08 diciembre 2008

EL MUNDO LOCO DE NADIUSKA MONTEZ


EL TESORO ANTILLANO DE GEORGIE GLAMM "I"

Artista exclusiva de Opalo Movies & Lazarov corp.

FICHA TECNICA

Productor: Valerio Lazarov
Guión: Jorge A. Fantasy
Dirección: Jorge A. Fantasy
Música: Discos de Jorge A. Fantasy
Efectos especiales: Pirotecnia Hermanos Ringland S.A.
Vestuario: Modas Ikebana, Saldos El mercader de las ventas

OPALO MOVIES S.A. 76 min. COLOR

Estrenada en toda España y por Galavisión el 15 de marzo de 1977

REPARTO (por orden de aparición)

Nadiuska Montez
Yvonne de Camp
Andrés García
Turban Hey
Maxi Andrade
Compañía de espectáculos Latin Sexy show

Exito de taquilla: Regular
Opinión de la crítica: Por encima (ligeramente) de la línea habitual


No era fácil para Andrés digerir aquello que estaba presenciando. El único sentido lógico que tenía aquello para sus entendederas, quizá excusa obvia, era que ambas estaban fingiendo como parte de un venenoso plan que terminaría con la muerte de la más débil. Sea lo que fuere, más allá de banales disquisiciones, lo que allí daban aquellas mantis religiosas superaba cualquier expectativa. Y lo demás eran zarandajas.
- Debo separarlas -gritó muy decidido Andrés.
- No. No serviría de nada. Déjalas que lleguen hasta el final -respondió Turban sujetándolo.

Tanto una como otra estaban húmedas de pasión, resbaladizas en su propio secreto. Comiéndose a besos eran las ganadoras, las mejores. Sin embargo el climax llegó brutal para la Montez que, abriéndole la boca a su contrincante le arrancó la dentadura postiza. Y mostrándola a los allí presentes bramó guasona: ¡Esta es la realidad de Yvonne de Camp. Pura ortopedia!.
La otra reaccionó al instante agarrándole del pelo y clavándole las uñas en toda la cara (con el riesgo de infecciones que esto entraña). Las cariñosas gatitas se tornaron terribles tigresas. La Montez, que soportaba la embestida de una De Camp encima, introdujo las yemas de los dedos en sus ojos. En tal punto el duelo parecía no pararlo ni la virgen santísima.
Yvonne la asfixió con sus dos tetonas. Había pues que utilizar las piernas. Con un descomunal esfuerzo, Nadiuska se liberó del peso de la otra y se liaron a puñetazos. Todo un despliegue de esperpento cuando entre derechazos se hundieron en el fango de los cocodrilos de plástico. Las dos hembras, embadurnadas y gritonas tipo Wimbledon, se revolcaron dándose arañazos y tirones de pelambrera. Sorprendentemente la De Camp ganó puntos cuando consiguió sumergir la cabeza de Nadiuska en las pantanosas aguas donde otrora se había bañado Isabel Sarli. Los esfuerzos de salir a flote eran inútiles pues la propia Sarli (habitante submarina) se lo impedía desde el fondo. Tras medio minuto de angustia y forcejeo, Yvonne se levantó y salió del pantano. Estaba deshecha y feísima (como salida de una fiesta scat), pero segura de que había ahogado a la Montez. De que ésta ya no existía. Fue cuando Andrés se acercó a Yvonne y la miró con desprecio. Ella se ciñó a escupirle feliz estas palabras: Ya no me interesas. No quiero verte más. Eres una mierda, como tu fulana.
El azteca aproximó sus fuertes manos al cuello de la De Camp, mas ésta se precipitó a él con largas uñas decidida a abrirle la cicatriz de par en par.
Y en aquel preciso instante, cual ave fénix de los estercoleros, emergió la Montez del pantano, lanzándose sobre la vil enemiga. Y con un salto le dislocó el cuello, quedando increiblemente la cabeza girada hacia atrás. Yvonne pegó una risotada. Aquello no le causara ningún dolor. Para confirmárselo cambió absolutamente todas las articulaciones de su cuerpo de sentido. Nadiuska asustada pensó que ya era el momento de actuar y se tiró en el suelo. Iba a abrirse de piernas. Yvonne no era tonta y, contorsionada, no opuso resistencia, se limitó a imitarla. Bastaron unos segundos para que de los coños de las dos amazonas salieran diferentes rayos laser. El de la Montez era más auténtico, más eficaz. El de la otra era ridículo, incluso tóxico. Sin saberlo se estaba autoenvenenando además de recibir la fuerte descarga del de su oponente. Viéndolas de lejos hasta resultaban entrañables con semejante show de luz y sonido. Pura pirotecnia de luxe.
La traca final anunció a la virtual ganadora. Nadiuska había ajustado cuentas con Yvonne. Y esta vez definitivamente. Se incorporó muy deteriorada observando el cuerpo sin vida de su rival. Andrés estaba allí, esperando una reacción, una aclaración de sentimientos. Y ella respondió con un simple: Me meo. Luego del pis en la laguna, besó a su amante diciéndole: Vámonos Andrés. Vámonos lejos de aqui.
Así pasó. Nuestros heroes abandonaron Alá films, mientras un torvo Turban Hey acusaba de toda aquella masacre (a todo esto, el cadáver de la anfibia Sarli salía a flote para redondear aquel sindios) a su protectora ante una alucinada policia. Las bobinas rodadas fueron destruidas por la propia productora tras un veredicto instantaneo de un juez de guardia. Con ellas también, los sueños superlativos de Yvonne de Camp se olvidaron en el más profundo de los infiernos.

