28 noviembre 2008

SEMANA GEORGES MELIES (y 6)

MELIES (1910-1913)

La recta final de la vastísima producción de Méliès es muy provechosa. Resulta encomiable como se mantiene fiel a sus principios estéticos y a su sentido de la espectacularidad. Con la imaginación por bandera. Y la libertad del creador. Cuando ambas circunstancias confluyen, entonces nos hallamos muy próximos a ese vago concepto tan trillado que es la genialidad (y que no niego que es un vocablo que en este blog utilizo muy a menudo, aunque creo no hacerlo demasiado a la ligera). Quedarán en ese epílogo de su filmografía adaptaciones de cuentos infantiles, enésimas concesiones al absurdo y ese acercamiento inevitable (por lo que tiene de meliesiano) al barón de Munchaüsen, a medio camino entre la leyenda y la realidad, en su mundo alucinado y alucinante, de sueños y pesadillas harto transcritas por la literatura universal desde el siglo XIX.
La Star film, productora mágica por antonomasia, era devorada por la totémica Pathé. Y será en ella, durante los pocos años que preludian a la Gran Guerra, donde efectuará el canto del cisne tras quince años apasionantes. La tumba Pathé. Y las producciones más largas, conforme el cine mismo, conforme su devenir, como su desarrollo interno exigía. Acababa de filmar dos entrañables joyas caseras. Por un lado, La Locataire diabolique (1909) y esa maleta capaz de albergar todo el mobiliario de una habitación repleta, a la par que sacar otros útiles imposibles como escaleras de mano (y todo en prodigioso coloreado). Mientras que el número teatral, que es en lo que consiste Les illuisions fantaisistes (1909), le permiten probar la moda rococó en el vestuario. Y en decorados que pasan por versallescos, o al menos afines a la época del inminente Munchaüsen.




La locataire diabolique


Asi que sin tiempo de quitarse la peluca con tirabuzones, Méliès y su troupe se enfrascaron en recrear al extravagante barón (Les aventures de baron de Munchhausen, 1911). Asediado por un sin fin de pesadillas gloriosas (y megalómanas). Por dragones antes nunca vistos, lunas cascabeleras de horribles bocas y narices con la entidad de colas de reptil que se alargan con intenciones aviesas (de prolongar su locura). El vértigo prosigue. Ya nada importa. Nadie puede parar a un creador que entrega en ese metraje una serie infinita de trucos con la efectividad del alquimista en su próximo retiro, del director asediado por mil y una imposiciones burocráticas y penalidades financieras y que, aún así, siempre da más por el mismo dinero. Lástima que el público ya empezase a cansarse. Triunfaba la realidad, siempre fea pero necesaria. Es preciso tener los pies pegados a la tierra y no en un sputnik que no nos aporta nada (¡y esto en el tiempo de los zeppelines!). Europa sentía tambalearse a partir de la segunda década del siglo. Pero también la insistencia en unas premisas multiplicadas por cien, hicieron quemarse (sólo en apariencia) al prestidigitador número uno del cinematógrafo. Pongo en apariencia entre paréntesis porque creo que su perfeccionismo llegó a las cotas de más alto grado en el sprint final. La quintaesencia en A la conquête du pôle (1912). Inolvidable aparición del abominable hombre de las nieves (o algo parecido) y del que Fritz Lang en su Sigfrido (1924) pudo perfectamente haberse inspirado para el dragón que amenaza al rubio héroe. Pero antes vendría el viaje submarino, donde los exploradores son acechados por escorpiones enormes y otras variopintas criaturas no descritas como tales (al menos en ese hábitat) en ningún National geographic, una lucha contra los elementos monstruosos en una espiral mórbida que no se alejaría demasiado de la sufrida por la pequeña Dorothy antes de entrar en el colorista mundo de Oz. Nunca Julio Verne estuvo mejor tratado como cuando el Verne de las imágenes en movimiento se puso a adaptar la Conquista de su Polo.
Y una nueva adaptación de la literatura, en este caso infantil, La Cenicienta (1912) sirvieron para que Méliès se centrara con más atención y mimo en la parte del hada que transforma los más vulgares objetos domésticos en hermosos medios con los que la pobre cría pueda lograr fascinar en la fiesta principesca. Increible elaboración de la carroza de oro. No tanto el resto de una acción que es alargada innecesariamente, en tanto que ni el drama ni el sentimentalismo romanticoide casaron nunca bien con este autor.
La última película que mencionan las enciclopedias del cine sería Voyage de la familie Bourrichon (1913) y para mi gusto pone el broche de oro a esos quinientos títulos que le preceden. Porque en ella encontramos fantasía a través del recurso de los viajes, locura que diríase inventar la screwball comedy (ajustadísima con respecto a la que estaban perfeccionando ya los maestros judíos del humor en Norteamerica) y derroche de trucajes (el fuerte del francés). Es la obra maestra de su absurdo. Y del absurdo europeo. Una familia sin pies ni cabeza, anárquica (sin Ionescos que la perturben). Viajeros a ninguna parte (al menos que aparezcan en los mapas) montados en un vagón infernal presto al descarrilamiento. La familia que se hace añicos permanece unida. Siempre y cuando habiten en el universo Méliès, donde todo fue posible.





Un tributo de Periclesfilm



**Y un buen regalo para estas fiestas aqui

SEMANA GEORGES MELIES (5)

A propósito del cine homenaje de Georges Franju al mago Méliès (Le grand Méliès, 1954). Transcripción sin traducir del post publicado por David Cairns en su magnífico blog de cine SHADOWPLAY



I don’t know why Georges Franju’s short documentaries are so hard to see. Even if nobody wants to package them together as a set, they’re the best DVD extras anybody could wish for.

LE SANG DES BÊTES, of course, has served exactly this function, running as support to LES YEUX SANS VISAGE on the Criterion disc. And a fine, blood-soaked pair they are.

