14 noviembre 2008

El consultorio perverso de Maricón Martinez

Bueeeeno, ya estoy aqui. Lo he logrado. Misión cumplida. Si es que Maciste es un solete. Y esta mañana, cuando pasó por mi casa y vio la cantidad de cartas de mis fans que me escribían en prisión dándome apoyo y consultándome cosas de sexo, en seguida aceptó mi propuesta.
Si, una novedad en el blog. Mi consultorio sexológico. Bueno, yo prefiero llamarlo perverso, porque aqui uno está abierto a múltiples historias de los lectores. No sólo... ¡sexo, ala!, a lo bruto... No. La palabra perverso es más amplia. Tanto como las filias de cada cual. Vais a descubrir una nueva faceta de Maricón Martinez. Más seria, como de catedrático. Tiempo al tiempo.
Pues ya sabéis. Escribidme a mi correo electrónico. Que no es otro que: Mari.com Martinez@Mongo.es

Como hizo mi amiga Teresa, desde Cáceres. Esto es lo que pone en su carta:

"Soy una mujer, jóven todavía y viuda desde hace cinco años. Mi marido tenía una verga bastante desarrollada (28 cm. de largo y unos 15 de circunferencia). Al principio sufrí bastante en mis noches amorosas pero luego disfruté de lo lindo. Después de su muerte, que me llenó de desconsuelo, tuve algunos contactos con otros hombres que no han satisfecho mis anhelos sexuales por lo que tuve que recurrir a mi autosatisfacción, echando mano de los más diversos artilugios. Como vivo en una granja, un día estaba excitadísima por la lectura de una novela picante, completamente desnuda, me fijé en el órgano genital de un caballito que tenemos, que me hizo recordar a mi marido. Me acerqué a él, le saludé, estuve manoseando su hermoso colgante, restregándolo contra mi sexo hasta conseguir un orgasmo que me dejó extenuada. Esta operación ha tenido continuidad pero, y este es el motivo de mi carta, la última vez observé que mi vagina se llenó de un líquido parecido al semen y tengo miedo que pudiera tener desagradables consecuencias para mí. ¿Puedo quedar embarazada?. ¿Es peligroso seguir con mis relaciones, llamémosle... equinas?.

Respuesta
A la bestialidad se suele llegar por distintos caminos o circunstancias. Entre los más frecuentes están la abstinencia sexual forzosa (por soledad o aislamiento), el temor al sexo opuesto, la rara atracción que muchos humanos experimentan por los abrigos de pieles (sobre todo las mujeres, por las de ocelote, zorro, visón y astracán), la timidez o el deseo de "nuevas sensaciones", etcétera.
El embarcado que copula con la perra de a bordo, la viuda septuagenaria que se deja lamer por su gato de Angora, el pastor que "se entiende" con sus cabras u ovejas, la pueblerina rematadamente fea, a la que los muchachos ni se acercan, que masturba al caballo de la granja (no eres tu, hablo de la del otro pueblo), el recluta que se "enamora" de una vaca, etc. son gentes que actúan muy consecuentemente: a falta de pan, buenas son tortas (aunque a veces las tortas son mejores que el pan...). Acuden al "ersatz"; toman un nescafé, porque no tienen donde hallar café.
Igual podríamos decir -y decimos- de quienes, sin distinción de sexo, se sienten incapaces de relacionarse con otros humanos. Por timidez o por temor al fracaso. Algunos se derivan a la homosexualidad, otros ni tan siquiera de dar este paso se ven capaces y recurren sistemáticamente a la masturbación o la bestialidad (o el mironismo, frotismo, exhibicionismo, etcétera) como único recurso para aliviar sus tensiones sexuales. Es explicable, aunque-en sibilina expresión- "menos deseable".
Y es menos deseable, porque la sexualidad humana debe lógicamente ejercerse con humanos, y mejor aún con individuos del opuesto (no del "contrario") sexo. Y, en segundo lugar, porque se corre el peligro de la fijación exclusiva, que haga a la larga imposible la obtención del placer sexual fuera de las acostumbradas relaciones zoofílicas.
A las experiencias episódicas no les damos ninguna importancia, como no se la damos a la utilización esporádica de consoladores y similares. Pero sí debemos poner en guardia a nuestros consultantes del peligro que entraña la sistemática sustitución del "normal objeto erótico" por otro que evidentemente no lo es.
Lo triste, lo "desviado", lo antinatural es convertir la bestialidad (no el bestialismo, que pretende indicar lo mismo pero es un pésimo e inaceptable neologismo) en una necesidad, en una "manía", como apunta el doctor Siebecke, que hace que las relaciones sexuales normales lleguen a ser deseables y -lo que es peor- a veces ni tan siquiera posibles.
Un saludo, Teresa.



Escribidme a mi correo electrónico. O, si preferís, a la sección de comments de cada post.

6 comentarios:

maciste II dijo...

Pues como que no me ha gustado mucho esta respuesta en su estreno,señor Martinez. Lo del perro, mejor amigo del hombre y tal hubiera estado mejor.

gilda love dijo...

Maricón, estás majareto perdido. ¿De dónde has copiado toda esa sarta de mamarrachadas?

maricón martinez dijo...

De "El libro de la sexualidad" de López Ibor (año 1968). Porque el sexo también puede estudiarse a traves del tiempo.

maciste II dijo...

JA JA JA JA JA JA

Carmelita A y Carmelita B dijo...

¿Y nosotras podemos escribir al consultorio?

maricón martinez dijo...

No. Sólo es para personas NO afiliadas a la seguridad social. Además ustedes ya han dialogado lo que han querido en este blog,exponiendo suficientemente sus múltiples taras. Ale.