12 enero 2009

EL MUNDO LOCO DE NADIUSKA MONTEZ


* Nota aclaratoria final

Cerramos esta semana la transcripción casi íntegra de mi novelucha de 1991 a la que inevitablemente, tras muchos sonrojos, he debido corregir dentro de lo que el tiempo (la urgencia del post) y mis propias circunstancias actuales me han permitido, amén de una serie de podas que afectarían a la parte última del pulp.
Creo recordar que según la libreta llegaba a su fin, siempre una de mis metas para acabar una historia por mi inventada, unido al cansancio del trabajo ininterrumpido durante ese verano en el que la parí, motivaron que optara por una solución argumental dramática (y hasta grandilocuente), dificil de creer dado el componente entre chusco y de astracán con la que la había concebido (tanto argumental como en el lenguaje). Además mis conversaciones con el exigente Carlos, que daba sus opiniones aceradas conforme le iba enseñando los primeros capítulos, hicieron que mi Nadiuska, de cara a las últimas cuartillas, se transformase en un monstruo de pretensiones que la excedían por completo en su naturaleza original. O al menos, su petardez acabó adquiriendo otros tintes petardosos que solo se justificarían a partir de la pedantería y gilipollez de su autor. He eliminado un par de parrafos larguísimos de la última aventura, porque los consideraba ejemplares de esto en tanto que mi personaje no es que se me estuviera escapando de las manos, es que sencillamente parecía otro. Esto de cara al blog me daba mucho coraje. Con lo que ha quedado me parece que se ha mantenido una mínima coherencia estilística dentra de la incoherencia global que conforma este divertimento del pasado. Y matando dos pájaros de un tiro, al erradicar también un discurso engorroso que no era más que la redundancia, constatación del regodeo del onanista con boligrafo que juega al
nouveau roman.
Sin embargo, con la inclusión esta semana de su epílogo tendrán ustedes ocasión de percatarse de ese error, pues ahora encontraremos en la figura de Paca de los Palotes (recordemos que la actriz que desempeñó en la ficción el rol de Nadiuska Montez) un vivo ejemplo de lo que he pretendido aclararles. Una cobaya para mis enésimos intentos de crear una heroina de Tennessee Williams pasada a su vez por Robbe Grillett, e imaginada con el rostro de alguna musa de la escuela de Barcelona, a las que mitificaba tanto de aquella (y esto a pesar de la autonegación de todo esto efectuada en el propio texto). Y de fondo, el siempre recurrente (agobiante por lo obsesivo) tema de la decadencia vital, del arrase anímico que supone en los seres el transcurso de los años, de la maldición de la fama efímera de las estrellas del cine (que deja cadáveres a cientos no bien el fulgor de la fama se apaga) y, por supuesto, de mi querencia extrema por el melodrama y la tragedia (esas muertes morales tan mías).
Quede pues como un candoroso ejemplo de la impostura y los errores del autodidacta novato que de vez en cuando afloraban durante el final de su adolescencia. Un pecado de juventud que, no obstante, creo que no logrará empañar los buenos ratos de carcajada que en pleno siglo XXI su recuperación me ha vuelto a proporcionar.



EPILOGO

Verano de 1982

Paca de los Palotes roncaba tan a gusto en el sofá de la salita de estar. Esa noche había terminado el completo ciclo que le había dedicado TVE. Sin embargo ella no había podido aguantar hasta el final. El himno la despertó. Pasaban de las tres de la madrugada. Era lógico que se hubiese quedado frita: ¡menudas horas de programarlas!, ni que fuera una maldita de la escuela de Barcelona tipo Romy. ¡Ni que sus pelis fueran de arte, ensayo y despropósito!. Fuesen lo que fuesen las cintas de Nadiuska Montez eran todo menos tostones de existencialistas egocéntricos o incomunicativos buscando ecos. Se había dormido porque anoche cenó de manera copiosa, cena rica en mariscos, regados con buen vino, invitada por jovencitos nuevaoleros que la habían descubierto como quien descubre setas selectas. Y claro, se quedó sobadísima. Perderse la escena final era un pecado. La última frase que pronuncia Nadiuska alguien la catalogó como "efecto catártico de hembra unamuniana" y "grito animal de decadencia y muerte". Por algo el ciclo llevaba el título de la frase de marras: I Valerio Lazarov you. Todo muy prosopopéyico.

