18 diciembre 2008

¡ POST 1700! : ESCALA EN HI FI. Por Cordelia Flyte


Las Escarlatinas
Pop de autor(es)

Mi disco nacional favorito de este año (a falta de la escucha del último trabajo de los vascos -y amigos del blog- Elurretan). Segundo encuentro con estas gacelas del pop marca Siesta y toda una gozada. ¿Disco de madurez?. Sinceramente, es más de lo anterior y algo más. Creo que asi seríamos ecuánimes.
Las Escarlatinas desde su debut gozan de la protección de una serie de compositores de gran clase. Las producciones, siendo sencillas, muy modestas, típicas de un sello que ha alcanzado a través de un sonido uniforme un estilo personal, de una sobriedad hoy ya perdida en el marasmo del pop comercialoide. La novedad en este sentido sería la incorporación de Guille Milkiway con sus burbujas chispeantes pero sin pasarse (sin pisar el acelerador del autocross que destrozaría el disco. Tipo inteligente, ya demostró su milagrosa mesura al borde del límite en el anterior trabajo, para la misma compañía, de Kikí d'Aki).
Lo cierto es que han pasado unos años de su anterior referencia (A todo color), y es razonable con la memoria puesta en él pensar que Las Escarlatinas siguen en su línea, aunque con guiños inesperados (y bien logrados) a un concepto de música de baile con aroma ochentero (La sonrisa del chico de deportes) que Guille perfuma con arreglos vagamente inspirados en los mejorcitos Style Council, Prefab Sprout o Housemartins.
En línea general, las composiciones son estupendas. Uno tiene sus debilidades (tambien sus pequeñas fobias) y siempre confía en los regalitos de gente como Fernando Márquez (que les dona una frivolité con sabor japonés, del todo encantadora con Las vírgenes Shibuya. Fernando no es, de todas formas, el Momus español, como quieren ver algunos: antes tendría que ser más fecundo... y rompedor de esos hímenes japos, ensuciador de su propio lirismo algo cursilón. Libertino, en una palabra), Violeta Gómez (este sí que más momusino, que parece haber nacido con la virtud de saber crear el soniquete indestructible) o Miguel Angel Villanueva (probablemente la mejor aportación del disco. De nuevo sumergiéndose en el mejor pop sixties: el de la suave sicodelia con guiños a la belle epoque y letras de fantasía mélièsiana).
Pero la sorpresa más morrocotuda que me he llevado fue con el estado de gracia en el que se topa un autor a punto de entrar en el rango de los genios (gigante y a la vez humilde): Alberto Matesanz (Mate, Plastic d'amour). Su Vivo, sobre todo, es una pocholada. A ratos da la impresión de tratarse de un folk pop de mesa camilla digno de una Joni Mitchell. Y, claro, la novedad de Olivier "Nouvelle vague" Libaux (La heroína), una bossa italianizante con una historia dentro, de matrimonios incomunicativos en donde las mujeres son coquetas, reivindicativas de su femineidad y los hombres pasivos, torpes, al borde de la contemplación más masoquista. Gracias a ese aroma made in Italy, nos retrotraemos a las melodías cinemáticas de un Morricone, un Umiliani o un Piccioni en títulos como Metti una sera a cena y similares.
En mis gustos tiendo a minusvalorar a Sergio López de Haro, que no me termina de convencer con sus aportaciones (ni para ellas ni para Kikí, su musa) pero reconozco que de las dos que se han incluido en el disco, Sádica heráldica está entre lo más inspirado del autor (los coros la engrandecen mucho en su intimidad). Me ha decepcionado algo la versión de los coreanos Misty Blue (Dormir o morir) aunque, a lo mejor, ésta vendría a demostrar por encima de disquisiciones subjetivas, que Las Escarlatinas tendrían en esa línea posibilidades de entrar en la programación musical de Los Cuarenta Principales (suena a los actuales sucedáneos de las Amarales y Orejas).
Como siempre Belén sigue siendo la mejor cantante de las cuatro (entrañable Bel Divioleta), seguida de Almudena y, la tentadora Lúa, gatita hipertensa que cosquillea gratísimamente nuestros oídos en Mi buhardilla six.
Buhardillas, habitaciones mágicas. Damitas en el tocador, adoradoras del atleta de la high school (pero nunca cheerleaders, antes bien tímidas pony tails en un segundo plano). Coleccionistas compulsivas de rancios sabores, olores, texturas. Aspirantas a brujitas vainicosas... pero nunca cerradas en sus mundos privados, sino abiertas a la comunicación entre iguales, a la empatía y el sano deporte. Ellas van al galope, intrépidas amazonas de tebeo, pensamos que expuestas a pegar de vez en cuando algún traspiés (sin importancia), pues no son super mujeres sino chicas normales, galateas que gatean, acogedoras y muy, pero que muy generosas a la hora de regalarnos (con la ayuda de sus pigmaliones) dulces golosinas como éstas.

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