05 enero 2009

EL MUNDO LOCO DE NADIUSKA MONTEZ

LA HORRIBLE VENGANZA DEL DOCTOR ROSADO
Artista exclusiva de Opalo Movies & Lazarov corp.

FICHA TECNICA

Productor: Valerio Lazarov
Director: Jorge A. Fantasy
Guionista: Jorge A. Fantasy
Música: AC/DC y discos de Jorge A. Fantasy
Maquillaje y efectos especiales: Maria Yolanda Ibarra y Pedro Vazquez

OPALO MO
VIES S.A. Blanco y negro 70 min.
Estrenada en bares de Castilla la Nueva a principios de 1978
Clasificada S

REPARTO (por orden de aparición)

Doctor Rosado
Clienta

Nadiuska Montez
Jessica

Miriam
Pepito Carabias
Joe Rigoli
La jorobada Estrada
Anselmo
Un verdulero
Compañía de zombies de la comar
ca de Torrijas

Exito de taquilla: Nefasto
Opinión de la crítica: No la hubo



Los demonios andaban sueltos. Tanto en el hogar de los Puig como en un paraje que nuestros lectores ya conocen: el triángulo de las Desnudas, sede extra oficial de las imposturas soberanas del doctor Rosado.
Y a simple vista todo parecía normal. La habitual sesión capilar no presentaba serias alteraciones. Las clientas entraban, se mortificaban y pagaban una barbaridad. Con la quinta clienta, en cambio, ya fue distinto. Venía de Andorra, por cierto.
- Doctor. No entiendo como no me ha desaparecido el vello en la espalda aún. Es la sexta sesión en lo que va de año y no noto nada. Por el contrario, fíjese en mis senos... Es como si estuviera naciendo en ellos una pelusilla ocre... -indicó la barbuda dama.
- Si le digo que es un proceso normal el que sufre no me creería. Mis avances científicos no son la purga de Benito. Pero no dude en el milagro... Un milagro que incluiría una salvedad: requiere tiempo. En cuanto a esa "pelusilla" a la que usted se refiere es justamente el primer paso para que se produzca
- ¿Qué quiere decir, mad doctor?. ¿Acaso me deberá salir pelo en los pechos si quiero eliminar el de la espalda?
- El procedimiento es ese. No tengo otro, ya lo explique en su momento en la jefatura de policia. Y no sólo le saldrá ahí. Yo la veré toda recubierta de terciopelo, toda mi amable dama. No más abrigos de pieles pudiendo ser usted una enorme cibelina andante.
- Confío en usted, doctor. Sobre todo por lo vetado que está en España. Pero muchas veces temo volverme loca
- Para ello están las pastillas que le dí. Me iba a contar noticias de mi país, ¿no es así?. ¿Alguna novedad de esa España en transición?
- Está llenándose de barbudos. Su moda impera sin copyrights. Les llaman progres.
- Mi poder mental terminará adecuando sus ideas a mis intereses (?). ¿Algo que me concierna más?
- Si. Se trata de su hija adoptiva, Yvonne de Camp
- ¿Qué ocurre con Yvonne?
- Doctor... Esa señorita tan vistosa ha muerto. Fue asesinada, vilmente asesinada en Melilla
- Có... cómo...
- Nadiuska Montez lo consiguió al fin. Ambas estaban en Melilla rodando una hermosa película de aventuras. El duelo de las dos fue snuffísimo. Se lo cuento porque en Andorra Yvonne era muy popular y... bueno, para usted lo ha sido TODO
- No puede ser... pero si estaba perfectamente cuando me dejó por las saturnales... ¡No pueede haber muertoooo! -acercándose amenazante a la peluda clienta- ¿Quién es esa Nadiuska Gómez, donde esa vil basura se esconde agazapando su ignominia en rocosos piñeiros de provincias autonómicas falaces, qué artrítica perdida puede arrebatarme cruelmente mi invento más logrado, quién, QUIEENNN? -gritó estrangulando a su interlocutora hasta matarla-. Pero nadie se ríe de mi, todos estos años de investigación científica no caerán en el desprecio de la Martinez.... Nadiuska Pérez... ahora me acuerdo..., ahora lo veo todo claro.... ¡Ahora sé lo que debo de hacer! -bramó derramando un ácido sulfuroso sobre la finada andorrana.

