01 diciembre 2008

CALENDAR BOY

El chico de diciembre



BRETT AKERS

No sé ustedes por ahí, pero en estos lares hace un biruje que pela. Al menda lo que más le puede prestar en días así es un buen osito con el que jugar... Grandote, como para que te cobije y te llene. Y vamos, si es que lo tienes que llenar a él, pues sin problema ninguno. Que para algo Maciste nació versátil.



Una buena polla necesitaría Brett, de una buena polla debería disponer yo para no quedar en ridículo delante de su traserazo potente. Siempre a ras de una loneta de gimnasio. Porque Brett es un oso, o un cub (que esto debe ser lo anterior pero en zona cadete, o a medio formar. Un lobato, más bien) ligado por completo al tema muscular. En el wrestling es donde más lo he visto.



Que sea escasa su carrera no significa que se trate de alguien que esté dejando indiferente. Lo poco que ha hecho lo eleva dentro de los aficionados a este tipo de físicos a una categoría de super estrella en ciernes. Y aunque no es peludo, ni barrigón, ni viejales, ni cyborg ruinoso (como muchos de sus contrincantes) mantiene una masculinidad muy idónea para estos menesteres. Con una camisa a cuadros y unos buenos vaqueros pudiera pasar perfectamente por el hijito de Grizzly Adams.

Sin embargo, el ambiente forestal de momento sólo lo ha frecuentado una vez (Erotic Spotlight Series 1). Salía en pelotas de una cabaña. Lo veía Lee McDermott y entonces nuestro chicarrón se apoyaba en una incómoda balaustrada de madera de pino, dándole la espalda para que el otro se lo trajinara. Pero uno, que se preocupa por sus mitos tanto como por su madre, estaba más pendiente de cómo se colocaba los brazazos que de su otras bellezas, esperando que al fin pudiera encontrarse a gusto en una posición tan incómoda.



Como lo suyo no era talar árboles, en seguida recaló en los gimnasios de ambiente. De puro catch. Y en una productora que, desde luego, se está abriendo un hueco dentro de un subgénero que aún dominan las intocables BG Enterprises, Can Am o Zeus. Me refiero a la On Top, antro de perdición donde curiosamente han ido a languidecer (a golpe de llaves calientes) viejas glorias del porno gay universal como Chance Caldwell y Max Grand.





De toda esta caterva de cachos de carne extraña, entre los que encontramos a espantosos cruces de humano con VIH y simios de la tercera edad como pueden ser Ross Taylor o Mark Magnos, Brett se salva por puntos en ese término medio que produce morbo con un punto de original, pues no es ni monstruo ni escultura wasp (como si lo serían el esplendoroso pero architrillado Chad Connors o el fenomenal osazo Dan Rider).


Pienso que su debut no pudo ser mejor. Lockerroom rumble 2 marcaba un hito en la larga historia del wrestling gay. Chocaba que ya no sólo el tomate se ubicara en medio de la pista de catch sino entre los invitados a presenciar los combates (en muchos casos había más cancaneo entre los reservas que entre los luchadores). Sugestivo ver cómo desde los bancos increpaban con invitaciones soeces al dominador de cada round a que se follase al otro, aun cuando no fuese esa su intención (uno que es ingenuo tendía en sus primeras visualizaciones a pensar así. Se goza más de la homofilia desde la virginidad mental).



En ese batiburrillo de cuerpos (algunos nada estéticos, ni siquiera para los afectos al barroco) rebozándose sobre la lona, aparecía Akers. Acostumbrando a portar un buen jockstrap que desde el primer momento pusiese al descubierto donde reside su máximo placer (y a pesar de que es preferentemente pasivo tampoco le hace ascos a lo contrario). Los voyeurs raramente empalmados (¿viagra?) no dudaban en dar cachetadas al luchador con el culo más abierto, incluso a colocar al otro su pene muy cerca del ojete del rival mientras seguían con sus obstinados, catárticos, hijoputescos (nunca mariquiles) fuck that ass.



Pese a Akers, en Lockerroom rumble 2 he de reconocer que se me terminaron yendo los ojos a las nalgas de ese pedazo de primate tan curioso que es el mexicano Tony Acosta (uno de los tipos que más están trabajando en el porno gay gracias a su endiablada manera de follar a los hombres. Yo hace años que no veo cosa igual...).


Independientemente de estos dos valores positivos, con On Top da la sensación de que el cartelito que figuraba en la pared del gimnasio va en serio (un cartel alerta de que está prohibido hacer sexo sobre la lona). Pues no son nada especiales los polvos, es mi modesta opinión. Prefiero los combates, y sólo si aparecen Acosta o Akers.





De más enjundia calificaríamos las situaciones en las que se enredaba en Erection zone 2, burda explotación del fetichismo denim aplicado a la lucha libre gay. Espléndido una vez más, Brett como albañil que se enfrasca en una pelea con un compañero que está haciendo mal una pared. E inolvidable el descosido de su pantalón, viéndosele en el trajín de la luchada, de vez en cuando, esos huevos hinchados... por la mala hostia.





Repito que Brett a estas alturas aún es una promesa con calidad de star. Empieza. Y muy bien. Aunque no sabemos donde llegará. O, al menos, cual será el camino que escoga. Tal vez nunca será un Eduardo (el bear más potente de la porno industria norteamericana) pero, a la contra de aquél, es más versátil. Y eso siempre es un factor a su favor.

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