Dos días después de estos drásticos acontecimientos, Nadiuska y García contemplaban el atardecer caribeño desde la popa del Guaraney, un barco poco recomendable que los llevaba a la Habana.
- Estás esplendorosa, Nuski
- Creo que es porque tengo las cosas claras
- ¿Estás segura?
- Andrés... se que no has sacado a relucir el accidente. Has estado callado, pero me miras raro. Has tenido sospechas... Ahora, después de este tiempo... puedo decirte que soy otra, que he logrado apartarla de mí..., que nos hizo mucho daño y que lo único que quiero es comenzar una nueva vida
- Entonces, ¿ya nunca más Yvonne de Camp? -preguntó Andrés apretándole las manos.
- Nunca más
Ambos se abrazaron apasionadamente sobre el rojo atardecer que les esperaba.

En el american bar se celebraba esa noche un mini recital de la popular acordeonista Mari Puri Blanco y allí acudieron acaramelados. Entre combinados y canapés, bailaron seductores sobre los sones del Siboney. Se hacían notar, se veían hermosos y las miradas de la tripulación los iban siguiendo embobados, como pasos abstractos de un slow etéreo filmado por Berkeley. Una de esas miradas fue más punzante, más observadora, alguien que fijaba en su retina los movimientos de caderas y los bellos pies de la heroína. Cuando el baile terminó y la pareja se iba a su camarote, tal observador se dio a conocer.
- ¿La señorita Montez?
- Si, ¿quién es usted?
- Mi nombre es Maxi Andrade. Soy un importante comerciante textil de Manresa. Y, bueno, un auténtico devoto de sus películas
- Encantada, señor Andrade
- Veo que todos vamos a la Habana. Es una agradable coincidencia. Espero que volvamos a encontrarnos, será un placer para mi -besándole su callosa mano.
- S...si, claro. Un placer
El alto y canoso hombre se colocó su extraño sombrero y se alejó, dejando un tanto aturdida a Nadiuska.
- Gajes de la popularidad, cariño. Pero venga, vámonos. Que nos espera una larga noche -indicó el azteca.