But why has it taken me this long to track down LE GRAND MÉLIÈS, albeit with an English dubbed V.O.? This one could not only fit with a Franju feature nicely, it could also be packaged with Georges Méliès films. The possibilities are quite literally several.

Franju begins at the end, getting the sad bits out of the way, as he puts it, before introducing us to Mme. Méliès, played by the real Mme. Méliès, and Georges Méliès, played by Melies Jnr. The casting is cute and works, and was facilitated by Franju’s role as co-founder of the Cinemateque Francaise. Mme. Méliès had been a friend to the institution, supplying a nude portrait of herself to the museum, although with the stipulation that it should only be displayed from the shoulders up.

At this point, aged 90, she looks exactly like a Ronald Searle drawing of an old lady.

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Then comes the best bit — although later sequences illustrating Méliès’ techniques and tracing his entry into film are also admirable.

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We meet Méliès, retired from film-making, at the toy shop be ran in a Paris railway station. Two children come to buy geegaws, but haven’t l’argentto pay for them. Kindly M. Méliès gives one boy a trumpet anyway, but when the little bugger keeps tooting it in an annoying fashion, the old wizard distracts him and his companion with a display of legerdemaine.

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A wallet of coins is produced. The children are impressed. The coins are vanished and then reproduced. Wonderful. Then M. Méliès transforms his head into a bouquet of flowers. For real.

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“Uh, okay… Back away, slowly.”

Franju cuts to them running, backwards and in slow motion, up the steps from the Metro to the safe, rational outside world.

Purists may argue whether this can really be called documentary, but it’s a lovely sequence, dovetailing from a kind of dramatic reconstruction into sheer fantasy. The flower-headed Méliès is a figure from Dali rather than from Méliès’ own work, connecting with the bird-headed avenger in JUDEX, himself influenced by Max Ernst rather than supposed inspiration Louis Feuillaide. The fleeing kids in reverse is an echo of LOVE ME TONIGHT, where a fox hunt is seen softly galloping backwards. And the setting is returned to at the end of the film, where we see the toy shop transformed into a florist’s (as it was in reality), where Mme. Méliès goes to buy flowers for her husband’s grave.

Now that’s magic!


FICHA TECNICA

Intérpretes

Jeanne d'Alcy: Ella misma

François Lallement: Narrador (voz)

André Méliès: Georges Méliès

Marie-Georges Méliès: Ella misma / también voz: narradora

Productor: Fred Orain

Música original: Georges Van Parys

Duración: 31 min.

QUE LE DEEEN

Por Maricón Martinez
(colaborador decano de este blog)


Bueno. Dejemos a Maciste que siga en su mundo de fantasía rancia. El ahora está con el Meluises, que ya veis que sosainas... Aun si fuera la Melita y nos diera consejos para utilizarla mejor... Cada loca con su tema. Yo aqui no vengo a aburrirles. Lo mío es el homenaje a mi manera. ¿Quién no conoce a Tom Katt?. ¿Usted?. No me sirve. Desconecte ya. A Tom Katt lo conoce hasta Dios.



Porque ahora se lo cuento, ¿sabeis a quien me encontré el otro día en la capilla del reverendo Belcebú oficiando el santo rosario?... No se lo van a creer... pues a Tom Katt. Que ahora se ha hecho curita. Del porno gay al curismo. Increible pero cierto. Y le pregunto, Tom Katt, Tom Katt, ¿me reconoces?. Y el me respondió "os reconozco a todos. Sigo el blog". Me quedé muerto; más que muerto, knockoutado (?).


¿Y quien es el de "nosotros" que más te gusta?. Y el respondió, entornando los ojos al cielo como Charlton Heston en el filme con oscars Las Bienaventuranzas del tío Cecilio: Prefiero a Maciste. Me sonó a bóveda aquello. Claro, lo prefiere a él. Se piensa que es un físico sobrenatural. Y no. Desmiento rotundamente que Maciste se dedique al fisioculturismo. Es un alfeñique total adicto al método Charles Atlas de los cursos CCC. No como Tom Katt, ese si que fue. Ahora lo encuentro espantoso con esa sotana y ese cuerpo de monstruo anabolizado que sólo puede gustarle a la Alaska y sus secuaces de las cabalgatas. Qué cambio dio este chico. Y no sólo espiritual. Por ejemplo, me dijo que es heterosensual. Y yo eso no lo concibo.



Porque, vamos a ver... ¿Qué interés tendría un heterosensual de que le dejen tan obstinadamente el culo como la boca del volcán que se tragó a la pobrecita Dolores del Rio en Ave del Paraíso?. Yo creo que no debemos hacerle caso en este aspecto. Renegar del acto non sancto... Exageraba, él exageraba. Pero sobre todo cuando tu vés sus películas de principios de los años noventa sí que te gustaba el físico. Y hasta le encontrabas un parecido con Tom Cruise, que no se parecía tampoco una enormidad, pues todos los que conocemos el porno invertido norteamericano sabemos que el que en verdad se le parecía era un panoli pasivo llamado Tommy Cursi (vamos, con ese nombre artístico es que si no se le llega a parecer era para matarlo). Tom Katt tenía un aire en el frontispicio, mismamente de cuando Cruise hizo aquella del mosquetero estrábico que se lió con la Koo Star.. ¿cómo se titulaba...?. Lo tengo en la punta pero mi estreñimiento mental me impide fistular la nominancia correcta.



Tenía un cuerpo muy bien proporcionado. Pero es que luego, como todas, se volvió loca... Quiso ser titánica y acabó siendo hipertrófica, que es lo opuesto. Sólo come acelgas y pepinos en vinagre. Le gustan, me dijo, las mujeres de abrigos de pieles y desnudas por debajo y las negras en general. Me comentó que le chiflaría hacer un cortometraje con Méliès (a ser posible un remake de Marianela, con él de Marianela), que le enloquece el grupo The Priest y que no quiere poner su culo mítico nunca más en pompa. Nada más me dijo, porque luego en un aparte le estuve tactando el recto con unos guantes de kickboxing y le pica la perrecha. Considero que padece prurito con rebozados de setas a la caminosoriasis. Es más, me pareció que el hombre todavía tenía mucha fiebre dentro de sí. Me dejó ponerle un termómetro, mismamente y marcaba las cuatro y media. Una pasada.



