04 diciembre 2008

ESCALA EN HI FI. Por Cordelia Flyte

KATY PERRY y One for the boys

Las chicas guerreras de Obama

Hay que usar el distanciamiento brechtiano para acercarse al tonto mundo de la MTV, de sus premios y de sus estrellitas prefabricadas con muy poco estilo. No es conveniente en tiempos de tanta crisis creativa que se te escapen valores dentro de esa fábrica del artificio sonoro. Y pasemos por encima de sus facetas más "humanas" (si, por dios o por Marvyn Gaye, pasemos por encima) de super nenas que se las dan de liberadísimas y su única transgresión social radica en lanzarle fuck you's de palabra y de dedo a periodistas tan lerdos como ellas, o de besarse en signo de safismo naif con otras de su quinta (incluso mayores, como la revieja Madonna) o venderse desde la ambiguedad sexual de unas letras que sólo pueden halagar a pajeros terminales y melómanas teen, potenciales consumidoras por internet de músicas tan parecidas entre sí como que son las mismas con diferentes títulos; o que, en fín, luzcan orgullosas sobre sus senos turgentes de "niñas pero no tanto" camisetas reivindicativas de Barack Obama porque su antirepublicanismo las hace ser asi. Utilizemos profilácticos estéticos para presenciar premios Grammy del absurdo ensalzando materiales antiguos que a lo mejor incorporan sonidos que se piensan nuevos (como el hip hop) sin mayor compromiso ni riesgo (su transgresión en el fondo es reacción). El mundo del pop es en esencia eso (lo fue siempre, pero antes lo fue con más talentos). La extenuante repetición de una misma fórmula con el sabor fugaz de un chicle de fresa ácida, acidísima.
Distanciémonos de Katy en aspectos que coinciden a la perfección con lo que acabo de exponer. Obviemos que en su disco de debut (One for the boys) con su clásico I kissed a girl o Waking up in Vegas o el Thinking of you (ideales para que suenen en los móviles de pop stars mientras van en sus limusinas) no se apartaría un ápice de ese hilo musical infinito que conforma ese veinticuatro horas de horrísonos contínuos que es la cadena MTV. Pero si escuchamos con atención cada uno de sus cortes reconoceremos que hay canciones que sobresalen de la media. Esa tríada que va seguida y que se llama Mannequin, Ur so gay y, sobre todo, la grandiosa (casi electropop) Hot N'Cold (quizá la más Freddy Mercury de una artista que confiesa que supo que quería estar en esto por su devoción absoluta al grupo Queen) justificarían por si mismas que le concediéramos un premio personal a Katy Perry como la más potable entre las muchachas díscolas de la feria campesina de las vanidades.
A Maciste es posible que no le satisfaga del todo su forma (excesivamente) comercialoide de interpretar. Haylas peores. Sé que su look le fascina. Y a Juan de Pablos creo que también. Típica muñequita sexy, como inmersa en un estudio imaginario donde Pierre y Gilles la estuvieran sodomizando con virguerías animadas de ayer y de hoy. Pero sobre todo de ayer, pues recuerda en muchos sentidos a la Lio de los ochenta (y desde aqui le lanzo una petición al responsable de Fantasía Mongo para que recupere ese reportaje fotográfico del Lui a finales de esa década con la Vasconcelos, que guarda por algún rincón de su cuarto de desbarajustes).




Hot'N Cold


Llenapistas atómicos y singles que buscan la eternidad bajo fórmulas que suenan de lo más agradable (One for the boys es la típica melodía que no me canso de escuchar. Stop y play-stop y play: bien pudiera estar en el repertorio de los maravillosos Ivy). La de New Jersey podrá arrimarse lo que quiera a sus ídolas bajo esa apariencia de lesbianita moderna y que a mí me deja tan indiferente, porque lo importante de todo es que nos haya donado a la humanidad mongo una guinda especial, una joya excelsa como Lost: un tiempo medio climático, de crescendo sensacional. Tal vez, de entre todas las de su disco, la que elegiré para añadir a mi próxima lista de las mejores canciones de 2008.




Lost


*Su sitio web

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