Nadiuska entre tanto se estaba instalando en la habitación de Roque, el hijo yonqui de Jessica (que esa temporada no residía con sus padres porque este tipo de jóvenes o bien son imprevisibles o bien se independizan antes). Los vestidos y artilugios de nuestra amiga causaban asombro a la paleta housewife.
- Es un vestuario de ensueño, Nadiuska. Tienes tan buen gusto para la ropa...
- Tu también podrías vestir bien, querida. Lo que pasa es que no te atreves a dar el paso. Cuentas con un look que no digo yo que no sea total pero si abusas de él te cansas y cansas al pueblo
- No digas cosas. Cómo me iba a poner yo una camiseta tan ceñida..., o una falda tan corta... Pero estas bragas agujereadas ¿qué te tapan, di?
- Pues lo que pienso Jessica es que estarías monísima a la par que fresca. Es más, arrasarías por el monte y en los descampados de las ciudades grandes. Y si no te lo pones es porque no quieres, es tuya...
- ¿Me la das?
- Y la blusa también. Me quedaba algo grande, he adelgazado mucho desde que cogí la peste bubónica en las Antillas.
- Oh Nadiuska, es preciosa. Voy a dar el escándalo en la carnicería. Y huele a ti (besándola)
- Bueno, pues ya he colocado mis artilugios en los cajones. Creo que están todos
- ¿Puedo verlos? -preguntó acercándose al mueble- Son todos tan curiosos. ¿Aún conservas las gafas de rayos X de plástico que luciste por fieles difuntos?
- Aqui están. Mira, esto es nuevo... Es un Look Up, sirve para ver lo que está pasando al otro lado de la pared. Y este es el Radio Spy, para escuchar a distancia
- Es fascinante... Y lo puedes meter en la boca
- Claro, no es alérgico. Esto es un cinturón a lo Tom Jones con compartimentos secretos. ¿Te gusta?. Yo lo encuentro muy mono
- Estoy ensimismada. ¿Y toda esta cacharrería?
- Hay de todo un poco. Lubricantes vaginales, vibradores, el anillo del doctor Cebollo (que tengo que ponerle una carga nueva, a ver si me acuerdo), tréboles mágicos, llaves de la riqueza... Mi arsenal
- Oye una pregunta, Nadiuska. Es sobre tus poderes intercrurales. ¿Todavía posees esa fuerza que...?
- No lo sé Jessica, no lo sé... Me siento extraña. De todas maneras a partir de ahora deseo llevar una vida normal. Mi organismo se vio muy alterado. Por lo tanto, no quiero retarlo
- Lo comprendo. Mira, quiero que no te preocupes por Miriam. La niña está malita, pero no es mala. Mientras tenga a su padre será feliz
- ¿Aún se acuesta con tu marido?
- Está embarazada. Sólo le hace blow jobs
- Lo siento, lo siento de veras. Es tu cruz. Un día te dije que debías estabilizar tu situación. Estás perjudicándote a tí y a esa niña amongolada
- No sirvo para romper normas, no sirvo para nada. Bueno, a no ser mis guisos... Excelentes
- Cuando bajó por las escaleras con esa pinta me asustó. Está muy maleducada. Me pareció la niña ésta... la que hacía de poseída en la película de Amando de Ossorio La Endemoniada
- Es igualica ¿verdad?
- Si, grotesca. No sé porque no le cortas el pelo
- No se deja, ni cortarse las uñas quiere... Sabes, Nadiuska... Contigo aqui presiento que todo será distinto. Que todo irá mejor. Y ¡quién sabe!, hasta puede que cambie el look, que cambie de vida... En el fondo aun soy jóven y tengo bonitas piernas
- Yo si fuera tú me marchaba y me metía a puta. O de go gó mismamente estarías ideal o atendiendo una barra americana. Con las de vidas de santos que conoces, nadie se aburriría a tu lado. Si me dejas lo podríamos intentar. ¿Y esos gritos?
-Debe ser Anselmo, ya habrá llegado mi marido del ejército. Estará buscando a Miriam
A la Montez todo aquello no le gustaba nada en absoluto. Tarde o temprano debería tomar cartas en el asunto.

