25 diciembre 2008

BISUTERIA POP


VILLANCICOS CAÑIS




De esta emperatriz de la copla hemos rescatado este Ep de finales de los años cincuenta (cuyas series concretas se caracterizaron por ofrecernos portadas iguales) por incluir la inmortal En tierra extraña (Suspiros de España), una de las más emocionantes canciones de la diva. La suya fue una interpretación suprema de esa historia de emigrantes de los años treinta que deben pasar la Nochebuena fuera de sus hogares, lejos de sus familias. De impecable lírica y de no menos valía sociológica; a mi, llegadas estas fechas, me pone los pelos de punta oirla por la valenciana.



A pesar de que Lita empezó cantando español, lo suyo fue el pop. Aqui está ella con otro catalán de postín, Jose Guardiola, en un disco dedicado a la Navidad. Y cantando en catalá.



Joya de Lola Flores, de la época de La voz de su amo (luego pasaría por Columbia y Belter). Honrando a su Jerez en unas fechas en las que siempre la casa de Lola estaba llena de gente querida. La gran matriarca. La big mamma gitana.



Extraordinaria siempre doña Juana, aqui con su esposo/bailarín Caracolillo. Ni que decir tiene que estos villancicos dedicados a la Natividad los transformó gracias a su temperamento, pasión y sentido de lo trágico, en una crucifixión total.


Cumbre del kitsch español. Horrible grabación de la familia Valderrama en pleno, delante del árbol de Navidad. Juanita como artista era imposible. Y como niña, repelente. Pero la letra no tiene desperdicio. Y cómo le dan pie sus papis, aún menos. A destacar de esta grotescamente sublime portada, los tocados de las mujeres de la casa (bueno, y el modelazo Vasarely de la April, que si lo ve Marujita se le hacen chiribitas los ojos).


Marisol al comienzo de su carrera. Cuando era desagradable (y flamenquilla) de más.


Miguel de los Reyes, nada menos. El inmortal malagueño es uno de mis copleros (o cancioneros) favoritos de la época dorada. Su apostura, sus trajes, sus ademanes, puro glam. Grabó mucho y siempre a lo grande, apoyándose en su propio ballet. Esta fue su aportación a las fechas navideñas. Despiporre y devoción en un fifty fifty.


Otra vez aparecen las Monjitas del jeep en Bisutería pop. Su inclusión parece hasta obligada, dado el carácter religioso que también tiene este guirigay.


No podía faltar el de Linares en una selección de villancicos cañís. Mucho se ha explotado su interpretación del tamborilero (yo, particularmente, prefiero la recreación de la Dietrich). Asi que siempre que cae el disco en mi gramola, procuro escuchar otros cortes del mismo. Por ejemplo, su encantadora Navidades blancas.



La gran Marieta en este disco promocional de la compañía Philips. Al alimón con Pedro Mari Sanchez (su compañero de Rocío de la Mancha) y desenvolviéndose muy bien con villancicos flamencos. Fue la poppie de su generación más resuelta en esto de los cambios de registros. Pese a estos escarceos, jamás se puso en duda en los sixties su condición ye yé (como en el caso de Marisol, a la que siempre supusimos encontrarse más a gusto con sus bulerías y sus cosas del sur que con lo beat).




Dicen que fue la más grande. Lo decían ya avanzada su carrera, cuando quisieron algunos idiotas que compitiese con la Pantoja (con la que tenía muy poco que ver). Sin embargo, en la época de este disco (año 1964, sus comienzos) ya apuntaba maneras (pese a que la más grande, de aquella, era una retiradísima Piquer).
Gracias a los típicos renuncios del Príncipe Gitano pudo inmortalizar una copla pensada para que la estrenase aquél. Me refiero a la archiconocida Tengo miedo, tal vez la última gran copla de la historia, salida en las postrimerías del género.
Pero de este disco, interesaría antes un pasacalle llamado Rosquillitas y alfajores, de la tríada Ochaíta, Valerio y Solano, que hace referencia a los dulces navideños (que comen los señores).



Se nos pasó en su momento el señor Leblanc en el capítulo dedicado a "los Comediantes". Así que con su inclusión hoy queda subsanado el tema. El autor del conocido Cántame un pasodoble español (que él cedió gentilmente a la cantante melódica Ana María Parra) también sacó sus propios discos. Entre el humor chusco y la seriedad chulesca (o sea, con esa atonalidad insufrible que caracterizó el arte de este señor y que a mi siempre me ha dejado indiferente) nos ofrecía a principios de los sesenta un tema dedicado a los turroneros (y los miedos que pasaban de poder estropeársele la labor en días de lluvia).

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