En el camarote los dos amantes se mostraron más calientes y comunicativos que nunca. El la desnudó a ella con excitante morbidez, oliendo cada una de sus ropas. Le sobó las estupendas tetas y le comió el conejo como a ella más le gustaba. Cuando a García la excitación le estaba produciendo dolor fue cuando la Montez entró a saco. Entonces lo desnudó a él también. Y la caja de sorpresas de la heroína se abrió para darle fuertes cantidades de placer a nuestro amigo. Sacándole los zapatos y calcetines, succionó cada uno de los dedos de los pies de Andrés y al ver que el mozo estaba ya en los albores de la explosión, le bajó con rapidez los pantalones y el slip color turquesa para introducir la bocaza en su trasero. Entre frenéticas lamidas poco le quedaba por hacer al mexicano en ese primer asalto. Desbordar su pasión sobre las blancas paredes del Guaraney.

Al mediodia siguiente, el barco arribó a las cálidas aguas de la capital cubana. Un cambio de aires era lo que le hacía falta a Nadiuska, unas semanas de vacaciones en una de las tierras que musicalente más le apasionaban. Además tenía muchas ganas de volver a ver a uno de sus desquiciantes ídolos del momento: el retiradísimo Georgie Glamm.
Entre la llegada al hotel y la rutinaria visita de lugares típicos se pasó buena parte de la jornada primera. Pero todavía quedaban un par de entradas para la semi prestigiosa sala de espectáculos Tropical Cubanacan, un fantasía de ritmos que la Montez recordaba muy bien, una manera de hacer que le habían marcado a fuego.
- Esto sigue igual, Andrés
- Es una sala de fiestas bien limpia. Auténtica tropicana
- Tomaremos un Plumancó, un cocktail que sólo se prepara aqui y que dicen otorga unos poderes... especiales
- Me tienta la idea. ¿Cuándo estuviste en este cabaret?
- Hace muchos años. Si. Recuerdo que hacía poco que Mike y yo habíamos abierto el Porno Olé!. A Mike le había tocado la ONCE. Con las cien mil pesetas hicimos muchos arreglos y, bueno... era todo muy diferente... Hicimos un viaje a Cuba, estábamos enamorados...
- Bien. Pero no vamos a ponernos excesivamente nostálgicos. El espectáculo va a comenzar
- Brindo por tí, Andrés. Por este viaje. Por el mañana, sin terceros.
Las copas de Plumancó chocaron para abrirse en forma de noches de sabor caribeño. Y un auténtico despliegue de bellezas latinas rompieron la velada con sus danzas. Y la orquesta Latin Stars '70 y sus guaguancós hicieron el resto. Nadiuska lo devoraba todo. Los movimientos, la coreografía, los mil y un detalles de un espectáculo perfecto en su composición. Ella había dicho que iba a abandonar el mundo de las varietés. Pero Andrés, mirándola de reojo, sabía que era empeño imposible. Ella era carne de escenario, como Rafaela Aparicio.
- Te noto fascinada, cariño
- Es verdad. Lo estoy. Si el gerente me lo pidiera no dudaría en saltar al escenario con ellas.
- Yo creo que a Nadiuska Montez le queda cuerda para rato
- Quizá, pero ya no en el Porno Olé!. Tan pronto regresemos a Torrijas firmaré mi renuncia -afirmó decidida, volviendo a imbuirse en el show.
Su imaginación comenzó a desbordarse. Y se vio divina allí, vestida como una Carmen Miranda vivaracha, como una Josephine Baker enjaulada y rodeada de frondosos platanales, como una Yma Sumac exagerada hablando con los pájaros en su misma lengua, como una Lupe a todo riesgo, en un desenfrenado son montunno. Decididamente estrella, al igual que sus mitos, sólo que más convencional (sin pasar por Broadway, vamos).
Los aplausos hundieron la tropicana, que es a lo más que puede aspirar un artista a corto plazo, digamos. A largo plazo sería el recuerdo, cosa hoy casi imposible a tenor de la capacidad de olvido de la gente. Al terminar el espectáculo todavía les quedaban unas cuantas copas en el Astoria club.

