa reacción a la vez de atracción y rechazo). Y lo plantea a través del público que ve por casualidad a una compañía teatral itinerante que representa "Lady Divine's Cavalcade of Perversions" (no es otra cosa que una banda de psicóticos hippys con ganas de dar la nota). Barbudos morreando y haciendo mil diabluras hasta provocarles el vómito a los asistentes que son, en cambio, incapaces de abandonar el lugar. Esta reflexión bruta, primitiva, casi un happening sin Living Theatre que lo redima, nos asombra por su libertad. Compensa minutos de metraje dilatados en los que apenas sucede nada. Es donde el diálogo cobra preminencia y nos prepara para la entrada triunfal (pura antifotogenia) de la gran Edith Massey, en su debut ante las cámaras. Edith hace de madre de la artista (o sea, de Lady Divine) pero su impacto aún es todavía un plano congelado en comparación a sus futuras colaboraciones con Waters.
Las aventuras de Divine son nuevas vueltas de tuerca a la insensatez, al sin sentido. Reaparece el tema de la religión profanada en una de las secuencias más antológicas de todo el cine del autor. Divine es sodomizado por una beata lésbica con un rosario. Al acto patético y gorrino en sí, Waters yuxtapone, en una falta de sutileza que clama al cielo (a ese cielo, si), imágenes de una pasión y muerte de Cristo que, huelga aclarar, en su óptica difiere por completo de la aportada por Kenneth Anger en Scorpio Rising (es la diferencia que iría entre un tratamiento esotérico e iconográfico al simple desmelene freak). El otro momento de oro, divino es su final. Es el gore de una Lady canibal con efectos más miserables que los de HG Lewis, incluso que los de un Andy Milligan (que ya hace falta ser pobres) y es el climax de la violación de la propia superstar por parte de una enorme langosta de plástico (el prometido en los títulos de crédito Lobstora, como para llevar a la playa y flotar con el susodicho artefacto hinchable en alta mar). Ese encantador guiño a las monster movies (con travelling exterior de multitud que grita, pero no huyendo de la langosta sino de la propia Divine que se ha convertido a ojos de la civilización en el único monstruo on earth) asegura el olfato cinéfilo de un Waters imparable en sus desmanes. Le sirven de nuevo -y como colofón-para lanzar otro dardo envenenado hacia la sociedad yanqui (aunque de prestado), al igual que pasaba en King Kong y con tantas bestias con alma de bellas. Y de fondo sonando el himno de los Estados Unidos. El verdadero peligro se encuentra en la masa, no en el diferente. Ni que decir tiene que junto a esa masa se hallan los guardianes del orden que anulan a un Divine impresionante (abrigo de pieles sintéticas, peluca Liz Taylor salpicada de lefa, babas colgando y tetas descolocadas en su hinchado estómago cual metástasis de ese cáncer de mujer). El mito que Glenn y John crearon de un estercolero se había consolidado.














continuará

2 comentarios:

filomeno2006 dijo...

Mezclas "trash" con "glamour".......Vaiche boa....!!!

maciste II dijo...

Si. El ARCHITECTURAL DIGEST con el LIB y el CLIMAX, mandan cojones. En una semana como ésta, dedicada al irónico Waters creo que no hay nada mejor.