08 enero 2009

ESCALA EN HI FI. Por Cordelia Flyte


Fleet Foxes
hippismo de luxe


He descubierto un pelín tarde a los de Seattle. Pero aún a tiempo. Y en un tiempo que a mi me gusta, la Navidad. Su canción (preciosa, inmensa, da vida) White Winter Hymnal fue mi villancico más escuchado durante todo este período vacacional. Y he de reconocer que en esa primera escucha se me vinieron a la cabeza aquellos chicos gays del coro de la Iglesia, cómo se llamaban... Claro, los Hidden cameras. Nada que ver. Te pones el disco y lo que en los otros es claustro in sodom, en estos son parajes abiertos, campiña USA, lo mejor del folk con sabias dosis brianwilsonianas (¿del Smile?) en un todo que de puro anacrónico te engancha irremediablemente. Eso si no eres un purista, un coleccionista plomizo de discos sixties, esos seres que jamás podrán aceptar una mímesis tan fuera de su tiempo alegando que para eso están los originales. No les voy a discutir eso, supongo que tendrán parte de razón. Que por algo aquella fue la década prodigiosa y a ella constantemente se están orientando los talentos del presente. Que el pop se ha acabado y hoy sólo quedarían como agarraderos unos cuantos artistas estudiosos y aglutinadores de esencias variopintas a merced de sus cocteleras irresistibles es algo que debería admitir consenso generalizado.
Sin embargo, Fleet Foxes no son unos Animal Collective, a pesar que algunos críticos los comparen sin pudor. Al menos son menos nerviosos. Su disco largo de debut (pues antes hubo un par de Ep's sensacionales) es un remanso de paz. Se alcanza a dibujar en pentagramas un paraíso mágico, psicodélico pero muy terrenal y concretizado en el mapa en esos exteriores del country americano. Una evocación de lo rural con esa inclinación nacionalista nada camuflada que podría agradecer un Van Dyke Parks.




White Winter Hymnal


Una pintura naturalista con ovejeros que se drogan retrataría alguno de sus cortes. Canciones como Ragged Wood o Meadowlark me recuerdan en su espíritu al viejo Eddie Arnold y su "llamada del pastor" (por cierto un hit de las navidades de 1956, por empalmar épocas de confitura). Claro que también estaría el surfismo más manierista de los Beach Boys, pero yo en esto no los encuentro puros y duros en su apropiación. Quiet houses podría pasar perfectamente por una de High Llamas sin toques electrónicos retrofuturistas o por unos Stereolab, ya puestos.
Las sensaciones que me provocan son todas muy agradecibles y sorprendentes. Quizá sea un disparate o simple falta de melomanía lo que voy a decir pero Your protector a ratos me traslada en la imaginación a las antillas o a un Peru con un cóndor que pasa por el cielo límpido (pero sin revolverme el estómago como me pasa cuando evocan a ese bichejo ciertos inmigrantes a pie de calle: en seguida la psicodelia dulce lo inunda todo y lo salva de mi quema. Exterminaría al cóndor, lo reconozco) o, claro, ese algo de japonesería (pero no de shibuya) sino de tradicionalismo en melodías como Blue Ridge Mountains o en momentos de su espléndido Mikonos (éste incluído en su Ep de este año Sun Giant, por otro lado tan a capella sixtina).
En fín, que Fleet Foxes son un agradable laberinto camuflado bajo una estética bella y armoniosa (igual que los pocos ratos de felicidad de Martin Sheen y Sissy Spacek en Badlands). Folk rock exquisito. Para mí, la epifanía de los ángeles.




Mykonos


* Fleet Foxes en myspace

** Fleet Foxes en la wikipedia

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