17 diciembre 2008

BOQUITAS PINTADAS recupera a...


UGO FOSCOLO (1778-1827)

Medianoche

He ofrecido a mis dioses mis gracias y mis votos, pero nunca los he tenido. Sin embargo, ahora que siento el latigazo de la desgracia les temo y les reto. Tengo la inteligencia ciega, el alma postrada, el cuerpo desfallecido y con la languidez de la muerte. Razón tenía quien decía que los desgraciados necesitan otro mundo diferente a éste, donde se alimentan de amargo pan y beben agua mezclada con llanto. La imaginación crea ese mundo y el corazón se consuela. La virtud, madre de la infelicidad aqui abajo, persiste con la esperanza de que algún día le den lo que se merece. ¡Mas desventurados sean aquellos que para no ser salvados necesitan una religión!

Me he arrodillado en una iglesita que hay en Arqual. Porque he sentido la mano de Dios pesándome sobre mi corazón.
Lorenzo, ¿crees que soy débil?. Ruego que el cielo nunca te haga sentir la necesidad de la soledad, del llanto y de la iglesia.
El cielo amenaza tormenta, las estrellas son pocas y pálidas, y la luna, medio enterrada entre las nubes, atraviesa mi ventana con sus tétricos rayos.

Al amanecer

¿Me oyes, Lorenzo?. Es tu amigo que te invoca. ¡Qué sueño!. Amanecen los rayos de un nuevo día, quizá para recrudecer mis males; Dios no me oye, si no que, más bien, a cada momento me condena a sentir la agonía de la muerte y me fuerza a maldecir mis días, que a pesar de todo no tienen ninguna mancha de delito. Pero si tu eres "un Dios fuerte, soberbio, celoso, que en los hijos ves el reflejo de la iniquidad de los padres y que en tu furor castigas hasta la tercera o la cuarta generación", ¿cómo puedo esperar calmarte?. No, dame la ira con que te asientas en el infierno, "aventando el fuego", que ha de quemar millones y millones de pueblos, a los que no te has dado a conocer.
¡Ay, siento que tengo necesidad de tí!. Mas desnúdate de los atributos que han vestido los hombres para hacerte igual a ellos. ¿Acaso no eres el padre de la naturaleza y consuelo de los afligidos?. Y tu divino hijo ¿no se llamaba a si mismo "Hijo del Hombre"?. Entonces óyeme. Mi corazón te presiente, mas no te sientas ofendido por este llanto que la naturaleza reclama del hombre. Contra ti no alzo la voz. Al llorar o invocarte solo quiero liberar mi alma. ¿Librarla?. Nunca; está llena, mas no de tí. Sólo espera y desea a Teresa, pues sólo a través de ella te veo.
Este es, Lorenzo, el delito con el que Dios ha apartado de mi sus ojos; nunca le he adorado como a Teresa. ¡Blasfemia!. ¿Mas cómo puedo equiparar a Dios al ser que con un soplo suyo será huesos y más tarde nada?. Mira al hombre humillado. ¿Debo anteponer a Teresa al mismo Dios?...¡Ah! De ella surge una belleza celestial e inmensa, una belleza omnipotente. Lanzo una mirada sobre el universo, contemplo la eternidad con ojos atónitos: todo es caos. Todo se esfuma y destruye a si mismo. Dios mismo se me hace incomprensible; mas no puedo apartar a Teresa de mi vista.

Fragmento de Ultime lettere di Jacopo Ortiz (1798)

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