10 diciembre 2008

Apuntes macisteños

Vamos de mal en peor. De salud, claro. Y eso que el sábado por la mañana me sentí como unas pascuas con un carrito que me llegó del supermercado a tope de productos de primera necesidad pagado por alguien. Menudo misterio. ¿Fuiste tú?. Umm, no sé. Es agradable fantasear. Aunque de un tiempo a esta parte está creciendo en mi la idea de que en verdad soy un pobre de solemnidad. Cosa que me resisto a creer. Porque no hay pobre con internet en el hogar. Desde luego que no soy mileurista. Todo lo más, quinientoseleurista (y divide por dos). Pero eso no te lleva a sentirte vacío de estómago si lo administras bien. Viviendo en la ciudad más barata de España, uno no debería matarse a hacer números (si se tiene una vida sencilla, como tengo yo). Pero afortunado el carrito. A nosotros, que nunca nos tocó nada (al menos a mi), que caigan del cielo litros de aceite y leche, kilos de azúcar y patatas, pastas y sopas, barras de turrones y otras chuminadas es como para que se olviden todos los males. Y de nuevo me ronda en la cabeza quién pudo soltar las pelas en el supermercado.
Quizá Mari, una vecina (bastante estúpida), muy beatona y de mesas pepitorias a la que se encontró mi madre el viernes pasado en la peluquería. Le tomó los datos personales y el número de teléfono. Debió ser ella. Pero es que apenas guardamos una proximidad afectiva con esa mujer. No la hubo jamás.
El caso es que nunca Maciste Betanzos estuvo tan cerca del mundo eclesiástico como de un tiempo a esta parte. Porque por un lado, el fulano de las verduras (el que me regaló productos agrícolas de la finca) me arrastró hasta la sacristía hace diez días para hablar con el cura (conexión Cáritas o algo así). Pero aquel día no estaba. Por otro, mi ligue salvadoreño ahora vive en el obispado (realiza las tareas domésticas y demás) y al haberse previamente deshecho del piso alquilado me llamó para que fuese a recoger docenas de bolsas de sopa (que yo, por supuesto, tiré inmediatamente a un contenedor. ¿Ustedes saben cuánto pesaba aquello?. ¿Guardar para el día de mañana?. Bah).
Así pues, el domingo por la tarde, con el de las verduras, me planté en la iglesia con la intención de agradecerle al párroco las atenciones. Sin embargo el negó estar implicado en tamaño estraperlismo de drugstore. Si no fue él, ni puta idea. Le quise comprar un calendario y no quiso mi dinero. Allá él. No sabe lo que se pierde.

El asunto de la crisis vuelve a los seres que me rodean demasiado solidarios conmigo. Claro que yo también di pié, que estuve llorica el pasado octubre, porque me las vi negras para llegar a fin de mes. Pero eso pasó. Sigo obstinado en que debo recurrir antes al Ministerio de Asuntos Sociales, que lleva mi expediente de la ley de dependencia. Asi que hoy, con las defensas bajo mínimos, con una tos seca que asusta, con un aspecto afligido, cubierto con mi gorrito negro de luto riguroso hasta las cejas y bien abrigado (aunque no pele el frío) me planté en el despachito de la encargada de asuntos perdidos. Una funcionaria ya mayor, a la que le han encomendado la dificil tarea de escuchar las quejas de los crédulos del mercader de ilusiones ZP, de adherirse solidaria al mal de familias con ancianos a punto de..., de disimular su imposible avance en los trámites entrando y saliendo del despacho y metiéndose a su vez en otros cuartos vacíos (donde debe aprovechar para rascarse el pussy), a poner cara de velocidad dejando caer de vez en cuando el boligrafo en signo de apresuramiento. Asi fue conmigo y es de suponer que asi era y será con todas aquellas señoras desempleadas que aguardan el ingreso bancario de quinientos euros (que no existen más que en los bolsillos de los que nos gobiernan, pero multiplicados por X). Lo mío está al caer. Era una respuesta que me esperaba, en tanto que yo no venía a gritar, ni a llorar. Sólo a reclamar de manera febril, hacer acto de presencia a guisa de manchón negruzco en ese guirigay.

Me acabo de tomar un Frenadol, aunque no sé para qué. Porque todo es psicológico, fijo. Un nuevo bajón pegué ayer por la tarde. ¿La razón?. Bien, por la mañana tenía cita con el cirujano. Pensaba que me iban a extirpar ya el bulto de grasa del dedo de la mano. Pero no es tan sencillo esto. Empezando porque no es de grasa ese quiste o tumor. Es un rollo trombótico, como sangre coagulada o asi. Me figuro que no es nada grave. Al menos la operación es una nimiedad. Y el otro no me pidió biopsia. Aunque a lo mejor no tiene capacidad para pedir esas cosas siendo sólo un cirujano. Anestesia local y para casita el día 26 de enero próximo. Pero antes deberé hacerme unos análisis de sangre. Ahí está el quid. Con lo cual, me puse otra vez a pensar en los anteriores análisis que aún me deben, los serológicos. Empiezo a hilvanar teorías locas (o no tanto). Sabía que iba a volver en mis trece catastrofistas. Soy un puto negativo (moral).