Peludito lo tenía, no como cuando llegó de su Georgia on my mind. Como verán en las fotos. En fín, admírenlo que yo me bajo a buscar chulos, que tanto teclado, tanto teclado, fluyen textos y las dos uñas rotas. Te quise, Tom Katt. Pero ya no te quiero. No eres ni la sombra de lo que fuiste. No te jodo, Tom Katt. No te me abras más, Tom Katt, que no me intimidas. Vade retro Tom Katt. ¿Tengo razón?.



¿Les conté una confesión que me hizo Maciste un día que estaba borracho sobre que un ex del Betanzos había ido a un cursillo de primeros auxilios...?... ¿No les conté nunca...?. Fue a un cursillo de primeros auxilios y en una lección tenían que hacer un maniquí para el boca a boca y el pechito paquí el pechito pallá. Bueno, ¿y saben el monitor del cursillo de qué fulano les trajo la foto para que copiasen el físico...?. DEL CRAZY TOM KATT. No me dirán que es seria la Cruz Roja española y de las JONS .. Si Florence Nightingale levantara la cabeza le ponía una florence- el- ojal del Katt, ja jajajajajajajjajajajajajajajajajajjajajajajajaja.... Por dios, creo que me he pasado. Lo dicho, que lo conoce todo quisque. Va a ser por algo, bueno les dejo...QUE LE DEN QUE LE DEEEN jajjajajajajajajajajajajajajajajajaajajajajajajajjajajajajajjajajajajajajajajajajaj
no me pueo reir que me se sale toa la leshee der culoooooayyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyy



jajajajajajajajajajajajajajajaggggghhhhme ahogoogggggarrrrrrrrggggggaaaaaayaayayaaaaaayyy

27 noviembre 2008

PUBLICOS VICIOS

8. ireland28

Comentaba al inicio de esta serie que mi intención no sólo era la de mostrarles a algunos de los sujetos causantes de mi voyeurismo crónico en esto de las suaves filias. También prometía exponer ejemplos de voyeurs con los que me identifico, que buscan a sus presas en los sitios más inesperados. Seres con cámara digital a los que admiro profundamente pues comprendo de qué naturaleza están hechas sus apetencias locas.
Ireland28 es un treinteañero irlandés obsesionado con el culo masculino hasta extremos de puro disparate. No es el único que se juega el tipo persiguiendo a fulanos que considera bien dotados justo ahí, donde la espalda pierde su... (en fin, tantas cosas pierde). Claro que no es el único. Aún recuerdo al mexicano David Reyes, uno de los tipos más bizarros que pululan por el Youtube, con sus querencias por los carcamales nalgones de su país. O al ído con el viento (aerófago) cuminshane, más afecto a taladrar visualmente los melífluos y planoides traseros de los efebos en chandal (su prenda favorita).

Sin embargo, Ireland28 no nos da tregua. Se está acercando en pocos meses a los cien videos colgados. Ha descubierto un filón en las bibliotecas públicas (llegas a pensar que estos antros son la antesala de una sauna de ambiente, pues las mujeres brillan por su ausencia y los hombres parecen complacerse en extremo permaneciendo de pie, apoyando los codos en un mostrador y separando bien las piernas para leer sobre él un simple periódico). Y mire usted por donde, que todo pensamiento ilusorio tiene mucho de verdadero. Experiencia aparte, los modelos que coge de imprevisto tienen que saber a cojones que a pocos centímetros de ellos, a sus espaldas, existe un gay con cámara que no les quita el objetivo de encima. Y no sólo esa complicidad captamos. También la intención de que quede la excitación del voyeur bien insinuada al filmado cuando el director pajero se sorbe los mocos paulatinamente (algo así como: aqui estoy yo, babeante para que inclines ahora la cadera hacia la derecha. Y el macho siempre la inclina, por supuesto. ¿Y por qué?. Porque entiende... el extraño lenguaje del sorbido de mocos). Si sus víctimas no lo son tanto y han hecho un pacto de compromiso es algo que desconozco y que abriría nuevas (y apasionantes) interrogantes.

En los principios, ireland28 se arriesgaba en los grandes almacenes, en las colas del supermercado o en los salones recreativos (este último, mi gran pasión inciática en la pre adolescencia). Incluso en plena calle. Pero es ahora en las bibliotecas donde se encuentra como en un plató. A escasa distancia de un buen pedo de macho. Pedo ilustrado, que no es poco. Y aguantando el tipo hasta el final. No como Warhol con Taylor Mead, cuyo culo le duraba horas de filmación pero con la trampa de que Warhol se había ido a conversar con Eddie o Gerard tan pronto le daba al arranque, dejando a la cámara que filmase sola.
El ejemplo del rey del pop art no sería casual, preferencias eróticas aparte. En esa biblioteca de marras, los videos de tres minutos fueron alargándose hasta los diez en muchos casos, quedando todo como una suerte de underground factoriesco en pleno siglo veintiuno. Quiza sin tanto snobismo pero con la misma malicia minimal a cuestas.




The library again




Don't you love librarys




Up town...




Out for a game




Cute guy playing games




Out for lunch

SEMANA GEORGE MELIES (4)

MELIES (1906-1909)


La cornue infernale (1906)


Tambien conocida como Alquimiste parafaragamus. Las peripecias de un alquimista que desfallece al ver como su máxima invención no adquiere las proporciones deseadas. Con la colaboración de un discípulo, consulta el libro de magia pero al no obtener soluciones, el maestro se desvanece. Cuando recobra el conocimiento toda ha cambiado. Su invención ha tomado vida propia. Y el pequeño globo o burbuja, fruto de sus experimentos, ahora es enorme. Dentro de él, Méliès desarrolla su habitual desfile de ilusiones maravillosas: mini dragones que se transforman en hombres, estatuas vivientes con forma femenina... Y la apoteósis final, claro.