- Podríamos ir a Mexico cuando nos vayamos. Asi podría conocer a tu familia, Andrés
- No creo que merezca la pena. Es una clase de ambiente muy diferente. Mis padres viven en el interior. Es una zona peligrosa, no es un lugar idóneo para una estrella como tú
- Bueno, recuerda que mañana mismo tendremos que atravesar la selva. Y eso tampoco es muy cómodo para una estrella como yo
De improviso, mientras nuestros amigos charlaban de estas cosas en el Astoria, el misterioso señor Andrade irrumpía en su mesa.
- No me lo puedo creer...
- Oh, usted era...
- Discúlpeme, ¿tiene el gusto de concederme este baile, señorita Montez?
- ¿Andrés, te importa?
- Ah no, cómo no. Bailen esta pieza
Y los dos se acercaron a la pista de baile.
- Si no fueran casualidades, pensaría señor Andrade que nos está siguiendo
- O que estamos hechos el uno para el otro. Ya le comenté que soy un fan suyo y para mi esto es un sueño. Un marco incomparable con una diosa incomparable
- ¿Qué es lo que hace en la Habana?
- Negocios. En el interior, muy importantes
- ¿De verdad?. He leído hace poco que llegan aqui demasiados buscadores de business con el fin de vaciar las selvas
- Realmente es una idea muy estimulante. Aunque la avaricia puede romper el saco. A mi, sin embargo, el tráfico de oro, si es eso a lo que se está refiriendo, me trae sin cuidado. Admirando a una artista como usted, mi único interés tendría que radicar en las joyas falsas -aclaró Andrade.
- Nunca se sabe. Hay muchos tesoros que desgraciadamente las tribus no saben apreciar. Es demasiado tentador hasta para un comerciante textil
- Es usted muy sagaz. Y una excelente bailarina. Ya lo pude comprobar en el barco que nos trajo. ¿Sabe bailar la rumba?
- Podemos intentarlo
Ante el cambio de pieza, los dos personajes se amoldaron al nuevo ritmo. La Montez en todo su esplendor y el otoñal Andrade muy en su papel de chulo-pero-distinguido se movieron a las mil maravillas al compás de la Miami Beach Rumba de Cugat.
- Esta es la llave de mi habitación, la 232. Me alojo en el Hotel Consulado, igual que ustedes. No dude en visitarme, le tendré preparada una sorpresa muy grata. Por favor, venga sola -dijo Andrade.
La Montez, mirándolo un buen rato a los ojos, agarró la llave y se alejó.
- Cariño, vámonos al hotel -pidió a Andrés.
- ¿Te ha ocurrido algo?
- No. Sólo que ha sido un día muy agotador y mañana deberemos hacer un largo viaje
- Nadiuska, mira -sacando un papel del bolsillo.
- ¿Qué es esto?
- Se le cayó a ese tipo al suelo cuando se sacó las manos de los bolsillos
- ¿A Andrade?. Es la dirección de Georgie Glamm, su compañía de discos..., la lista de superventas
- ¿Qué piensas?
- Pienso que ese señor Coincidencias está intentando llegar demasiado lejos

Cuando la madrugada venció en sueño a Andrés, Nadiuska aprovechó para visitar en deshabillé la habitación 232. Dudó un instante en golpear la puerta con los nudillos o emplear la llave. Tareas ambas inútlies pues el picaporte no estaba pasado. Entró y, al encender la luz, quedó sorprendida al ver que toda la habitación estaba decorada con fotografías suyas. La mayor parte realizadas en los años 60, cuando trabajaba de modelo publicitaria para la empresa Michelín. Una etapa pin up grasienta que muchos desconocían y que para la chica era sinónimo de inexperiencias y de hambre. Fue ese pasado revisitado lo que le provocó una terrible duda: ¿se trataba de un paranoico que tras tantos años intentaba raptar a su adorada?.
No bien encontró una respuesta cuando de la recámara apareció Maxi Andrade transformado en Nadiuska Montez. Con ligueros, lentejuelas y un abanico de plumas de avestruz. Cargado de maquillaje y con el característico lunar pintado en el pómulo izquierdo. Con un pelucón ideal el transformista cantó en plaback:

