06 noviembre 2008

ESCALA EN HI FI. Por Cordelia Flyte

STEFIE SHOCK Y LE DECOR (2003)

Mi desconocimiento de la existencia de este magnífico artista hasta este sábado (tras la escucha de El hexágono de Radio 3) es imperdonable. Yo tan francófona y sin embargo ignorante de las excelencias de este artista multireferencial y super creativo. Stefie no es francés sino canadiense y comenzó su carrera discográfica a finales de los años noventa, una edad relativamente razonable (casi treinta años). Sin embargo, su afición por la música le viene de bien pequeñito, a través de sus escarceos naifs con esas primeras guitarras que regalan los papás a los chavales con una cierta melomanía precoz. En cambio, a Stefie le gustaba más la bateria. A los 19 años abandona sus estudios de artista gráfico y se vuelca en la composición de canciones. Milita en algún grupo de rock pero ante los gustos eclécticos del chico deciden echarlo.
A principios de los noventa prueba suerte en la faceta de disc jockey en un local de Montreal. Allí conoce la noche y sus gentes. Entre ellas Alain Dupuis que terminará llevándole su carrerón en solitario (agente y productor). En 1999 graba su primer disco Presque rien. Será un trabajo éste que ya lo pondrá en el importante mapa de la actualidad, sólo que desde el restringido marco de la música independiente. Su gran aldabonazo se producirá en 2003 con la salida de su segundo trabajo, Le decor. Alucinante amalgama de tendencias y estilos, con un perfecto acabado sonoro. Me han sorprendido gratísimamente sus juegos de palabras, sus letras misteriosas, su música de irresistible complejidad rítmica. Bebe de Gainsbourg y sus lolitas como de los sonidos del rock, el funk, la disco music, la chanson, lo latino y hasta lo antillano. Y en estos dos últimos estilos, recuperando la gran clase de un Henri Salvador, más cercano al maestro que a la "pachanga buenrollista" de un Manu Chao. Su voz es además irresistible, parecida a la de un Biolay pero mucho mejor modulada y "oíble". En ese toque de elegancia y enigma que estos dos artistas comparten, ya puedo afirmar con rotundidad que prefiero a Stefie Shock (Biolay me tiende a amuermar con sus monocordes tonadas y sus orquestaciones suntuosas. Es repetitivo, en el peor sentido de la palabra).
Del disco me alucinan la que le da título y, por supuesto, Un homme á la mer (con toques antillanos y de rock), L'amour dans le desert (con una parte final latinizante que bailas sin rechistar y, lo más importante, sin azorarte), Il, elle (y su suave electrónica), Tout le monde est triste (su primer single, y con toda la razón del mundo. A ratos parece que Les Rita Mitsouko volvieran a juntarse), Les averses (la más Gainsbourg, y un poquito Air, con ese acompañamiento vocal de fémina tan característico). Y los dos últimos cortes que irían entre la genialidad y la sorpresa bien recibida: Le mile high club (tributo a la pista de baile) y Le pied dansant (ni más ni menos que el Guaglione de Renato Carosone cantado en su idioma).
Tras la escucha compulsiva de Le décor prometo no perderme ningún disco de este joven de la quinta de Maciste. Luego vendrían su homenaje a Joe Dassin y su tercer trabajo Les vendredis (2007).


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