La cornue infernale


Le tripot clandestin (1906)

Pequeño divertimento que refleja una evidente crítica del autor a las costumbres de la burguesía de su época. Bajo un aparente salón de modas se esconde de manera ilegal una casa de juegos. La policia irrumpe una primera vez en el lugar pero a los participantes les da tiempo de cambiarlo todo de fisonomía (los trucajes de Méliès). Al marcharse se vuelven a colocar las timbas. Pero la policia retorna y, mientras los otros huyen, se produce un momento hilarante con los guardias resbalando por el suelo, tal como si de un corto de los Keystone cops se tratase.




Le tripot clandestin


Les affiches en goguette 1907)

Otra de las múltiples joyas que nos ha donado para la posterioridad nuestro artista invitado de la semana. Si bien es cierto que durante estos años posteriores a Viaje a la luna, tendía a la reiteración, algo que comenzó a repercutir en la emoción de un público algo cansado de sus filmes, de vez en cuando aparecía el genio absoluto. Y una de esas ocasiones fue Les affiches. La del anuncio enorme dividido en viñetas, donde cada una cobra vida propia (más que como en los casilleros del Vip Noche prefiero compararlo con el panel de sex shop con revistas porno de Mi Idaho privado de Gus Van Sant). De todas formas, este gag inolvidable luego sería muy copiado, sobre todo en cartoons. De nuevo, se respira transgresión social en el caos con violencia de los anunciantes (unos terroristas publicitarios, a los que no les importa en absoluto la ley de la oferta y la demanda) que molestan a diestro y siniestro. Y por descontado, ridiculizando por enésima vez a los encargados del orden público que acaban enharinados y espantados a huevazos.




Les affiches en goguette


La colle universelle (1907)

Nuevo ejemplo de cómo Méliès busca más la carcajada que la expresión de asombro en el espectador. A un vendedor de pegamento universal un par de vigilantes del parque donde éste ha colocado su quiosco le chafan el negocio a base de burlas. El hombre enojado, al rato se acerca al banco donde descansan los bromistas y les pega con su producto en un descuido las manos y sus hombros, quedando unidos entre si. Sin embargo, al final la venganza recaerá sobre el vendedor que, con el apoyo de los paseantes, es pegado ahora él sobre una puerta y, al soltarse, aplicándole cola en un papel sobre sus posaderas, con el efecto cómico que esto conlleva. El trucaje existe, por descontado. Pero es tan sutil que se vuelve invisible, como una cola incolora. Cobra, repito, preponderancia el gag.




La colle universelle


Eclipse de soleil en pleine lune (1907)

Obra maestra de un Méliès en plena forma. Dándonos a manos llenas fantasía, bufonada e, insólitamente, exquisito erotismo. El astrónomo lleva a sus alumnos a lo alto de la torre donde alberga su periscopio. Entonces todos podemos ver el feliz milagro de un eclipse entre un sol con pinta de anciano julandrón y una luna queer con ganas de ser sodomizada. El hecho acontece de una forma tan aparente en su simil que hasta nos ruboriza, en tanto que nos ha cogido por sorpresa esta veleidad del maestro. En ese fugaz instante en el que el sol cubre a la luna (repito que muuuy plumona) la expresión del rostro de la segunda es un verdadero poema a la pasividad. Cuando volvemos a ver al sol, de igual manera presentimos en él esa cara de placer y hostilidad típica del que ha acabado el acto nefando y sufre un bajón temporal.
Pero más allá de esa anécdota, el corto sigue asombrando (aunque en un estilo diferente) en el posterior desfile de constelaciones de estrellas, cada una adoptando una personalidad humana concreta, los cuernos de la luna que forman un curioso banco oscilante donde se columpian encantadoras criaturas en cortejo amoroso o estrellitas fugaces pilotadas por intrépidas coristas. En la recta final volvemos a ver al pobre astrónomo que en su subidón espacial cae por la almena, produciéndose el dislate bufonesco, aunque no del todo exagerado. Quedaría más bien como un guiño privado donde irremediablemente nos damos cuenta que la compañía Méliès se lo estaban pasando en grande. No era para menos.




Eclipse de soleil en pleine lune



Otros títulos de ese período


auvre John ou les aventures d'un buveur de whisky (1907)
La Colle universelle (1907)
Ali Barbouyou et Ali Bouf à l'huile (1908)
Le Tambourin fantastique (1908)
La Cuisine de l'ogre (1908)
Il y a un dieu pour les ivrognes (1908)
Les Torches humaines (1908)
Le Génie du feu (1908)
Why That Actor Was Late (1908)
Le Rêve d'un fumeur d'opium (1908)
La Photographie électrique à distance (1908)
La Prophétesse de Thèbes (1908)
Salon de coiffure (1908)
Le Nouveau seigneur du village (1908)
L'avare (1908)
Le Conseil du Pipelet / un tour à la foire (1908)
Lully ou le violon brisé (1908)
Les Patineurs (1908)
Amour et mélasse (1908)
Les Mésaventures d’un photographe (1908)
Le Fakir de Singapour (1908)
A Tricky Painter’s Fate (1908)
French interpreter policeman (1908)
Anaïc ou le balafré (1908)
Pour l'étoile S.V.P. (1908)
Conte de la grand-mère et rêve de l'enfant (1908)
Hallucinations pharmaceutiques ou le truc du potard (1908)
La Bonne bergère et la mauvaise princesse (1908)
Le Locataire diabolique (1909)
Les Illusions fantaisistes (1909)




continuará mañana

BISUTERIA POP

MIS RUMBERAS DE ORO (y brillantes falsos)
Primera parte



Los comienzos de la espectacular Amina, en el sello Hispavox (que tanto cuidaba sus portadas). Y como tantas de su quinta, batiéndose el cobre en colmaos y antros para turistas con sus recreaciones de los éxitos pop del momento. Lejos quedaban aún los tiempos del impresionante Mustafá Alí. Ella siempre fue muy racial. Y la más arábiga. Fundamental en mi vida de melómano.




