11 noviembre 2008

PIMPOLLOS DE LA HISTORIETA ESPAÑOLA

EL INSPECTOR DAN de Eugenio Giner

Los mejores años del Inspector Dan son los de los comienzos (mediados de los cuarenta). Giner cruza la serie negra con el terror. No se amilana en sus usurpaciones del cine de la Universal más clásico, el de los años treinta (a veces copiando con descaro planos aparecidos en fotografías de prensa de La momia o La novia de Frankenstein) y ambientándolo todo en un Londres (y a veces un Egipto dueño de mil arcanos) lúgubre, nocturnal, lleno de misterios de subsuelo. Momias, monstruos sobrenaturales, el propio Satán conviviendo con insania en unas tramas policíacas cercanas a Hammett y The Spirit pero con reminiscencias fascinantes de Browning o Whale. El pesimismo norteamericano de los años cuarenta y sus neurosis colectivas se introducía asi en una redacción barcelonesa, de manera inapropiada: justo en las páginas de la publicación Pulgarcito, para avivar las pesadillas de toda una generación de infantes ya adictos a Fu Manchú y Frankenstein (aunque este último ya fuese un Frankenstein a la deriva total y en formato cromo).
A partir de 1955, el inspector Dan y su ¡nseparable Stella (siempre en traje sastre) caminarían por senderos menos tortuosos, macabros y neoexpresionistas a causa de la promulgación de las Normas para la Ordenación de las Publicaciones Infantiles, que no sólo dieron al traste el revulsivo de un Dan sino a todo el Pulgarcito, a los Antifaces y FBIs y demás genialidades del humor cáustico de la Bruguera.











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