03 noviembre 2008

POST 1.600: CALENDAR BOY


EL CHICO DE NOVIEMBRE


BRENT CORRIGAN


Este twink de Idaho es una de las máximas estrellas del gay porn en lo que llevamos de nuevo siglo. Es todo un mito, precedido de una leyenda (como en los mejores tiempos) en torno a la ilegalidad y el DNI. Una leyenda que se va ampliando al poco tiempo con el asesinato de su ex amante.


Tan delicado como parece y en cambio su infancia no fue una fantasía Disney. Pertenecía a una familia desestructurada. Con quince años y cansado de aguantar a su padrastro, huye a la gran ciudad donde conocerá a un señor maduro que ejercerá sobre él la faceta de protector. Viendo lo maravilloso que es el crío en la cama, el avispado bujarrón contacta con el propietario de Cobra Video, el veintiochoañero Bryan Kocis, y le invita a que a través de una webcam instalada en la alcoba de ambos, presencie cómo duerme Brent, sin éste enterarse de nada.



El especialista en efebos caucásicos, queda alucinado con el durmiente en pelotas y lo requiere para una prueba. Arrastrado por las circunstancias, Brent acude junto a su protector a los estudios de Kocis. Y firma un sustancioso contrato. Realiza cuatro de las mejores cintas pornográficas de su vida. Conoce a uno de sus más impactantes partenaires, el también juvenil pero más atlético Brent Everett y se deja penetrar sin condón en lo que parecía ser el resurgir de la inolvidable era pre Sida del porno USA.


Incluyendo una de las proezas sexuales más insólitas de este comienzo de siglo, una suerte de post-cum shot (o propinilla tras el clásico money shot) consistente en la expulsión, al final del acto, del semen que Corrigan y demás pasivos habían almacenado durante unos segundos en sus mágicos anos. Todo un placer para voyeurs, los mismos que durante la década anterior tuvimos que soportar toda la mojigatería, el miedo al contagio, la monotonía de unos coitos tan calculados como profilácticos. Era como si el sexo entre adolescentes (sin voluntad ni capacidad de procrear) y a los que se supone amigos desde el instituto tuviese patente de corso para una penetración a pelo (sus cortos años darían por hecho la "salud de torillos" de estos mancebos. Imposible un virus ahí. Acabarían de vacunarse en la enfermería de UCLA).


Brent era hace cuatro años, por tanto, un lujo de bottom. Su cuerpo esbelto, sin vello alguno (desmentía en su sólo para Casting Couch 4 y ante un enamoradísimo y preguntón Kocis que emplease la depilación), su increible dotación delantera (que a veces utilizaba también para taladrar a algún compañero dadivoso) y, cómo no, esa carita llena de glamour que tanto se ha promocionado desde su web personal (y somatizable de estrellas mainstream del estilo de Brad Renfro por ejemplo), fueron sus valores principales. Luego estaba ese carisma de niño demasiado maduro. Sus expresiones son de vampiresita cuando es pasivo (jamás afeminado, siempre femenino). Cuando es activo, sabe poner mohines de cabroncín. Su pasión no le hace perder las formas. Su elegancia nunca resulta fría. Sus orgasmos nunca ausentes.


Los años en Cobra son los mejores para un aficionado a la belleza adolescente masculina. En Every Poolboy's dream (2004) ya gozaba de tres secuencias memorables: la primera con una parejita pasiva con la que jugaba a dildos en un sofá; la segunda, en un trío de lo más receptivo; y en la tercera, probando con otro chorbo su capacidad para lo versátil. Schoolboy crush (2004) era incluso mejor. Existía un mínimo argumento: estudiantes que comparten piso y su día a día (en el baño, viendo pelis porno...). Corrigan desea a Everett. Everett se resiste (salvo en sueños). La química (tan física) de ambos abría el apetito a cualquiera. Y en Bareboned twinks (2004) cumplió con todas las expectativas que se le presuponían al ojito derecho del mandamás de la productora. De todas formas, las cosas se torcieron de repente, cuando la Policia entró a saco en la investigación sobre pornografía infantil que se cocía allí. Corrigan al parecer no era mayor de edad. Había falsificado el carnet. Tal vez, Kocis ni le preguntó por ello, dados sus gustos menoreros. El caso es que el asunto llegó a los tribunales.


Se retiraron de la circulación todas las cintas protagonizadas por el muchacho. Lo que hizo que las mismas cotizasen muy alto en el mercado negro. Corrigan, por lo tanto, ya tenía suficientes elementos a su favor para convertirse en una verdadera estrella del porno (la nueva Tracy Lords, si me apuran). Y como aquella, con miras a un cine comercial, fuera de los ámbitos restringidos del X rated.


Tras Cobra, llegaron ofertas de la incombustible Falcon. Pero en el ínterin la noticia del asesinato brutal de Bryan Kocis (veintiocho puñaladas y posterior incendio de su casa para eliminar huellas), volvieron a traer a colación en los juzgados al chaval. Tuvo que declarar, sobre él también caían ciertas sospechas (pasaba en un pis pas de ser la nueva Tracy Lords a la nueva Claudine Longet, ¿se imaginan?). No en vano, el individuo en su momento lo chantajeó en cuanto que si no accedía a sus peticiones sexuales, sus relaciones económicas se romperían. Nada pudo acusar al final a Brent del homicidio, recayendo la culpabilidad en dos productores de una casa rival. El actor a estas alturas todavía tiene demasiadas dudas de quién pudo ser el responsable de aquello.


Con veintidos años recién cumplidos el pasado 31 de octubre, Corrigan se encara (y encula) a otra etapa intensa en su carrera meteórica. Aceptando ser follado para amateurs potentes como Active Duty, en video clips de amigos o en cortos de terror. Pese a que tiene un futuro prometedor, mi Corrigan favorito se ha congelado en aquellas cuatro cintas de la discordia. Cuando era (suponemos) menor y sobre sus carnes entraron falos libres de molestas gomas. Cuando su ano admitía glotón cantidades de espesa crema que al ser expulsada (siempre de forma refinada, nunca con ventosidades impropias de un jóven dios) se transformaban en auténtico yogur griego. De un Danone.


Matthew Rush y Brent: dos superestrellas acostumbradas al lujo prueban las delicias de lo amateur

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