Comienzan los problemas biográficos con Ana María. ¿De dónde venía ella, adonde fue, de quién era hija?. Chi lo sá. Bueno, Lauren Postigo lo sabría, seguro que si. Alucinante portada con interminable bata de cola. Modelo jaca, comme il faut. Tendencia al halago turístico e inevitable ranchera rumbeada de Jose Alfredo Jimenez.



De lo más killer. Y es que no en vano los primeros años setenta son los más atrevidos para estas pionerazas. En todo: desde el diseño de las portadas al vestuario pasando por las coreografias y esas pinturas de guerra que solían hacerlas únicas. El término flamenco pop ya estaba acuñado. Antoñita de la Fuente lo hizo suyo. A pesar de que "lo suyo" fuera la rumba que no se atreve a decir su nombre (puntos suspensivos).




Belleza racial. A medio camino entre Gemma Cuervo y La Polaca. Dentro de un sello que cobijó en buena medida a los nombres más señeros del género: Camboria, Peret y Chacho. En este cuatro canciones, destaca su interpretación del inmarchitable son del trío Matamoros La mujer de Antonio.




Todo un icono de la modernidad madrileña más petarda de finales de los setenta, la Peñuela (a saber: Costus, Paco Clavel, C.Berlanga, Almodóvar). Y una de mis favoritas. La espabilá es su clásico. Una declaración de intenciones con mucho de antecedente del espíritu punk. Ni siquiera las ye yés más contumaces se atrevieron a afirmar cosas tan locas como las que se pusieron en labios de la gitana: Me gusta gamberrear, tomarme combinados sobre la barra de un bar. Si critican que critiquen, yo me siento muy honrá...
También le cantó a los camioneros. Pero este single es la cumbre de su arte (con su modelito de flotadores, esa pintura de ojos, ese peinado geluítico).




La más extrema en el tema estheticiene. Los rabos de ojos pintados más largos de la historia del rumberío pop le pertenecen a la Coral. Su sólo nombre artístico actuaría a guisa de conjuro. En todas las portadas de sus mil discos parecía haberse propuesto llegar a lo más lejos. Quizá aqui alcanzó el zénit. Ese primer plano montielesco, pestañas postizas como abanicos, labios de piñón rojo furcia demostraban que no hay enorme distancia que se le resistiese a una gitana decidida. Su Vuelo 502, con spoken word incluido, es surrealismo patrio del más heavy.



Asi eran las portadas del blues. Porque cuando la rumba se hace verdad y no petardeo, las cosas suelen salir así. Una bravía Camboria en plena macumba. Estilo Carmen Amaya. La ex de Lauren Postigo con el gran temperamento de sus años victoriosos. En 1964, teniendo detrás de ella, en un segundo plano, dando palmas, haciendo jaleo, cantando cosas... nada menos que a unos desconocidos Peret y Chacho (y si, la Balada gitana era la del Manolo y el Ramón)



De Málaga era. Esta diva me lo ha puesto fácil. Su fuerte eran las bulerías. Pero como la rumba mandaba, le adaptaron unas rancheras y unas canciones modernas al ritmillo del tres por cuatro y allá fue ella. Pisando fuerte. Y taconeando de paso. Siempre rodeada de espléndidos guitarristas como los juveniles Habichuela y Manolo Sanlucar. Septiembre era aquel tostón festivalero sobre las uvas maduras que cantó la portuguesa Madalena Iglesias y, creo que también, la inmortal Marta Baizán.



Sensualidad y sabrosura. Un disco de rockabilly, para mi gusto. La velocidad con la que van estos gitanillos es digna del mejor Hasil Adkins. Aún no habían llegado Los Amaya para poner el ventilador a 78 RPM. Pues estos ya lo consiguieron pocos años antes. Y con Carmen Montero de voz solista. Luego seguiría su carrera en solitario con el sobrenombre de La Carmeta. Pero este fue su mejor trabajo. No en vano, el repertorio estaba sacado de sones cubanos de primera categoría (sin tiempo de boleros).



El sello Belter se volcó de manera persistente en el género flamenco pop. También Discophon, claro. Pero en Belter la cantera de artistas era interminable. No sólo gitanos frecuentaron el temita. También muchos payos con ansias de notoriedad. Y copleras fisnas con miras a las nuevas modas (ya que por un lado la copla estaba dando las boqueadas y no era cuestión de regrabar por enésima vez La Lirio aunque fuese con casiotone, mientras que lo ye yé les producía sarpullidos o es que a lo mejor no estaban por la labor de enfajarse y luego ponerse mini). Entre Pinto y Valdemoro hallaríamos a Carmen Navarro (mezcla física de María del Monte y Antoñita Moreno) que, a falta de guitarristas y de combos que la jalearan, se conformó con una orquesta típica y tópica (lo que se dio en conocer como beltersound, standarización de un sonido bastante embrutecedor que valía tanto para un conjunto moderno como para una Paca Rico. Nada que ver con el sonido Torrelaguna del señor Trabuchelli desde Hispavox, de años después).



Tsl vez la rumbera más conocida de esta tanda. Hermana de El Príncipe Gitano y, como aquel, se supone que valenciana pero recriada entre Madrid y Sevilla. Fue el representante del Príncipe, José García Andivia, el que la bautizó como "El terremoto moreno" y la hizo debutar a los dieciseis años, cambiándole los datos del carnet. La crítica purista nunca puso bien a este prodigio de la naturaleza. La acusaban de exagerada, como años antes acusaban a Lola de no saber bailar o a Imperio Argentina de no saber cantar. Qué más da. Lo verdaderamente cierto es que La Terremoto y El Príncipe Gitano, siendo como eran un poco serie B imitiativa del duo canónico Caracol-Flores, tenían ese feeling, incluso esa tensión sexual (via incesto) del que carecían por completo otros dúos de hermanos de la escena (léase Pimpinela, por ejemplo). Su nervio e intensidad eran desusadas para la época (y para cualquier época. Hoy en día de esto ya no hay). Su surrealismo casi superior al de Lola. Dalí es de suponer que la adoraba.