Rosado, personaje torturado y torturante donde los hubiere, había subido al aposento de Yvonne de Camp. Esperando su respuesta, esperándola a ella. Todo fue inútil. La hembra perdedora estaba demasiado muerta y enterrada para contestar a las súplicas de su creador. Asi que, impotente de dolor, se limitaba a acariciar su cama, a besar sus muebles, a releer los pergaminos y bocetos de una Yvonne prefabricada. Todo se le agolpó en la memoria. Y que la única culpable de aquel desastre había sido Nadiuska no le cabía ninguna duda, primero mandándola a su exilio en Andorra y ahora dándole el finiquito a titulo mortis. Tras las conclusiones, Rosado bajó a su despacho hablando solo. Entonces ordenó a su fiel Pepito Carabias que avisase cuanto antes a la jorobada Estrada y al jardinero clueco Joe Rigoli. Tales garrapatas no tardaron en comparecer ante su amo. Freaks de tormentosa existencia, cuyo único significado en el Triángulo era obedecer.
- Bien amigos. Creo que ha llegado el momento. Siempre deseasteis salir de aqui y poneros en contacto con la civilización. Pues puedo deciros que ya estais listos para entrar en acción -explicó mientras ellos sonreían de alegría- Vais a hacer un largo viaje, pero eso no os importará porque no estareis solos. El lugar es Torrijas, Castilla la Nueva (España). Fijaros en este mapa. Aqui vais. Vuestras vibraciones lo harán todo, simplemente reaccionareis a los impulsos que os dicten. El objetivo es arrasar, destruir, hacer desaparecer ese maldito pueblo. Con la Montez irán todos detrás. Y os repito que no estareis solos. Una ingente legión de seres sin alma os seguirán tan pronto os detecten. Loz zombies progres. Saldréis hoy mismo.
Rosado se retiró a sus aposentos dejando a los siervos saltando de gozo. Pepito Carabias le siguió, como quien sigue al amo que te va a arrojar el hueso.
- Señor, señor. ¿Qué es lo que le pasa?.
- Pasa, criatura fiel, que yo no encuentro más razones para seguir creando. Prepárame la cápsula cefálica que está en el estante nuclear. Ha llegado el momento de la metamorfosis.
El enano lo miró aterrado. La cápsula cefálica era el aniquile, la destrucción total, el final sin vuelta de hoja, el harakiri de los mad doctors. Y Carabias, fiel como ninguno, se escondió en el desván de la fantasía desobedeciendo indicaciones semejantes. Media hora más tarde el doctor, al verlo oculto como una rata, le maldijo y accionó el mismo la cápsula. En un intento de evitar lo inevitable, Carabias se vino hacia él. Rosado no pudo hacer más que dispararle en el corazón. Salieron de su organito pepitas de melón y jugo pegajoso que pusieron el suelo resbaladizo pero refrescante. Al verlo muerto patas arriba se encontró más solo que la una. Entonces se colocó el casco como astronauta verbenero. Todo estaba conectado, todo preparado para pasar a otro estado morfológico. Y al final de la cuenta atrás, su cabezón reventó en mil cachos, su cerebro se esparció por la cápsula en montones de trozitos sanguinolentos. La metamorfosis era la desintegración llena de pelos (mechas, trenzas, rizos, tirabuzones, bigotes, chivas, bisoñés, extensiones, peluquines). Uno de sus dos finales fatídicos. El otro ya viajaba rumbo a Torrijas. La horrible venganza aún estaba por llegar.

