20 noviembre 2008

Escala en HI FI. Por Cordelia Flyte

BETH ROWLEY y Little Dreamer (2008)

La peruana afincada en Inglaterra Beth Rowley ha debutado este año con un disco pulcro, austero, elegante. Con los pros y los contras de una producción que se acerca con descaro al mainstream. Es decir, con una producción tan correcta como poco arriesgada. Es lo que le suelen pasar a este tipo de discos. Lo que les suele pasar a los de Jamie Cullum, crooner indirectamente relacionado con ella, pues ambos han compartido al mismo saxofonista: Ben Castle (hijo del mítico Roy). El carácter comercial por la cara que se gasta Rowley provendría de sus estrechos contactos con figuras del estilo de Crowded House, Duke Special, Ronan Keating o el mismísimo Enrique Iglesias (con estos dos últimos en calidad de corista en sus respectivas tourneés). Ese sonido que no molesta, característico de muchos de los discos de los Carpenters, por ejemplo. Y como Karen, rebosante de una prodigiosa voz que enamora indefectiblemente.
Mi búsqueda sin denuedo de acariciadoras cantantes femeninas ha fructificado este año en ejemplos excelsos como los de la Rowley. ¿Otra de las candidatas a suceder a las angélicas Tracey Thorn y Alison Statton?. Es posible. Al menos, Rowley denota como las anteriores una soberbia maestría vocal, típica de una aventajada estudiante de canto. Además, su afición por las escuelas eclesiásticas se nota muy bien en varios cortes del disco de marcada referencia gospel (Beautiful tomorrow), aunque se atilden con aromas country (When the rains came). Esa querencia negroide impregna un cincuenta por ciento del disco. De todas maneras, adolece de una dualidad estilística algo incómoda. Entonces surge la dicotomía. ¿Rowley bluesera blanca o poppie nostálgica?.




I'd rather go blind


No sabemos cómo se encontrará mejor. Nos limitamos a saborearla triste y circunspecta (incluso solemne) en dolientes canciones como Nobody's fault but mine, Only Once Cloud y Almost persuaded; pero también nos entusiasma sentirla alegre, pletórica y ligera en I shall be released, You never called me tonight o en su estupendo primer single Oh my life (estos últimos recreando la atmósfera de los grupos de chicas o, simplemente, de las chicas solistas en la década prodigiosa). Curiosamente está siendo esta segunda faceta la que con razón los mandamases de su casa de discos han decidido explotar a la hora de lanzar los sencillos extraidos de este debut prometedor.
Con veintisiete años y un montón de contactos profesionales, tiene todo el futuro por delante. Su intervencion en bandas sonoras muy escogidas nos lo hacen creer. Pero es, sobre todo, y a título personal, en dos de las piezas aún no mentadas de este Little dreamer donde más presentimos una perpetuidad artística. Por un lado, su duo con el cantautor de Belfast Duke Special en la deliciosa Angel flying too close to the ground y, por descontado, en la íntima, nacida clásica, imperecedera para mi So sublime, una de mis canciones de cabecera desde hace unos meses y, sin lugar a dudas, una de las mejores canciones internacionales de este 2008 que pronto se nos irá.




Nobody's fault but mine


* La casa de Beth

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