26 noviembre 2008

SEMANA GEORGES MELIES (3)

MELIES (1903-1906)


Le melomane (1903)

Joyita de menos de tres minutos de duración. Otro de los tantos antecedentes del surrealismo, sin más pretensiones que las de agradar a un público ávido de situaciones desternillantes y absurdas. El tema de los músicos y sus problemas disparatados con las partituras, los instrumentos o los componentes de una orquesta fueron ampliamente desarrollados por Méliès a lo largo de su carrera. Pero si a menudo estos podían entrar dentro de la fórmula más tópica del humor o del simple gag a lo Mack Sennet (caídas o trompazos), aqui prima la desestructuración de lo real por medio de una truca llena de inventiva. Méliès interpreta a un maestro de solfeo y director de orquesta de lo más pinturero. A su disposición están una serie de señoritas que portan violínes. Entran todos en escena desfilando a la manera militar. Suponiendo que estas mujeres provenían del teatro de varietés, cabría la posibilidad de que más que un batallón de modistillas fuesen un batallón de violinistas. El director les enseña a leer el pentagrama que, curiosamente, se encuentra desnudo. El lo rellena de notas que son ni más ni menos que su propia cabeza que va multiplicando de forma inconcebible (técnica de las sustituciones), dejando que pendan varias de lo alto. A su vez las batutas terminan por formar las diferentes corcheas. Al final, alegremente se alejan todos desfilando. Y las notas musicales, ahora convertidas en palomas, siguen al cortejo. Lo que indicaría que los resultados de la enseñanza fueron todo un éxito, pues las aves tienen mucho sentido de lo musical.




Le melomane


Le monstre (1903)

No hubo paisajes exóticos que se le resistiesen al rey del ilusionismo. Aqui vemos un Egipto tan idealizado como que en ese exterior pintado la estatua de Gizeh la vemos demasiado coqueta (irreal) para que pensemos que sus protagonistas se hallen en tan mítico paisaje. La historia es otro disparate a cuenta de un vendedor de telas que ofrece al faraón una serie de velos blancos. Se trae con él un modelo del todo esperpéntico: un esqueleto que va cubriendo con esos velos. Pero al faraón aquello sólo le inspira rechazo. Ni siquiera le despierta una sonrisa cuando el esqueleto se arranca por una danza digna de la mejor belly dancer. El vendedor, que es tan mago como Méliès, transforma al esqueleto en una señorita con más carne que huesos. Entonces el faraón ya se anima. Más por arte de birlibirloque, otra vez aparece la simpática macabrería que va a parar directamente a los brazos del imposible comprador de la nosecuanta dinastía.




Le monstre


La lanterne magique (1903)

Extravagancia que encantaría al mismísimo Kenneth Anger. Dos arlequines (uno vestido de blanco y otro de negro) arman con cuatro piezas un gran proyector (linterna mágica) que inmediatamente refleja imágenes cinematográficas en la pared. Los arlequines se extasían viendo una escena de amor pero, al cabo, la pareja de enamorados desaparece y toman el puesto los propios espectadores que aparecen no como reflejo o espejo sino inmersos en esa otra realidad que hasta hacía poco pertenecía a otros. Deciden desarmar la linterna. Será cuando esa enorme caja de madera adquiera las funciones típicas del baúl de un mago, saliendo de dentro bailarinas de cabaret que levantan graciosamente las piernas o muchachas en tutú improvisando pasos de ballet. Con el absurdo por bandera, ya nada detendrá una acción típica del burlesque, con policias imponiendo orden y los propios arlequines adquiriendo las dimensiones de un gigante al colocarse uno sobre los hombros del otro, logrando espantarlos.




La lanterne magique


Sorcellerie culinaire (1904)

Caos en los fogones. Espléndido aprovechamiento de los espacios. Todos los cajones, los huecos van a servir para que de ellos salgan diablillos blancos y negros que romperán la rutina del atribulado cocinero y sus ayudantes (cocinero que momentos antes había negado alimento a un indigente, de donde vendría la justificación moral a la locura posterior). Y aunque sospechemos lo que va a pasar tan pronto echamos un vistazo a esa cocina con dos enormes potas humeantes, Méliès no deja de sorprendernos desde la honestidad y la sencillez. El nonsense cobra lógica aplastante. En especial, cuando los diablillos entran y salen de las potas como si fuesen las entradas del mismísimo infierno.




Sorcellerie culinaire (1904)


Le diable noir (1905)

A una posada llega antes un diablo negro que el inquilino Méliès. El primero al escuchar la llegada del segundo desaparece momentáneamente. Sin embargo, el pobre viajero pronto tendrá muestras de la presencia sobrenatural por los insólitos hechos que acontecen en la habitación. Armarios que elevan su altura y que le impiden colgar la ropa, sillas que se multiplican... Reaparecerá el diablo exigiendo la morada. Entonces se entabla una pelea entre ambos de la que saldrá vencedor el maligno ser. El otro es echado a cajas destempladas por los dueños de la posada, acusado de incendiar una cama que ocupará tan pronto salga el taimado diablo.




Le diable noir (1905)


Les cartes vivantes (1905)

Filmación de un espléndido número de magia en el que unos naipes cambian su apariencia normal sobre una pantalla de grandes dimensiones. Reinas de corazones que surgen por el simple conjuro de una llama ardiente encendida a los pies del naipe pantalla y reinas que se vuelven reyes con toda la barba para sorpresa del propio ilusionista. Un Méliès que no puede evitar empeltrarse en la enorme carta en blanco para salir por algún lateral y quedar como un maestro del capriccio.