" Soy Nadiuska Montez y a nada tengo derecho.
Mi profesión es dura. Soy una lujosa basura.
Me dejo arrastrar por los pelos por los hombres con pasta
pues pagan bien y me comen la raja"

Nadiuska aplaudió emocionada. Se había visto reflejada con gestos, guiños y aspavientos en un sorprendente transformista textil.
- Pero bueno, Andrade. El día y ahora la noche. Dime, ¿qué pretendes?. ¿Quién eres?
- Ya te lo he dicho. Soy tu admirador número 1. Y te agradezco que hayas venido -respondió quitándose la peluca y mostrando su ya conocida pelambrera engominada.
- Sin embargo hay cosas que no concuerdan...
- ¿Qué cosa no concuerda?. La vida es un sin sentido contínuo. Todo es puro teatro, igual que en un escenario. Ahora sígueme
La Montez y él se metieron en el dormitorio. En la cama había dos esplendorosas negrazas desnudas.
- ¿Te gustan? -le preguntó a Nadiuska - Son todo tuyas
- Ven amol. Ven que te haremos muy felis -invitó la del pelo más rizado.
Al aceptar, las lenguas se acariciaron, las salivas se mezclaron y Nadiuska cayó en las redes de la lujuria. Aquellas bocazas latinas succionaban como demonios los duros pezones de nuestra amiga.
- Vamos, fuma amorsito. Fuma esto que vas a estar en la gloria -ofreció la de las tetas tridimensionales.
- ¿Qué es esto?. ¿Peyote?
- Fúmalo, que te vas a poner como una serda de gusto
Ya metida en la aventura, optó por pisar a fondo. Los alucinógenos no tardaron en hacer efecto. Un efecto infinitamente catastrófico para ella. Sin embargo, nunca estuvo tan hermosa Nadiuska como en ese polvo medio progre. Curiosa, perversa y a la vez ingenua. Como una colegiala repetidora tentada por el placer. A partir de ahí se sucedieron los besos negros y las tijeras de toda la vida. El transformado Andrade se autocomplacía viéndolas mientras se inyectaba morfina. Cuando las negras no se introducían los puños en los coños, practicaban la lluvia dorada. Y en un deseo de ir más allá no tardaron en realizar coprofagias ante una Montez ya algo fuera de juego. Que te caguen encima siempre impone cierto respeto. Pero ella respondía con palmas y muchas risas. Cuando entre nubes se percató de que Andrade no estaba en el dormitorio abandonó la partida. En su cortedad de reflejos sabía que aquello no estaba claro. Y lo buscó por la suite armada con una pistola de estrallantes Fantasy 2000. La cabeza le daba vueltas. Y, lo que era peor, un terrible dolor en el vientre la estaba matando.
- ¡Nadiuska! -gritó Andrade perfectamente travestido en la Montez.
- Es..toy..muy...m...al... Neces...ito...un mé...dico...
- Necesitas un médico y me estás apuntando con un arma. Qué extraño, ¿no?
- ¿Q...ué.. me hab... eis d.. ado...?
- Te diré que te hemos dado. Has ingerido grandes cantidades de caitianibis, un tóxico que va a destruir todas tus defensas en cuestión de minutos. Que van a terminar por eliminar tus super poderes en veinticuatro horas. Y, en fin, me duele decirlo pero es asi: te van a convertir en un vegetal
- ¿Q..ué quie... res de m..i?
- Quiero que te alejes de aquí. Que vuelvas a España (a ser posible en camilla). Y el tesoro de Georgie Glamm será mío. De nadie más
La Montez de las mareantes visiones disparó pero dio a una foto de la pared. Andrade sin ningún problema le arrebató la pistola. Dándole una patada en el vientre la dejó K.o.
- Ha sido más sencillo de lo que me imaginé. Va a ser una divertida suplantación.
Y colocándose el lunar en su sitio dejó a Nadiuska retorciéndose de dolor en el suelo.

M. Betanzos 1991



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EL TESORO ANTILLANO DE GEORGIE GLAMM II (1977)

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