Alejados de aquel mundanal ruido, en Torrijas (nada menos) y en el hogar de los Puig (nada más), la Montez observaba acostada en la cama una estampita de Lazarov en tanga y rodeado de efectos ópticos dignos de pop art. La noche entraba en su más espesa fase. No podía conciliar el sueño. Sobre todo porque los ronquidos de Jessica eran atronadores, ronquidos de somnífera hembra. Intrigada por lo que estuviera pasando en la habitación de la asquerosa Miriam, se levantó. En cuanto sus pisadas fueron detectadas por sabe quien demonios, el cuarto de la niña empezó a moverse. Nadiuska avanzaba. Ahora ya eran gritos satánicos. Gritos no solo de niña endemoniada, también de hombre. Debía de estar con su padre. Nuestra heroína acercó su mano al pestillo de la puerta. La atmósfera truculenta no le provocaba retroceder. Podía más su curiosidad. Al poner la mano en el pomo, la chispa se avivó. Como si hubiese tocado un objeto de alta tensión, el cuerpo de la Montez salió disparado de espaldas veinte metros. Cuando se recuperó un poco, la puerta estaba entreabierta. Los ruidos y grititos permanecían. Como la boca del propio infierno. Nadiuska lo volvió a intentar, pero ahora la puerta se abrió sola, permitiéndole el acceso. Y lo que allí vio, por grotesco y delirante, le produjo un poco de parálisis: Miriam saltando encima del miembro de su padre. Y su rostro putrefacto y demencial le escupía sustancias viscosas, vomitonas y biliadas que el patriarca se complacía en tragar. La considerable envergadura del vientre de la poseída indicaba que el parto iba a ser instantaneo; en este caso, aborto sobre aborto. Alrededor de los seres el entorno se prestaba a mil y un demenciales fenómenos. Desde muñequitas estrangulándose las unas a las otras sobre una repisa a espadas de madera batiéndose entre si en la mejor tradición Disney, luego explotada hasta la saciedad por el rey Spielberg. Cuadros rotando a velocidad de vértigo o relojes de cuco pasados de rosca. Todo propiciante, todo valía. El infierno no era el entorno si no la niña de marras. Su cabeza, como el pitorro de una olla expréss, escupía en todas direcciones. Impresentable, para nada fotogénica.
Y como Nadiuska permanecía inalterable ante tanto desmán, la cría la quiso sorprender. Se colocó frente a la puerta aunque tirada aún en la cama. Se abrió las piernas y ordenó a su padre que realizasen un sesenta y nueve. Mientras ella succionaba el falo, el apretó el vientre con intención de sacarle el hijo de las entrañas. La Montez se aburría un huevo (vista una, vistas todas). Aún asi esperó a que se abriera la caja de sorpresas. Y el feto, por su propio esfuerzo y entre los chillidos de la menor, salió afuera. Un feto deformado, viscoso como embrión de reptil, con alas de murciélago, con cabeza de chorlito. No era semilla del diablo, era una caca ridícula que había mantenido gorda e insoportable a la posesa durante nueve meses. No era nada.
Anselmo miró a Nadiuska. Esta se limitó a dar un pisotón contundente en el suelo. La habitación enmudeció. El patriarca retrocedió hasta una esquina. La Miriam de los tics nerviosos se levantó rígida, chorreando. La Montez la miró altiva mientras se acercaba. Los pelos le comían los ojos, la nariz, la boca. Como una baby Janis Joplin en pleno éxtasis.
- ¿Ya no das más de si? -se mofó Nadiuska.
La contrincante le sacó la lengua en acto de burla (una de las cosas que más rabia le dan a Nadiuska que le hagan), inmensa, negrísima, invadida por úlceras raras. La nueva carcajada anunció que ya se estaba pasando, que la Montez tenía un límite, que le iba a partir los morros. Y el mejor exorcismo para nuestra heroína era una buena hostia en su más amplio sentido. La hostia que le dio a la posesa en toda la jeta fue tan contundente que la lanzó hasta el otro extremo de la habitación. Allí quedó. Con su cuerpo todavía retumbando, con sus ojos aún en blanco, con los gorgojeos moviendo piecitas de Lladró. Pero ya no era como antes: la niña estaba mucho mejor. La Montez sabe más que nadie, y en disciplina inglesa tiene reglas de oro.

A la mañana siguiente el hogar de los Puig parecía la casa de Dios. Y a la hora del desayuno la familia se reunió en la cocina.
- ¿Qué tal has pasado la noche, Jessica? -preguntó Nadiuska zampándose una galleta Riquilín.
- Bien, bien. De maravilla. Desde que tomo esos somníferos duermo a pierna suelta. Ahora que se ha marchado Anselmo ¿qué te parece el conjunto que me he puesto esta mañana? -preguntó sacándose la bata.
- Jessica... estás...única. Ya te dije que ese verde pistacho te iba a quedar muy bien. Mejor que a mi
- Mami, yo me voy al cole... -avisó Miriam dándole un beso a Jessica y otro a Nadiuska.
- Si, a ver si es verdad. Y no hables con desconocidos. Y no comas caramelos de la droga -respondió observándola marcharse toda orgullosa con su cartera al hombro. -Lleva muy bien el embarazo, ¿verdad?
- Ah. Claro, claro. ¿Por qué no vamos ahora al mercado?. Después se acaban los nabos...
- Si. Ven, tengo una sorpresa preparada. En el garaje -dijo Jessica.
- ¿De qué se trata?
- Si se entera mi hijo me mata. Pero me hace ilusión. Vamos a ir a la plaza en moto
- ¿Queeeé?
Y no en una moto cualquiera, en una auténtica Harley Davidson que debía haber costado lo suyo. Lo único que el yonqui de la familia no había querido vender por droga pues era, al parecer, un fetichista del cuero y el motor. Pues allí iban las dos amigas: Nadiuska conduciendo y Jessica detrás, sentada con las piernas pegadas y de lado. El aire fresco de la mañana provcaba en ellas una liberación total. En el caso de Jessica liberación más virgen y arrebatadora. La Montez potenciando eso que se denomina "erotismo de la moto" tarareó aquella canción del viejo Sergio que decía:

