01 enero 2009

Calendar boy

El chico de enero



KIP NOLL

Este porno actor significó muchas cosas en su momento de actividad laboral. Fue uno de los emblemas (en su vertiente más hedonista) de la máxima liberalidad del hecho homosexual en los EE.UU (justamente de finales de los años setenta hasta la entrada de Reagan en el poder); fue, además, el actor fetiche de uno de los directores más reputados del porno gay (William Higgins, aún heredero de los pioneros Deveau o De Simone, pero con sus propias inquietudes y debilidades personales -aquellas que le harían más próximo a un Toby Ross que a un Joe Gage) y, además, supo reflejar en sus modas todo un espíritu teen muy preciso en su parafernalia de guardarropía y que muchos aún añoramos; esto es, un vestuario de inolvidables chandals, camisetas deportivas, bragas náuticas, calcetines blancos con las franjas encarnadas en la parte superior, vaqueros cortos y deshilachados... esos múltiples detalles característicos de un boy next door o de un estudiante díscolo y salidillo visto en algún Porkys o sucedáneos.




Presenciar un porno de Noll con sus amigos y "hermanos" es ya un retrato viviente de un mundo perdido en el reloj de los años juveniles, de una adolescencia que ya no volverá. Su banda sonora podría conjugar a la perfección a los últimos Bay City Rollers con The Rubinoos y hasta con las Irene Caras de turno. Y siempre en una soleada California, en un Hawaii donde nunca veremos nativos achinados y sí rubios y más rubios surgidos por arte de magia higginesca. Allí Kip fue el perfecto surfista follador. Estando él había un top para cada bottom. Y sus bottoms también han adquirido, tal vez por contagio venéreo impecable, categoría de iconos. Estaba Leo Ford, el pobrecito John King (de bigotillo tan glamouroso que diríase el Errol Flynn de los jacuzzis para varones), el maravilloso hunk Lee Marlin (con sabor a Falcon), el rubiote nerd Michael Christopher...



Kip, Scott y Steve

Pero su mejor pareja fue otro Noll, su Scott tan aniñado, tan flequillín, tan dócil, tan despistado... que lo pillaba - y esto pasaba siempre que veo Cuming of age- masturbándose sobre la cama de su habitación con una de tantas revistas porno donde aparecía de aquella Kip. Recuerdo este porno perfectamente, porque lo que te entra a los pocos años, aunque sea desde una sex shop infame, de provincias, nunca se olvida.
Y Kip, en este clásico entre los clásicos, resulta que venía muy excitado de entrenar al baloncesto junto al pollanco Steve York, que se había quedado en el salón mientras Kip spankingueaba al junior y luego le metía el cipote sudado en la boca y el goloso se lo mamaba la mar de bien. Sólo le restaba follárselo. ¡Y qué bien ensuciaba Kip a su hermano de lechada!.
Por entonces se follaba mejor, aunque al cabo de unos años el SIDA se los llevara a todos al infierno (John King murió en el 95, y lo enterraron con su perrito, su más fiel compañero de agonías). Es por eso, que ver vintage me procura siempre un sentimiento agridulce, entre el placer infinito y el mal rollo melancólico por la peste negra que asoló una California que los Beach Boys me habían enseñado a evaluar repletita de vegetables y de vitaminas, como de defensas vitales a prueba de bomba. El bicho iría por dentro, pero no se notaba nada.



Y Scott no paró de relamerse porque aquel nabo no salió de su culito blanco y travieso durante una hora de metraje, con el intervalo brevísimo que iba entre que se corría Kip y le entraba la del visitante del pene hasta las rodillas (Steve) que se lo enchufaba convenientemente mientras Kip no se recuperaba. Cuando lo hacía, el senior limpiaba con la lengua los desperdicios seminales (y otros restos de fiesta) que le habían dejado los activos alrededor del lindo boquete y se la volvía a endiñar para que el cachorro no llorase pidiendo más chupete.
Cuming of age
es el cúlmen del estilo Porkys orientado al porno gay. Y, de resultas, Kip sería el Matt Dillon del sexo invertido. Como Dillon, representaba a una juventud sana pero viciosilla en el fondo, o en la intimidad del after training (cuando los mozos se encuentran a solas). Chulito barriobajero, arrogante pavo de instituto, al que presupondríamos hijo de familia desestructurada y menos que middle class. Buscándose la vida muy pronto por calles eternamente soleadas, yendo a cazar ratones cuando en realidad tenía el gatito en casa.



William Higgins supo darse cuenta a tiempo y lo llamó para su Laguna Films (Noll venía de la MT, más minoritaria, onda Nova Films). Y con Higgins, la estrella Noll se disparó. Y no sólo eso, se multiplicó. Le salieron hermanos secretos a mansalva como a otros les habrían salido hijos. Vean la indispensable For You y se darán cuenta de que siete novias nunca conseguirán a siete hermanos porque estos últimos están muy ocupados pajeándose con el pensamiento puesto en Kip.
For you son sketches a base de solos de Jeff Noll, Bob Noll, Scott Noll y Mark Noll, cada uno ejecutando la paja mientras sostienen una revista del galán de la familia. Y eso ya indicaría el grado de relevancia que habría adquirido nuestra estrella.
De todos ellos destacaría el imposible dumbito Jeff, en un estado drogaínico más que subido (a veces estando de pie vemos como se tambalea el querubín). Y de nuevo triunfan los atrezzos (unas pesas que jamás osaría levantar, un jockstrap que alcanzaría desorbitadas cifras en alguna subasta de Ebay, si estas se decidiesen a pisar a fondo en el territorio infinito de los morbos gays), unas músicas (incipiente tecno trotón, pronto copiado con descaro en España por Azul y Negro) como en Cuming of age eran los posters que colgaban de la habitación de Scott (Christopher Reeve en Superman, Marilyn...), los mismos que repetían en For you (con decir que a ratos pensábamos que iba a volver a entrar Kip para darle una buena tunda...).




Higgins explotó la vena activa de Kip en numerosos títulos de principios de los ochenta, como Brothers should do it (aunque, en ésta, los Noll fueron relevados por los King, los dos hermanos por cierto con bigote similar), West side boys (con los hermanos Brennan) o Boys of Venice (habría que apuntar que según avanzaba la nueva década, sus entradas capilares algo acusadas, le hicieron perder su primera lozanía).



Kip y Lee Marlin

Pero yo me quedaría con el polvazo que se echan en Roommates él y el formidable Lee Marlin. Puro TNT. Adrenalina y descargas eléctricas. Verlos en acción es olvidarse de la limitación de Kip en el terreno de la versatilidad (siempre top), porque no le hizo nunca ascos al beso (mucho menos al beso negro), a las fellatios, a tragarse lefa de sus compañeros... Todas guarrerías con las que nunca me han deleitado futuras super estrellas catalinosas como Jeff Stryker o Lee Baldwin o Ryan Idol, por ejemplo.




En esto tambien podemos decir que Noll aportó una forma irreverente de sexualidad que ya se ha perdido del todo. Y sin que se cumpliese la maldición de que de aquellos polvos se recogiese ningún microbio maligno pues, que yo sepa, Kip Noll sigue respirando y en buena forma, con su vida encarrilada hacia el lado convencional de lo straight (esposa e hijos).
Nació en 1958, asi que ya ha llegado a la cincuentena. Uff, el puto tiempo... aunque, no lo duden: pese a que éste elemento implacable que marca nuestra existencia le haya desplazado por entero, lo ha hecho transformándolo en todo un superviviente en el retiro.

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