Les cartes vivantes


Les pallais des mille et une nuits (1905)

Fantasía oriental por todo lo alto. Junto a la espléndida Le royaume des feés (1903) la nueva superproducción de Méliès inmediata a su viaje lunar. Barroquismo a base de recargados decorados de cartón piedra. Estilo pompier que acaba, no ahogando, sino maravillando dentro de un sentido de lo inesperado que es de suponer alucinaría a los épicos italianos. Más que una historia es un itinerario de vegetaciones espesas que al despejarse dan paso a palacios en reinos ocultos, y de puertas que se abren para que aparezcan de ellas danzarinas, tahures con pintas de parientes de Ali babá, remedos de esqueletos con el baile de san Vito y estrafalarias ceremonias de recibimiento que ni siquiera rehuyen la pantomima del acto sacramental. Retablos vivientes llegados de la trampilla del sótano de un escenario y epifanías imposibles para un Méliès al que habría que adjudicar la autoría del cuento filmado en estrecha colaboración con alguna droga ingestada. Porque si no, no se explica.




Parte 1




Parte 2




continuará mañana

revistero campy

Por Gilda Love

Hoy nos vamos de teletienda con una tal doña Adela (revista SEMANA años 60)



Frases del día


Por Boquitas Pintadas


" He visto colores, olfateado olores y acariciado gestos... He ignorado la palabra pensada. Mis palabras fueron sólo sensaciones. Mis retratos fueron cuadros, no dramas. Me he obsesionado con figuras y las he rumiado y contemplado tanto, que las reproduje en una transfiguración satisfecha "

CESARE PAVESE

25 noviembre 2008

PIMPOLLOS DE LA HISTORIETA ESPAÑOLA

JIM ALEGRIAS de Manuel Gago y Pedro Quesada


Una de tantas manifestaciones del western en el tebeo patrio. Sólo que aqui juntándose en la autoría dos genios como eran Manuel Gago (el de El guerrero del antifaz) en calidad de ilustrador y Pedro Quesada como guionista. También estaban en esta línea El pequeño luchador, Kid Tejano, Johnny el ciclón o El Ranchero (por el lado yanqui), mientras que Apache, Piel de Lobo o Gacela Blanca (esta última heroina dependiente de un héroe) nos introducirían en el mundo de sus máximos rivales, la comunidad india.
Es de destacar en la obra Jim Alegrias que sea el titular un héroe juvenil sin ligazón a ningún personaje de mayor edad y fortaleza, uno de los tópicos de la historieta de aventuras siempre que aparecían personajes de características similares. Jim, pese a estar unido a un grupo de amigos de lo más variopinto, es siempre el héroe, el que tiene la última palabra, el que nos ofrece la proeza definitiva y que le conducirá a la solución de mil entuertos.
Y siendo un comic claramente inspirado en el género cinematográfico del Oeste, se apartaría de su patrón en esto último. Pues es bien conocido que en las películas de vaqueros el jovencito siempre estaba bajo el cuidado de un personaje más adulto, que funcionaba en calidad de tutor o de figura paterna. En el oeste de Hawks o de Ford, el pimpollo solía manejar bien el revolver pero no era aconsejable que lo hiciese por encima de sus posibilidades legales, a no ser que quedase sólo en casa al cuidado de su madre y hermanos menores. Destacaba su belleza efébica, su impetu inconsciente, su asexualidad, incluso. Recuerden sino a Rickie Nelson en Río Bravo o al delicioso David Wayne de Centauros del desierto. Tal estereotipo se rompería por razones obvias con el Billy the kid del juvenil Newman para Arthur Penn.
Jim Alegrias no es zurdo, lo veríamos mejor como un alter ego del Robert Francis de They rode west (1954. Phil Karlson) y, aún asi, hay que reconocer que ni uno ni otro tendrían mucho que ver.

Por encima de todo, en este tebeo triunfa la imaginación (las situaciones fantásticas, como la de las serpientes sagradas), el universo femenino que rodea al titancín: los contrastes entre la morena y semipasiva Luisa y la rubia de melena imponente y sofisticada (y se supone que con dobleces, precisamente por su sofisticación) Connie, nueva alusión al papel cinematográfico de las mujeres en el western de serie B de un Boetticher o un Fregonese, donde la rubia y la morena eran el yin y el yan de una misma venganza; indias buenas y desinteresadas de todo contacto sentimental (mucho menos sexual) con el rostro pálido por meras cuestiones de racismo, como Nube Rosada...
El venerable Viejo Pun (un ex buscador de oro) o la incorporación de una barroca tribu azteca con la pugna de hermanos con sangre real (Uxan, el bueno-Otulán, el usurpador); o el miserable y eterno Bob, que provocará mil situaciones de peligro (y gran físico) a Jim, completarían uno de los más memorables oestes tebeísticos de los años cincuenta en España. Editaba la fundamental Maga.











SEMANA GEORGES MELIES (2)

MELIES (1896-1902)

