09 diciembre 2008

DIRIGIDO POR... FA. Joie de vivre (1934) de Anthony Gross y Hector Hoppin

Viajero incansable, amigo de Léger y de los vanguardistas europeos, apasionado por Van Gogh, el pintor inglés (pero de espíritul francés) Anthony Gross (1905-1984) dejó junto a Hector Hoppin una preciosa muestra de animación para adultos con el título de Joie de vivre. Un corto de poco más de diez minutos protagonizado por dos nínfulas esbeltas y huidizas, una rubia y otra morena, a la salida de su trabajo en una fábrica eléctrica, vestidas con vaporosos vestidos blancos, cuyo peregrinaje por lugares algo inhóspitos (donde vemos sus alambradas y fuentes de electricidad) servirá para que improvisen un bello ballet puesto en música por el compositor húngaro Tibor Harsanyi. El delicioso erotismo que infunde a los dibujos Gross y Hoppin delata mucho del espíritu libertino de la Francia de entreguerras. Conmueve ese toque de pureza en peligro, en tanto que a partir de que las muchachas son captadas por un vigilante de la central eléctrica éste emprende una persecución en bicicleta detrás de ellas. El mimo por el detalle es entonces cuando cobrará mayor protagonismo, pues las muchachas se ocultan del perseguidor por medio de la transformación física en pos de una suplantación que termina por inserirlas en elementos naturales (el vuelo de sus vestidos se vuelven flores). Inclusive esa íntima relación con los elementos florales aparece muy pronto cuando, en sus evoluciones por el aire, son acogidas por los árboles, que adquieren vida pero no como sujetos amenazantes, como en el Blancanieves de Walt Disney, sino como todo lo contrario. Es una espléndida metáfora de lo femenino como el concepto más próximo a la naturaleza que existe.
El frenesí de la desnudez acontece en el lago. Las dos se despojan de sus ropajes. Se puede ver claramente la curvatura de sus cuerpos, la turgencia de sus senos hasta que se sumergen en el agua prorrogando un ballet placentero donde ellas diríanse totalmente desvinculadas del hombre dominante (amén del efecto purificador que tiene siempre el baño. Y en cuanto proletarias, de recuperación de su identidad individual). Pero volviendo al "entre ellas", es posible que este corto sea un verdadero fetiche para lesbianas con pedigrí. Mas el hombre las encuentra y pretende arrebatarle las ropas que abandonaron a la orilla. Es un pájaro de enormes plumas el que se lo impedirá, en un inolvidable momento de magia visual donde, en un abrir y cerrar de plumas, las jóvenes vuelven a mostrarse vestidas sin que el observador vislumbre ninguno de sus misterios. Sin embargo, al final los tres terminarán montados en el tándem del varón, pero no tanto como moraleja de que lo heterosexual siempre gana. No vence la ortodoxia, sino el hedonismo de una Francia naturalista, plurisexual, de brisa fresca (donde se entrecruzan en fecundidad Marivaux, el señor Hulot y Renoir), perdida para siempre con el comienzo del conflicto bélico de 1939 y en donde la mujer parecía ser una criatura libre, milagrosa, sin ligazón a costilla alguna.
La línea sencilla de los dibujos, clara y fluida, contrasta con los arabescos de sus ballets, auténtica poesía en movimiento de la femineidad. Pero que antes de recrearse en la anécdota (de por si imponente), se adhiere perfectamente a una historia donde la narrativa también fluye en consonacia con el resto.


El corto fue muy aclamado en Paris, Londres y Nueva York (fue comprado por el Museo de Arte Moderno). A raiz del éxito, Gross y Hoppin se trasladaron a Inglaterra para firmar un contrato con el productor Alexander Korda, que fructificó en un par de cortometrajes más. Si bien, el comienzo de la segunda guerra mundial impediría la finalización de un largometraje en torno a La vuelta al mundo en ochenta días y que iba a suponer el primero en color rodado en Europa. El logro le correspondería al español Garbancito de la Mancha (1945. Blay y Moreno). Sería estrenada como cortometraje en 1955 bajo el nombre India Fantasy, empleando el material realizado hasta 1939 y añadiendo algunas escenas de transición.




Le joie de vivre (extracto)

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