Paca se acercó al espejo. Observó minuciosamente su rostro. Ya no podía frenar las arrugas, sus ojos ya no brillaban igual que en los setenta. Los años, que no pasan en balde para nadie, en su caso eran amenaza cruel. Envejecer era su peor delito. Pensó en su gran personaje. En el papel de su vida que esa noche habían visto morir unos cuantos modernillos. ¿Había desaparecido a tiempo o es que ya no quedaban más salidas; es decir, se había agotado el filón?.
Aún después de los soporíferos diez pases semanales, Paca seguía creyendo en la autenticidad de la artista castellana, de la Torrijense universal. Y desaparecer, aunque a la fuerza, a tiempo fue lo mejor. Dramático, pero lo mejor. Vivir el personaje como Paca lo vivió le supuso el encasillamiento. Nunca la volvieron a llamar para algo diferenete. El público había cambiado tan rápidamente que no les importó abandonar lo que ellos mismos aceptaron años atrás. Y la víctima no era otra más que Paca, conejillo de indias de unas gentes predestinadas a usar y tirar. Las leyes del consumista vergonzante (el de las salas S).
Ahora la llamaban. En ciertos círculos la adoraban. Se había ampliado el círculo del culto, ligeramente. Ya no sólo era devota de mariquitas poco leídas (y de toda la cohorte de travestíes que la imitaban). Sino que los seudos y los infras más snobs le ofrecían reintreés y premios de latón. Degustadores del frikismo más recalcitrante, no les importaría en su falta de escrúpulos deshumanizadores recuperar a Paca de los Palotes del abandono general para terminar tratándola como un objeto al servicio de su onanismo más kitsch.

La pasada noche, entre crestas y alegría, se habló de un remake de Nadiuska Montez versus Yvonne de Camp, con las dos partes presentes. Los más torturantemente ingeniosos (y pasados de coca) mencionaron con todo lujo de detalles la viabilidad de un encuentro entre la Montez y Lazarov en sus cielos púrpuras. Pero Paca ante espejos sabía las respuestas: ya no estaba para esos trotes. Aunque le haría mucha ilusión que la volvieran a inmortalizar "apoyá en el quicio de la mancebía" o peinándose los pelos del coño como dicen que la retrató un conocido fotógrafo del Madrid más marginal durante la dictadura.
De espejo en espejo, con el contestador automático lleno de insultos y murmuraciones, se metió en el baño. Se lavó la cara, se untó con cremas tan milagrosas como las armas de la Montez. Se extendió la mascarilla, buscó las pestañas postizas... Deseaba transformarse, aunque fuese unos minutos (como erótico juego de cama) en el personaje, en lo único que dio a luz en esta vida.
El vestuario permanecía inalterable. Terriblemente no se pudo volver a poner todo lo que hubiera deseado. Se encontró caderas de más, grasa de más... Hasta las botas de plástico le estaban matando. Comenzó a caminar por el pasillo, improvisando poses y encendiendo Farias. No era lo mismo. Parecía una madame regordeta, de recargado maquillaje, vulgar y venida a menos. Era la triste sombra de Queta Claver.
¿Nadiuska?- preguntó al espejo- ¿Dónde estás?. Se sirvió una copa de Cointreau. Se la tragó muy rápido. Tenía prisa por encontrarse. Nadiuska todavía tenía que estar en ella. Repasó fotografías de los rodajes: inolvidables momentos de sexo y drogadicción con Andrés García, con Mike Postigo, con Jorge A. Fantasy, con Lazarov...
- Tu me creaste, tu fuiste quien me llenaste de gloria en cines de barrio... Y por ganarme la confianza de este tipo de gente ahora lo he perdido todo -sussurró a la foto de Lazarov.- Y ¿porqué no puedo olvidar a esta mujer, porqué no puedo reciclarme , avanzar con los años...?. Trabajar con Almodóvar... O mejor, con ese que ha hecho con Poncela la de la cámara canibalista, que se muere de frío en el Madrid polar. ¿Porqué estoy estancada en este puto pasado que busco dentro de mí y no encuentro?.

De nuevo en el espejo principal. Desplazada, destapada, al desnudo....
- No hay ninguna oferta maravillosa. Los que me reivindican lo hacen como si fuese una puta vieja a la que pueden manejar. Yo no estoy para aguantar a nadie, y menos a los gays (¿de qué me sirven?. Yo no quiero ser reflejo de sus anomalías. Con las mías tengo bastante). Yo ya no doy más de mí... ni para un corto tendrían material. Y ¿por qué?. ¿Cuál es ese motivo?... Ese motivo eres tu, Lazarov.
Se acercó a la mesilla de noche. Renqueante, molida. Abrió el cajón y sacó una pistola cargada hasta el tope. ¿No había más salidas?. ¿Llegaba tan lejos la identificación personaje-actriz?. Abrió su boca para que dentro se pudiera introducir el frío cañón. Su dedo en el gatillo esperaba de su cerebro la orden de disparar. En momento tan delicado sonó el timbre de la puerta. Los pensamientos se agolparon en su cabeza (¿era Marisa Naranjo, su vecina la pesada o cualquier ladrón?. Volvió a sonar. Una voz masculina le obligaba a abrir, se lo obligaba al decirle : Te quiero Paca, te quiero.

Y un fundido en negro dio por terminada la pantomima. Con final feliz, sin continuación posible.


Es mi hombre,
si me pega me da igual, es mi hombre.
Si me abandona es natural, es un don Juan.

Yo lo quiero así, porque ES MI HOMBRE


La Mistinguet



M. Betanzos (julio- septiembre de 1991)

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