Y pensar que el lunes por la tarde fui feliz en casa de Carlos (él si que tiene razones aplastantes para quejarse, diez meses convaleciente en una cama por una úlcera mal curada y en cambio...), preparando una nueva cabecera para el blog, cabecera temporal pues a él no le satisfacía del todo. No era tan mediocre, sin embargo la descarté a las pocas horas, al ver que no respetaba del todo la antigua plantilla, eliminando algunos detalles que consideraba interesantes, incorporando otros que me parecían innecesarios.
El blog o el navegador o no sé que hostias me volvió a dar serios problemas anoche. Y yo ya estaba jodido de aquella. Me acosté tardísimo y a las siete de la mañana estaba harto de cama... No sé. Es mi pequeño caos que me obliga a salir a la calle echo unos zorros, motivando a los viandantes más extrovertidos a lanzarme indirectas que siempre capto al vuelo y me hunden más y más. Ayer un feriante al pasar a su lado, vociferaba muy simpático: Qué cara de amargaos se gastan. Y yo sé por qué es, porque no hacen el amor todos los días. Si lo hicieran estarían como yo de felices. Pero yo hago el amor (o algo aproximado). No todos los días, pues no tengo pareja fija o chulo bajo contrato, pero lo hago. Aunque... muchas veces sería mejor no hacerlo, de verdad.

Por ejemplo, el jueves regresó el scatyolista, tan dichoso se sentía por haberme corrido con los dedos antes de meterme el cipote. Pero ya no fue lo mismo. Segundas partes... Al menos, hay que dejar transcurrir un tiempo mayor antes de reencontrarte con el mismo amante. Y no conseguí eyacular. Y eso que anduvo bien fino conmigo. Antes de marcharse me dejó de recuerdo sus boxers (no los había quitado durante el acto y se le mancharon de vaselina y de mierda, de la suya, porque no me explico: mi culo había quedado bien limpio. ¿Iba a volver al hogar, con su chica -la encargada de la lavadora-y el crío de ambos con ese olor y esa pinta interna?) y yo le dí una caja de Ferreros Rocher, anticipo de navidad, por si no lo veía antes.
En cuanto a lo del domingo por la mañana, otro desastre. Magreo de retrete público con el carnicerín del centro comercial. Siempre pasa los domingos por la mañana. Un tipo bien cariñoso y completo en el amor. Sin embargo es más puta que las gallinas. En pocas horas se puede liar con cinco o seis. No hace distingos. Es un mal cerebral, me imagino. Me parece que la edad que tiene no influye. Yo con veintipocos escogía más. Y, por descontado, si algún tipo me manchaba con su semen me largaba para casa a limpiarme la almeja. El, en cambio, no.
Me ve y se encierra en el báter conmigo. Fenomenal. Morreamos, le bajo el pantalón con avaricia. Le empiezo a palpar sus redonditas y firmes nalgas... Y al llegar al orificio que tanto admiro de los chicos noto una sustancia pegajosa que me obliga a apartar la mano. Se me bajó por completo. Estuve haciendo algo de cuento unos cinco minutillos más y le dije que me iba. No opuso resistencia. Además, al abrir la puerta de nuevo vio que aguardaba en el urinario otra más que probable víctima de su promiscuidad poco higiénica.
Al cabo de unas horas, el de las verduras me informó con todo lujo de detalles de con quien había estado antes de llegar yo. Tremendo panorama. Nunca más, como decíamos por Galicia hace unos años.
Creo que tengo que transformarme en los próximos días en un monje cartujo, con licencia para empalmarse. Me refiero a que deberé guardar abstinencia sexual hasta que me confirme o desmienta la doctora de cabecera los resultados serológicos. Pero reflexionando a la vez en lo que ha sido mi alocada vida en los últimos cinco o seis años. Y eso implicaría dos cosas bien distintas: empalmarme de nuevo y volver a sacar la lengua como una perra caliente o acojonarme con la guadaña (y su dueño) que pende sobre mí en vísperas de la Nochebuena. Desde luego, un invitado bastante imprevisto en mi belén particular de este año.

P.D.: El cartero me acaba de traer el nuevo disco de Las Escarlatinas directamente llegado de Casa Siesta. Incluido el haiku tradicional de la encantadora Sara. ¿Me aliviará, al menos durante unos minutos, su escucha?. ¿Será calmante, un bálsamo?. La respuesta en el próximo Escala en Hi Fi.

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