Infinitos tableaux de sublime kitsch que sólo se redimen desde la tendencia al delirio. Decorados recargados donde criaturas imaginarias pueblan un mundo onírico. Féeries únicas a medio camino entre lo naif de una mentalidad de niño (La Cenicienta) y lo picarón de un viejo verde (las coristas del Chatelet). Mil y una noches, cuentos infantiles, los reinos submarinos, las constelaciones de estrellas y planetas en espacios insondables pero superpoblados... En estos lugares Méliès alcanza la verdadera grandeza. Es inolvidable. Luego está la representación de su arte de prestidigitador en el Teatro Robert Houdin. Sin embargo, la trampa del cine no deja espacio a que el espectador se sorprenda con sus proezas del directo. El espectador de cine, sobre todo el actual, conoce que unos órganos separados de un cuerpo, la sustitución de una persona por otra, la rebelión de unos electrodomésticos se logran fácilmente con las técnicas del cambio de secuencias. El detalle lo celebramos igual, pues estos cortes se producen a una velocidad de vértigo que los vuelven aparentes. Pero el apasionado de la fantaciencia, convendrá conmigo de que el mejor Méliès se encuentra en los escenarios evasivos, ilusorios, de las mil y una maravillas. El de los tremendos precipicios, rebuscadísimas rocas, flores gigantescas de increibles colores e inmersas en junglas donde habitan los gnomos y las hadas, subterraneos de inquietante pendiente donde los diablillos verdes parecen reclamar a Doré su verdadera identidad maligna (la obsesión de Méliès por el mito fáustico le motivaron a retomar al personaje en tres ocasiones).
En cambio, un análisis riguroso nos fuerza a afirmar que su genio no se agota en esos universos de Verne o H.G.Wells, si bien es cierto que sus contactos con la realidad y la Historia son llevados con demasiada frecuencia a su propio terreno. Su acercamiento a un personaje histórico como el de Juana de Arco, nos da la impresión que obedece antes a una obligación de probar sobre ella el fuego naranja de sus inquietudes cromáticas que al empecinamiento en la fe cristiana de una mártir (por otro lado, muy pesada); o que el filme Los cristianos en las catacumbas deje poco de lucimiento a los primeros para centrarse en el barroquismo de esas cuevas de oración clandestina. El Méliès blasfemo representa una anomalía a tener muy en cuenta. Recuerdo Santas Claus hechos trizas o meretrices sustituyendo en cruces a los rutinarios Cristos (no tanto esto último denotando castigos morales sobre los pecadores como medio de exhibicionismo del cuerpo femenino en un lugar bien insólito. ¿O quizá no tanto?).
El aprendizaje del medio, Méliès lo encuentra atendiendo a los hallazgos de otros primitivos. Aparece como ejemplo característico en casi todas las enciclopedias del cine el caso del director Alfred Clark (bajo las órdenes de Edison) cuando abordó la muerte por decapitación de María Estuardo: el paro de la imágen tras la caída de la cabeza de la reina permitía al verdugo exhibir la cabeza cortada sin tener que cometer un crímen sobre ninguna actriz. Fue entonces cuando el francés se atrevió a realizar algo similar en su Escamoteos de una dama (1897). En este caso la dama se convertía en esqueleto y luego volvía a ser mujer, parándose la cámara y sustituyendo lo uno por la otra. Pero donde sí apareció una guillotina, y con fines insólitamente dramáticos en un comediante como Méliès fue en Les incendiaires (1907).
A partir de una invención, esta vez propia, como era la combinación de dos mecanismos que permitían a distintas partes desconectadas del mismo cuerpo moverse por todo el plató (El hombre de mil cabezas) se constituía la base para un sinfin de cortos que, o bien explotaban el truco concreto o bien lo alternaban con otros en un tour de force y que le valían para darle mayor espectacularidad al filme.
En cambio con El proceso Dreyfus (1899) Méliès abandonaba la fantasía de barraca y boulevar para adherirse a los primeros documentalistas que se inventaron el noticiario. Los escenarios donde se llevó a cabo el juicio, los hechos más relevantes que conmocionaron a la opinión pública fueron reconstruidos a base de telones pintados. El filme sobre Dreyfus es importantísimo en tanto que avanzaba un paso en las premisas cinematográficas apuntadas en su previo acercamiento al conflicto bélico greco-turco. Si bien, continuaba mostrándonos hechos aislados de manera fragmentaria, había ya un sentido de dramatización, de búsqueda del sentido de la violencia del que hasta entonces carecía el medio. La aproximación de la gente (bien fueran periodistas hostiles unos con otros ante el caso del capitán enjuiciado), de la acción hacia la cámara dan las claves definitivas de lo que luego serán los noticiarios. Unos hallazgos que debemos pensar fortuitos en tanto que el director francés luego no prosiguió en esa línea temática retornando pronto a los trucos y al ilusionismo.




L'homme orchestre (1900)




Un homme de têtes (1899)




Barbe bleu (1901)




Le manoir du diable (1897)




Evocation spirite (1899)




La pyramide de Triboulet (1899)



Viaje a la luna
(1902)



Fue el proyecto más ambicioso de Méliès hasta la fecha. Empezando por la duración del filme: unos catorce minutos. Normalmente el resto de las producciones oscilaban entre el minuto y medio y los tres minutos. Esta pequeña maravillla no surgía de la nada. Tuvo una base en la deliciosa La luna a un metro (1898), a su vez inspirada en su obra para el teatro mágico Las caras de la Luna o las desventuras de Nostradamus. Se rodó, como tantas de su autor, en un estudio parecido a un invernadero y con iluminación solar. Constaba de 18 tableaux sin más explicaciones que una hoja publicitaria de la productora Star films destinada a ser distribuida por los parques de atracciones. Se supone que era un filme pensado para el público que acudía a esos sitios: campesinos, niños y trabajadores (curiosamente los primeros aficionados al cine).
Lo más destacado de Viaje a la luna siguen siendo sus trucos y sus maquetas. En cuanto a lo primero, la aparición de la tierra en el firmamento lograda mediante el movimiento del suelo. En el segundo, el cartón piedra y los forillos, todos en tonos grises ( con combinaciones de más claras a más oscuras) y que creaban, gracias a la fotografía ortocromática, un curioso efecto óptico de claroscuro. Esta técnica limitaba considerablemente la captación de matices y tonos de color, pero Méliès la aprovechó consiguiendo el misterio.
A su vez la alternancia de lo bidimensional con lo tridimensional, de personales reales que utilizaban falsos objetos dotan al resultado de una maravillosa fantasmagoría parecida a la empleada por los pintores primitivistas o los futuros surrealistas con sus collages. No en vano, nos encontramos con un primitivo de la cámara, que solía solucionar la puesta en escena de los personajes colocando su arma inmóvil frente a ellos. Y si bien, es posible captar sutiles travellings, estos no surgen de la cámara sino de los sujetos que se aproximan hasta el objetivo, quedando, de resultas, en un primer plano. El más evidente es el que efectua el Hombre de la Luna.




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continuará mañana