26 diciembre 2008

QUE LE DEEEN

Por Maricón Martinez (uno de los colaboradores del blog con la bolsa escrotal más interesante)

Argg, qué ganas tengo de tirarme a la bartola. Resulta que hoy, como era Navidad, había puertas abiertas en la Penitenciaría. Y hasta allí me fui. Cómo me lo he pasado... Powertool total. ¿Qué digo Powertool?, ¡Midnight Express!... Si es que los reclusos son un solete. Por cinco mil pesetas (ellos dicen talegos) me dejan chuparles el rabo, acariciarles los pezones, sorberles los biceps que se han construido en el Gimnasio Rejas..., ¡hasta introducirles un par de dedos por sus anos me dejan!. Es un festín para una que sabe apreciar a un buen marginado de la sociedad. De hecho, fui compañera reclusa de todos mientras estuve alli internada un par de años.
¿Lo que más me ha gustado?. Ver a Nikie. Que me enseñase aquella verga. Y que me dijera... Tiene pus en la punta, fíjate como brota. Y yo, haciéndome la tonta: ¿Si te aprietas, brota?. Y él: Ahi sale pus. Y yo recogiéndoselo con la lengua... Ja ja ja ja, qué puta soy. Ahora seguro que Maciste rompe a llorar, por lo suyo...
En fín, que no niego que no haya bebido. Si estamos en fiestas. Así que no conteis con que me vaya a salir un post de puta madre. Y lo siento en el alma, porque el pasivo del mes se merecía todo un especial en la Primera, justo después del mensaje navideño del Rey con alzheimer.




Si es que hablo de DANNY SOMMERS, uno de los más encantadores, adorables muchachos del porno norteamericano de luxe de principios de los años noventa. Justo, justo al final de la era precondom. Hoy en día, es una figura de culto (en la onda Joey Stefano, mismamente. Pero sin lo necrofílico ni lo drogaínico de aquel ser humano que se fue a tomar viento a la farola dejándonos a todas alelás, desoladas, huérfanas de muerdealmohadas).



Danny lo tenía todo. Idiotez en la mirada, ingenuidad a raudales, docilidad... Era, cómo explicarlo en pocas palabras... el perfecto cadete para que unos superiores le reventaran el ano cada tres cuartos de hora, y al compás del toque de trompeta de aquel requeté. Mastodontes como Jon Vincent, por ejemplo se jartaron de follarlo. Y el buen mozo en todo consentía. Porque lo placentero suyo estaba en el intestino. Me parece muy bien.



Fijémonos en ello. Su culo era blanquísimo, rasuradísimo (pues estaba imbuido de cultura gym, del crew cut y lo lampiño, aquella moda que en su profilaxis vino a sustituir a las locas barbadas y peludas del Joe Gage y similares: el riquísimo universo Tom of Finland se fue al garete por culpa de los métodos aeróbicos de una Linda Evans o una Victoria Principal). Y lo tenía torturadísimo, claro (eso sobraba, lo sé. Pero ya veo doble y me voy a poner enseguidita con el corrector ortográfico).




Danny era de la quinta de Kevin Williams (quizá el twink pasivo con el que tuvo mayor competencia), del Ryan Idol, del Derek Cruise (hijo de puta activo, con lo que fantaseé yo en su tiempo en que este niñato pudiera probar lo bottom), del Aiden Shaw y el Kevin Dean y tantos machos que se lo beneficiaron por doquier.
Docenas de títulos proliferan en los stands de los porno shops más cutres a precios de saldo. Búsquenlos y reivindíquenlos pues el chavea fue una joyaza. Kiss off, Trade Off, Take down (junto al rubiales Adam Hart), Seamen first class (en España se tradujo muy ajustadamente como Cerdos y asquerosos invertidos), True (con BJ Slater), Songs in the key of sex (no confundir con el disco de Stevie Wonder de casi idéntico título, donde Danny tomaba -raro en él- la iniciativa en el amor, aunque yo prefiera la manera de hacer de su compañero de reparto-que no de polvo- Joey Stefano,"el magnífico"), Find this man (con Donnie Russo, el hombre que buscaba por Nueva York, tras largarse de su pueblo buscando el amor aunque con cara de de haber conocido todos los amores del mundo: tan hastiado se le veía) o su clásico Crossroads (donde se lo trajinaba Chuck Barron) contienen lo justo, ni más ni menos, ni un ápice de transgresión: un tipo de porno con la mente puesta en los contagios de VIH y, por consiguiente, en el comienzo del empleo de los condones de manera sistemática.




Pero si ven que les bajan las defensas al revolver en las cajas de baratillo, procúrense su "must" Sommer Showers: más de cuatro horas que recopilan sus mejores encuentros con grandes nombres de su (de) generación, incluyendo al precioso bombón Aaron Austin (otro cabrón que nunca dejó probar las mieles de su ano. Vamos, que se lo comieran si, pero a más no llegaba el gachó de las Californias).

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