14 enero 2009

Apuntes macisteños

*Esta mañana temprano he ido al ambulatorio a hacerme nuevos análisis. Quiero saber si ya estoy curado o hay que reanudar el tratamiento. La puta enfermera sáfica vuelve a lastimarme. Me pica donde no es. Le dije muy seriamente que tenga cuidado, que yo no soy ningún torito bravo al que se deba rematar como sea. Curiosamente la doctora María Ester, vuelta hoy mismo de las vacaciones, me escuchaba en su despachito contíguo y me atendió gentilmente. Lo de haber practicado sexo (seguro) durante el tratamiento no tenía la mayor importancia. De todas formas si sigo con la sífilis vendrán más antibióticos. Y si de nuevo no curo con estos, habrá que pincharse la fatídica inyección.
Pues eso. Paciencia. Hasta que sean primaveras me parece que no voy a volver a esa normalidad tan ansiada. Normalidad que, de todas formas, no sé si podré ya recuperar. Jose el scatyolista aún no ha vuelto desde la pre-nochevieja. ¿Y si no lo veo más?. Perdería tanto... En serio, ningún chorbito me ha pajeado el culo nunca tan bien. Sus manos son de lo que no hay. Y sigue siendo jóven, y morboso, ese look de futbolista de barriada no creo que lo perderá jamás. Lo echo de menos. No así tanto a Victor al que quizá habré ahuyentado con mi último mal rollo. Con el sería peligroso arriesgarse. Rompe todos los condones.

* Ayer vino Pedro. Más guapo... Con un abriguito azul marino... que, por cierto, no se sacó en toda su visita. Venía a por el DVD-r y a interesarse por mi salud (probablemente por este orden). El DVD mal, no le gustó (eso dijo). Pero yo sospecho que no lo quiso porque le grabé lo gay aquello de Cadinot (Gamins de Paris es buena, ¿no?, y el rollete Kip Noll vs. Lee Marlin). El resto era todo directamente sacado de lo mejor de la Something Weird Video. Todos softs menos una. Y todas muy aprovechables. Sólo por la pintura de párpados de Rene Bond ya debería levantarle la polla a mi Pedrín. Pero a mi Pedrín, fuera de su intimidad, para levantársele la polla necesita una boca que succione. Y ayer no quiso. Porque debo curarme antes. Lo veo razonable. Pero con condón hubiera sido guay. Claro, que no se puede porque no se le levanta sin succión, lo que implicaría un previo contacto buco genital sin preservativo (y estos se ponen cuando el rabo está a punto, como bien sabe Maricón Martinez)
Lo que más me llama la atención del muchacho es su homosexualidad latente. Se supone que con quien más ha practicado el sexo ha sido conmigo. Luego estarían sus chicas ocasionales y sus novias más duraderas. Y sin embargo esto para el sigue siendo tabú cuando sale de mi casa. Un acto que no se debe enunciar ni por nada del mundo. Supongo que es uno de los tipos de homosexualidad que más aprecian los selectos (y cualquier persona normal debería también hacerlo, visto como ha degenerado el tema mariconil con tanta salida del armario, tanto exhibicionismo impúdico y tanta leche marrón). Pero a uno, que es proselitista sin pasarse, le resulta morbosamente regocijante tenderle trampas de estas, de grabarle un poquito de gayporn entre un muchito de heterolandia, sólo por ver como reacciona. Porque estoy seguro de que el disco no lo iba a ver en su casa el solito sino que se lo iba a llevar a casa de la moza para buscar motivaciones. Era realmente conmovedor escucharle decir con tristeza y susurrando: ¿Por qué me has grabado gay?. "Para que cuando ambos nos pongamos bien nos salgan nuevas cosas", le contesté yo con ojos maliciosos. Supongo que algun derecho tendrá el autor de la selección de elegir esto o lo otro (darle un mínimo toque personal), más teniendo en cuenta que servirá para dar placer a esa otra (de nuevo, el elemento femenino siempre interponiéndose en mis múltiples relaciones. Es la cruz). Por lo tanto, su homofilia perdería en ese sentido parte de su encanto decimonónico al ser en realidad una bisexualidad plagadita de doble moral y de hipocresía. Eso sí, desde el buen rollo. Que nunca hemos tenido discusiones al respecto.

