29 diciembre 2008

Mis memorias de Radio 3 (y 4)

He aqui a una de mis primeras novietas platónicas. Una juvenil Beatriz Pecker hace la friolera de veinticinco años. Fotografía cutrosa de su época de Don Domingo, musical de Radio 1 que presentaba junto al ex Buho Paco Pérez Bryan (terminó emitiéndose simultáneamente por Radio 3: lo del concurso de grupos noveles). Lo que pasa es que a mí donde me gustaba la Pecker de verdad era en aquel programa nocturno que se llamaba La isla. La adoraba, pues la imaginaba sirenita del Pacífico (con perdón). Y aquella risa suya tan contagiosa...



¿No me digan que no tenía Pedro Atienza un polvazo de aquella?. Le veo a este insigne colaborador de La Barraca un aire a lo Patxi Andion que te hace decir (sólo de vez en cuando) ¡caray con la progresía!. Suyo era el Extravagario, estupenda sección muy cajón de sastre (proliferaban las monografías más eclécticas) y que él supo prolongar inclusive con la marcha de Ferreras y la llegada del fugaz Ignacio Salas y la más potente Berrocal a la dirección de ese magazine que es ya historia.



Nueva fotografía cochambrosa de Jose Antonio Muñoz. Siento exponer estos documentos de calidades ínfimas, pero creo que todos guardamos en nuestros álbumes personales cosas imposibles que, en cambio, tienen su significación (por muy pequeña que esta sea). Y Muñoz fue mucho en Radio 3. Uno de sus fundadores, ahí es ná.



Un rostro de sobra conocido por tod@s. El incombustible Tena haciendo de las suyas con la única ayuda de unos auriculares y un micrófono. Agitador y temperamental, su no casarse con nadie le hicieron uno de los transgresores más estimulantes de Radio Nacional de España (del Ente, en sí). En el aire fue uno de los soportes con los que contaba para dar a conocer la música más independiente de este país. Con esas energías, esos colaboradores de lujo (Gonzalo Garrido, Patricia Godes, Juan de Pablos) sólo le quedaba dar el espaldarazo en TVE con su Auanbabuluba... Claro que antes vendrían Las Vulpess. En el aire se emitía a principios de los ochenta, los sábados a la hora de comer.



Jose Manuel Rodriguez "Rodri" (que venía ya de currar con Tena en Para vosotros, jóvenes) se encargaba de los musicales con sabor a nostalgia (los cincuenta años de pop repasados concienzudamente: podían estar con un mismo año, dos o tres). Correcaminos fue uno de los programas más longevos de Radio 3 por tal motivo, programa que el conducía sabiamente junto a Fernando Argenta, siempre las noches de los fines de semana. Y antes del noctambulísimo Jose Luis Alvarez (La epopeya del rock, El cocodrilo...). Un clásico.


Este lánguido rostro aniñado pertenecía a Fernando Segundo, con quien compartí muchísimas noches de sábanas blancas durante mi recién estrenado bachillerato, justo antes de ponerme a dormir. Su Tiempo de Universidad salía en antena después de la UNED (a las 23:00 h) e iba exactamente de eso: de la Universidad y su mundo, tratando de demostrar que lo cultural no tenía porqué ser aburrido. El espacio mereció en su momento el Premio Nacional de Periodismo Joaquín Costa. Me suena que colaboraba mucho Tolentino.



Este pedazo de monstruo barbudo era a mediados de los ochenta el discopolero Jose Miguel López. Si, si. El de las étnicas y la madre que las parió. Antes de Discópolis, andaba metido en el mundillo folk, en las presentaciones de los conciertos de Agapito Marazuela y en colegios universitarios.



Pero para folkies, el experto Alvaro Feito (que fue director de la revista Apuntes Universitarios, luego Ozono). Tal vez su programa más representativo fue uno que llevaba el explícito título de Cancionero tradicional, en diferentes horarios dentro de los fines de semana. Desde los años setenta, su difusión de la música con raices fue constante, desde la radio (en la Radio Popular FM de García Pelayo: Más o menos folk, junto a Antonio Gómez y Tina Blanco; en Onda 2: La hora del folk, junto a Chema Martinez...) a las discográficas (su sello musical Guimbarda).



Buff, qué espesura. Es Ramón Trecet. Un intransigente, que diría el señor Diego A. Manrique. De sus programas sólo aguantaba la sintonía. Luego desconectaba. Me dá que no me perdí demasiado, a no ser sus puyas e incisivos comentarios, que luego supo trasladar fenomenalmente al mundo de las retransmisiones televisivas del basket. Tiempos de new age.



Una joyita de foto. Es Salvador Valdés, antes de abandonar su progrerío estético por una modernidad algo forzada (la dichosita posmodernidad, el PSOE y sus nuevos ricos y esa capacidad de simultanear a Unamuno y Valle Inclán con Jesús Ferrero y el Pérez Minguez). Afortunadamente la mezcla le salió bien al Valdés, que era un tipo muy inteligente y preparado. Entre La Barraca (donde fue colaborador frívolo) y Perfil del ruedo (cuyo influjo acabaría prolongándose a la televisión matinal educativa de los años noventa) se hallaría la fecha de esta instantánea bigotudo-grouchesca.

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