Je n'ai desoin de personne en Harley Davidson
je ne reconnais plus
personne en Harley Davidson
J'appuis sur le starter et voici que je quitte la terre,

j'irai peut-être au paradis mais dans un troin d'enfer


H.Davidson-BB


El lúdico viaje en la moto que corre igual que una nave espacial les otorgaba a nuestras amigas ese último aire de libertad (superior a ir en burro), puesto que en breve los cielos de Torrijas se cubrieron de espantosas nubes negras. La atmósfera se volvió plomiza -por no decir asfixiante- cuando ambas lucían su palmito en el mercado. Y es que Rosado desde el panteón de los locos bramaba. Sus emisarios ya estaban allí, atrayendo zombies como moscas. El terrible final se precipitaba sin demasiados optimismos. Desde los cartaginenses, el feudal pueblo de Torrijas no iba a quedar tan subyugado. Y la toma de poder se llevaría a cabo allí: en la plaza... pero de abastos.
En el puesto de verduras la nueva imágen de la ex recatada señora Puig se hizo notar.
- Pero si parece de esas que salen en esas revistas suecas -exclamó un verdulero.
- La nieta de Franco -opinó una vecindona.
- Creo que este cambio me va bien. De momento será en plan doble personalidad, después va a ser... diferente -contestó Jessica- Dame dos kilos de nabos, hoy tengo invitada (refiriéndose a la sinpar Montez).
- ¿No notas algo extraño Jessica? -le preguntó mientras caminaban por los puestos de importación- en el ambiente...
- Mucho progre, ¿no?. Supongo que va a llover, también es eso. El tiempo está cambiando, como cantó aquel trovador cuyo nombre no recuerdo. Me lleva doliendo el juanete desde que me levanté...
- No sé... tantos barbudos mirándonos de refilón...-pensó en alto mientras evaluaba una simpática naranja Paquito.
- Se le ha caído el monedero, señora... -señaló un extraño hombre.
Nadiuska se dio cuenta de que el individuo no era otro que Joe Rigoli. En ese instante la ola de terror se desató. Progres raros, como salidos de una manifestación pro amnistía invadieron lentamente la planta de congelados. Cuando la Montez iba a avisar a Jessica, una mano le tapó la boca conduciéndola a la incipiente vorágine. El tenebroso Rigoli apretó sus manos sobre el cuello de Jessica. Esta, muy digna, arreaba bolsazos al tun tún, dándole al torpe salteador con tal contundencia, pero de chiripa, que cayó al suelo perdiendo el conocimiento. Y es que esa mañana, Jessica había metido el radiocasette dentro. La Montez, entre tanto, estaba siendo atacada por la jorobada Estrada, profesional en técnicas orientales. Nuestra heroína sabía ser eléctrica cuando lo requería la ocasión y la adversaria, en el agresor contacto, fue repelida por la carga magnética de los poros Montez. Nadiuska aprovechó para huir con Jessica del lugar. Un mercado que, para su horror, estaba invadido por zombies de ropas de pana y foulards al cuello. Zombies devoradores que se desayunaban a marujonas en tomate o pimientos.
Nuestras amigas corrieron hacia la moto como almas que lleva el diablo. La masa de no-muertos que capitaneaban Marcelino Camacho, Virginia Mataix y Paco Ibañez se acercaban en el horizonte. El aspecto apocalíptico del paraje era una realidad total. Nadiuska intentó encender la moto. Como buen tópico, ésta fallaba. No hacía contacto ni a la de tres. La tensión de su compañera estaba bajísima, sudaba los siete sudores en la espera. Tras ellas, los zombies con el puño levantado extrañamente (algunos llevaban capullos, y murmuraban). En un instante imposible la moto respondió pero uno de ellos (parecía Fernando Colomo) se colocó delante para desbaratarles la huida. La Montez sacó del bolso una botella de perfume Peste que vació sobre los ojos del contrincante. No habiéndole producido efecto alguno, avanzó hasta colocar sus podridas manos en las tetas de Nadiuska. Entonces, en un afán desesperado de salvación, arañó con los puntiagudos vértices de la botella su cara. El zombi dolorido, se echó a un lado.
- Jessica, agárrate bien. Vamos a salir cagando hostias
Al mirar atrás vio que varios de ellos estaban desgarrando a jirones la ropa de Jessica sin que esta pudiese reaccionar. Aún asi la moto arrancó y miss Puig fue a rastras , aferrándose al sillín. Adosada a su pierna también iba Fiorella Faltoyano (muerta de seis días; o sea, opípara) . La amiga de la Montez no resistió mucho tiempo semejante presión y quedó en el suelo. Nadiuska motorizada volvió a mirar atrás. El festín estaba listo. Habían sido invitados tres zombis más (José Sacristán, Santiago Carrillo con peluca y Oscar Laduar) que cojeando se aproximaban a la ya desvanecida housewife.
Nadiuska, con profundo dolor ante tanta impotencia, puso la máquina a ciento treinta y cinco, sin ruta determinada pero debiendo sortear más cadáveres que se enganchaban al banquete exterminador. Ya nada le importaba, sólo deseaba pisar el acelerador a tope, reventar el trasto si con ello se producía la liberación. Y un grito terrible salido de su ser fue lanzado a un infinito ya próximo: ¡¡¡I VALERIO LAZAROV YOU!!!