* Nada excitante que reseñar esta semana. Jugueteos con pasivos. Contacto con un sesentón en el bordillo de la puerta de casa (¡qué de polvos buenos he echado otrora en esas escaleras, dentro incluso del ascensor, que era la hostia por el tambaleo que ni El coloso en llamas). Sin embargo, nada me puso a tono. Tanto frío... Salvo el domingo después de comer. Un treinteañero con aspecto sonambúlico. Ojeras, rostro de alguien algo empastillado. Dentro de las galerías comerciales semioscurecidas, inhabitadas por el festivo iba de escaparate en escaparate mirándose reflejado en los espejos. Me hizo sonreir porque esa tara también la tengo yo de toda la vida. En verano me gusta mirarme en esas lunas y espejos de probador, algunos maravillosos, donde no sé porqué mis formas siempre se ven realzadas, lo que me llena de excitación narcisista. Notar como mis nalgas se transforman en un opíparo manjar que yo trato de adornar con pantalones claros y semitransparentes me dan subidones que me provocan salir de alli dispuesto a comerme el mundo (aunque al final a quien coman es a mí, los microbios). En cambio, ese narcisismo no creo que fuese lo que alimentaba el tiempo de ese mozo enfermizo. Tenía buena planta pero yo intuía que era un maniático. Que estaba pasando su permiso dominical a lo mongo mientras no llegara la hora de pillar el autocar que lo retornase al psiquiátrico de donde había salido. Todos argumentos por mi prefigurados que me animaron a increparle.
Me situé muy cerca del esquizo. Me miré en un espejo mientras el a su vez disimulaba observar algo. Pero su ojo voló hacia mi cuando me saqué la polla semi dura, manoseándola con deleite. Y al poco rato, me miré el culo con esos gayumbos rotos por detrás (a la cutre, con tijeras) convertibles en jock strap de andar por casa... de costura. La bonita historia que improvisé con su ayuda se interrumpió al aparecer una inoportuna que también se paró en un escaparate (es normal, los que entendemos de rarezas lo sabemos, que cuando la persona se detiene para buscar lío siempre se parará en sitios absurdos. Por ejemplo, esta chica se detuvo a mirar un taladro de hombre. Bueno, ahora que pienso lo del taladro... ¡esa tipa era una descarada!). Y fín. Porque el recluta mental se largó. A otras galerías. A otros espejos.

* Esa misma tarde la pasé con Willy. Willy es un chacho que hace chapas ocasionalmente en los báteres. Huelga explicar que son mis compañías favoritas. Siempre te suelen invitar a droga. Mientras, escuchas sus gestas (que yo encuentro fascinantes por lo destroyers). Pongo mucha atención a todo lo que me cuentan pues pienso que es información importantísima de cara a poder escribir en un futuro inmediato algo similar: me ronda por la cabeza hacer una de vidas de chaperos de mi ciudad. El, por ejemplo, tiene a su padre y a su hermano en la trena. A su madre la mataron a golpes entre todos ellos en otros tiempos, aunque solo en sentido figurado. Willy pasó once años preso por un atraco a mano armada en la cafeteria de la estación de autobuses (le disparó al camarero en el pie y lo perdió). Se llevaron un buen botín de aquella pero no valió de mucho. Porque lo encerraron. Le pregunté si llevaba la pipa consigo. La llevaba. Me la enseñó. Me dejó tocarla. Me empalmé. Luego fumamos caballo (yo no suelo, mas que muy de vez en cuando). Y nos dieron las tantas en un antro espantoso, donde una doña de edad indeterminada con pinta de puta de Brassaï atendía y bailaba rumbas y a Camela. Me invitó a cerveza, había cobrado del Danny DeVito (dueño de un conocido restaurante especializado en anguilas fritas, enano ex putero con pasta, ahora comedor impenitente de rabos negros o muy muy morenos). Ni más ni menos que veinte euros por dejársela chupar. Y lo celebramos.
Y esto fue todo mi domingo. Me hubiera gustado mejor haberlo pasado con Dani, el yonqui yogurín como le llamábamos Jose el chapero y yo. Un bollito precioso, que suele ponerse hasta el culo de sustancias por las tardes metido en un cubículo de la plaza de abastos donde las verduleras por la mañana guardan sus mercancias. Con un componente delictivo detrás también muy jugoso a pesar de sus veinte años. Me llama amigo cuando me ve. Y a mi me gustaría serlo. Pero para estas cosas uno tiene que andar con tiempo (y tiento). Y yo de eso siempre voy escaso. Tempus fugit.
Amo a los ragazzi di vita, cada dia más.

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