01 enero 2009

PUBLICOS VICIOS


12. Los peligros del drunk

En este primero de año, inexistente para muchísima peña por culpa de (o gracias a) las resacas, le vamos a dedicar un tiempo a los peligros del que anda demasiado borracho (despistadillo o demasiado confiado de los amigos). Verán, vengo un poco hartito del baboserío heterosexual visto por las calles de mi ciudad esta madrugá, abordando los pavos ( a las tantas del alba y a la desesperada) a las tipas pero procurando no perder las formas (son ante todo unos caballeros vestidos de smoking de alquiler). Algo patético, pues con todo lo etílico (por sólo hablar de líquidos) que lleva uno encima, los piropos y el galanteo se transforman en torpones monosilabismos sin pies ni cabeza.
Tu boca es el peor enemigo. O te traes algo aprendido de casa y lo utilizas como fórmula infalible o mejor no digas nada. O dilo, pero vete al grano. Entonces es posible que te puedan pasar dos cosas: o que ese coñito huya sobresaltado (por lo educacional en ellas) o acepte pasar por el aro (de todos modos, nunca te fíes del escote a primera vista. Que ella luzca escote no significa que vaya reclamando tu nabo y el de cualquiera).
Sinceramente, y lo dice uno que tampoco ha ligado, pero que tampoco lo pretendía dada mi situación emocional, me pongo a reflexionar sobre el estado de la heterosexualidad del siglo XXI y se me cae el alma a los pies. Por ELLOS no ha pasado el tiempo. Ninguna revolución. Aunque ¿para qué?. Si los instintos más ocultos de cada quisque suelen aflorar en bien de una transgresión que los machitos suelen justificar por el descontrol o el cachondeíto de una situación sin malicia aparente.

Muchachos que terminan sólos del lado de su amigo más fiel (otros tarambanas de notables prendas, pero incapaces de comerse una rosca en noche tan obligada). Pollitos pera sin más consuelo que, llegados a la casa del otro, tumbarse boca abajo en el jergón mientras el compañero que ha bebido menos (y ha llorado más) le prepara a lo mejor un ponche revitalizante o una pócima para sumirlo en un sueño más profundo. Un elixir que le impida al ciego enterarse de ciertos impulsos ajenos. Como dicen por Brasil: Cu de bebado nao tem dono. Qué gran verdad.
























Y así podríamos seguir poniendo múltiples ejemplos de la falta de mujer en el hombre. Del aprovechamiento indecente que hace el hombre de su amigo de confianza. De la terrible sensación de anonadamiento que le puede quedar a ese joven violentado cuando al dia siguiente vaya al retrete y expulse de su ano sustancias extrañas, detritus que jamás ha cenado. Y la desesperación total de no poder recordar nada.
Si saben de casos similares, no se sorprendan pues se dan más de lo que uno puede pensar. Pero luego denuncienlos. Es algo execrable. Nueva variante de la violencia machista.







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