Gritona chirriante en vetustos altavoces de cine de barrio. Clamando al cielo, clamando a su Dios para que le diese más carrete, más brillo, más mito. Sin saber nada de su destino, buscó estallidos. La carretera estaba puñeteramente resbaladiza. Por lo tanto al primer patinazo perdió el control de la Harley y su cuerpo cayó a cincuenta metros de allí. Para que nada faltase las nubes chocaron y empezó a llover un diluvio. Apestosos olores a carne putrefacta llegaban de todos los lados. Indicaban que Torrijas había quedado a merced de una venganza dificilmente saboreable. La última superviviente era nuestra amiga. Una vez más, centro de todo el cotarro. Voz cantante y falda menguante. La más indicada para cerrar el telón, finalmente.
Horribles lamentos no le auguraban visos de salvación a la bella star. Empapada por sus cuatro costados tenía que gatear hasta la moto si quería contarlo. Si quería sobrevivir y dar con la puerta en las narices a una sustituta que seguro esperaba turno tras las bambalinas. Con las fuerzas mínimas para levantar el cacharro, sentarse de nuevo y arrancar, se puso en marcha. Sin perder la compostura. Sus ojos negro azabache parecían ya no percibir igual que antes, su corazón de melón estaba frío, impenitente en su palpitar pero frío. Su sexto sentido era lo más semejante a un horno crematorio. La cabeza retumbaba como el motor del vehículo. Un vehículo que ante tan penoso trato se rebeló contra ella. Las llamas lentas pero seguras cubrían la trasera. Supo entonces que poco le restaba por hacer. Volver a rogar en alto sería humillante. Aguantar hasta el final a 180 o 200 era lo más lógico para la más lógica de todas las absurdas.
La curva mortal le condujo sin remisión al paraíso de sus sueños. Un paraíso que no correspondía con el "hoy y el aqui", según su credo. Desde ese más allá estaba segura de que vería el mundo con nuevos ojos. Un mundo donde su "doble" reinaría en breve, como prolongación de un legado zetista. Y es que Nadiuska Montez, aunque decapìtada y defenestrada, no tendría continuación. Su reinado fue a título vitalicio y si muchos dicen que lo sigue haciendo igual de bien es porque no se han percatado de la trampa: de que un doble es un doble y que Nadiuska Montez sólo hubo una. Por mucha hambre de reencarnación que hubiera tenido.
No dejó rastro, no dejó huellas, ni trozos de ropa ni mechones de pelo. Inútil acudir al lugar al tercer día pues no había verónicas posibles. Murió sin pecado por el mero placer de llevar la contraria, de distinguirse entre tantas zafias oportunistas.
La posteridad era su lugar, con todas las huellas de su arte y oficio. Como la que nunca muere, como una gran trágica hasta cierto punto. Para que toda la humanidad la juzgue. Fue exagerada y excesiva para que llegado este momento nos percatáramos de que jugó con nostros. De que pudo tener todo el público del planeta en sus manos pero que prefirió la localista vía rápida. Sin malditismos, con honradez. Como en su canción:

Soy Nadiuska Montez y a nada tengo derecho
... mi mundo es Torrijas
, el Porno Olé! mi techo

Soy una lujosa basura, mi profesión es muy dura

Soy esa perla falsa que compras como apaño

para después regalar como engaño


Mejor epitafio no existe.


FIN


M. Betanzos 1991

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